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Y CUANDO hablo de “grandes genios del pasado”, me refiero a los genios de verdad, que son muchos menos de los que nos aseguran los hinchadores de globos de la patria. A mí solo tres escritores nacidos en España me han hecho sentirme aplastado, con la sensación de hallarme ante monstruos: Miguel de Cervantes, Lope de Vega y Francisco de Quevedo. Los otros que nos venden como genios, los albertitos, los azorines, los barojitas, los orteguitas, los galdositos, los guillencitos, no me parece que se merezcan el prefijo in- que tantas veces se les adjudica (insuperables, imprescindibles, incomparables…): más bien me parecen escritores excelentes que, como decía aquel, “incluso cuando vuelan, se les nota que tienen patas”.