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EN SU diario, Mircea Eliade refiere la historia que le contó un joven francés escapado del campo de concentración de Buchenwald. Ese joven le dijo que los nazis metían en la estufa de desinfección a los prisioneros que tenían piojos, por lo que los piojosos no trabajaban en todo el día. Como un día sin trabajar era una bendición, pronto surgió un mercado negro de piojos que los prisioneros compraban a un marco cada uno. Los compradores, luego, hacían todo lo posible por que se notara que tenían piojos, claro, para que los nazis les dieran ese “día libre” en la estufa de desinfección.