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SOBRE EL concepto de la ortografía en Juan Ramón Jiménez, él mismo la explicó de esta manera:
SE me pide que escriba algo en Universidad sobre mis ideas ortográficas; o, mejor dicho, se me pide que explique por qué escribo yo con jota las palabras en ge, gi; por qué suprimo las b, las p, etc., en palabras como oscuro, setiembre, etc.; por qué uso s en vez de x en palabras como escelentísimo, etc.
Primero, por amor a la sencillez, a la simplificación en este caso, por odio a lo inútil. Luego, porque creo que se debe escribir como se habla y no hablar, en ningún caso, como se escribe. Después, por antipatía a lo pedante. ¿Qué necesidad hay de poner una diéresis en la u para escribir vergüenza? Nadie dice excelentísimo ni séptima, ni transatlántico, ni obstáculo, etc. Antiguamente la esclamación "Oh" se escribía sin "h", como yo la escribo hoy, y hombre también. ¿Y para qué necesita hombre una h; ni otra hembra? ¿Le añade algo esa h a la mujer o al hombre? Además, en Andalucía la jota se refuerza mucho y yo soy andaluz.
Pero, aparte de estas sensateces, cuando yo era niño, en los fines del siglo XIX, un grupo de escritores distinguidos promovieron esta costumbre de simplificación ortográfica. El diccionario que yo usé siempre y sigo usando es el Diccionario Enciclopédico de la Lengua Española, con todas las voces, frases y locuciones usadas en España y las Américas españolas, en el lenguaje común antiguo y moderno; las de ciencias, artes y oficios; las notables de historia, biografía y todas las particularidades de las provincias españolas y americanas, por una sociedad de personas especiales en letras, las ciencias y las artes. [...] En él están escritas, como yo las escribo, todas las palabras que yo escribo como en él están escritas. Este diccionario era de uno de mis abuelos y en él encuentro siempre todo lo que no encuentro en ningún otro diccionario enciclopédico. Siempre ha viajado conmigo y lo uso como libro de cabecera. Yo leí a Fígaro por primera vez en una preciosa edición que aún poseo, impresa en París con esta misma ortografía que yo uso. Un tío mío, hombre de gran cultura y viajero incansable, y quien me legó una parte de su famosa biblioteca, escribía así y me pidió que yo lo hiciera; y como me gustaba, lo hice. De modo que, como me acostumbré a escribir así desde niño, me pareció absurdo escribir de otra manera. Mi jota es más hijiénica que la blanducha g, y yo me llamo Juan Jiménez y Jiménez viene de Eximenes, en donde la x se ha transformado en jota para mayor abundamiento. En fin, escribo así porque soy muy testarudo, porque me divierte ir contra la Academia y para que los críticos se molesten conmigo. Espero, pues, que mis inquisidores habrán quedado convencidos, después de leerme, con mi esplicación y, además, de que para mí el capricho es lo más importante de nuestra vida. Emerson había escrito fancy en la puerta de su cuarto de abajo.