CÓMO CAMBIA la lectura de los textos clásicos dependiendo de la coyuntura. No sé cuántas veces me habré leído este famoso poema de Lope de Vega, "A mis soledades voy"; pero solo hoy, con el asedio de la pandemia y el cambio climático, le he encontrado un sentido crudo y profético a los versos que subrayo, además de un poco de esperanza, porque Lope escribió este poema en 1632 y el mundo no se ha roto en los 389 años siguientes:
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"Sólo sé que no sé nada",
dijo un filósofo, haciendo
la cuenta con su humildad,
adonde lo más es menos.
No me precio de entendido,
de desdichado me precio,
que los que no son dichosos
¿cómo pueden ser discretos?
No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.
Señales son del juicio
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más,
otros por carta de menos.
Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;
tal la pusieron los hombres,
que desde entonces no ha vuelto.
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