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AQUELLA OBSERVACIÓN que leí en los ensayos de Montaigne, la de que la demasiada lectura de libros hace más difícil la relación con los demás, es una de las más atinadas que he leído nunca, porque un libro, si es un buen libro, te habla de forma muy superior a como puede hablarte una persona, a como pueden hablarte cien personas juntas, y te vuelve cada vez más impaciente ante nuestra cháchara y nuestra infinita mediocridad. ¡Qué máquina más lamentable es el cerebro humano cuando funciona en directo, cuántos merodeos para llegar a ninguna parte, cuánto spam!