ALAN WATTS cuenta en sus memorias lo difícil que le fue adaptarse a su nueva profesión, la de sacerdote anglicano, para un espíritu bohemio como él:
Escogí el sacerdocio porque, en ese tiempo, era el único papel formal de la sociedad occidental al que podía siquiera comenzar a adaptarme, careciendo de cualificaciones para ser calderero, sastre, soldado, marino, médico, abogado, mercader o jefe. Pero resultaba un traje incómodo no solo para un chamán, sino también para un bohemio, es decir, alguien que ama el color y la exuberancia, vive a horas irregulares, prefiere ser libre antes que rico, le disgusta trabajar para un patrón y tiene su propio código de moral sexual. Y este tipo de vida solo es posible para los artistas, artesanos y autores independientes y con éxito.