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EN UNA ocasión, Baudelaire entró en casa de Du Camp con el cabello teñido de verde, pero empezaron a transcurrir los minutos y Du Camp no le decía nada:

–Oye, ¿tú no me notas nada raro?
–No, la verdad.
–¿No te has fijado en mi cabeza?
–No, ¿qué le pasa a tu cabeza?
–Llevo el pelo verde.
–Ah, bueno, como todo el mundo. Está de moda en París.

El pobre Baudelaire se despidió de Du Camp, furioso por no haber conseguido epatarle, y le dijo a un amigo que se encontró en la escalera: "No subas, Du Camp está de un humor de perros”.