EN ESE mismo artículo, Larra atribuye la fuerza literaria de Francia a su fuerza política, militar y científica:
Y después de estas reflexiones, ¿querremos violentar las leyes de la naturaleza y pedir escritores a la España? Hay una armonía en las cosas del mundo que no consiente el desnivel; cuando en política tenga Talleyranes o Periers, cuando en armas tenga Soults, cuando en su Cámara tenga Thiers, cuando en ciencias tenga Aragos, entonces tendrá en literatura Chateaubrianes y Balzacs.
Esto no lo veo yo tan claro. La antigua Esparta fue una potencia política y militar del nivel de Atenas que apenas dio escritores; la misma URSS fue una potencia política, militar y científica que supuso una regresión en la literatura; y tampoco la Francia napoleónica dio escritores de gran tamaño, salvo Chateaubriand, que además era un anti. Perú o Chile, en cambio, dos países que a lo largo del siglo XX sufrieron penurias políticas, dieron a su vez dos de las mejores poesías en español del siglo; igual que una de las zonas más pobres de España, Andalucía, viene dando una cantidad insólita de buenos poetas. Los escritores no surgen de acuerdo a una fórmula matemática, porque el elemento individual es en ellos el decisivo, el que hace que muchas veces puedan desarrollarse incluso en las peores condiciones (el caso de Larra), pero lo que favorece ese desarrollo es que la literatura disfrute en el lugar donde viven de la consideración máxima; lo crucial es que nazcan en un lugar donde no sean perseguidos los seres extravagantes y la figura del escritor sea prestigiosa, de forma que muchos niños, en lugar de soñar con ser de mayores Messi o Beyoncé, sueñen con ser Quevedo o Pizarnik.