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CON MUCHO bochorno me leo esta entrevista a Federico García Lorca, la última que dio en su vida:
LLUÍS BAGARÍA I BOU: Querido Lorca: te voy a preguntar por las dos cosas que creo tienen más valor en España: el canto gitano y el toreo. Al canto gitano, el único defecto que le encuentro es que en sus versos solo se acuerda de la madre; y al padre, que lo parta un rayo. Y eso me parece una injusticia. Bromas aparte, creo que este canto es el gran valor de nuestra tierra.
FEDERICO GARCÍA LORCA: Muy poca gente conoce el canto gitano, porque lo que se da frecuentemente en los tablados es el llamado flamenco, que es una degeneración de aquél. No cabe en este diálogo decir nada, porque sería demasiado extenso y poco periodístico. En cuanto a lo que tú dices, con gracia de que los gitanos solo se acuerdan de su madre, tienes cierta razón, ya que ellos viven un régimen de matriarcado, y los padres no son tales padres, sino que son siempre y viven como hijos de sus madres. De todos modos, hay en la poesía popular gitana admirables poemas dedicados al sentimiento paternal; pero son los menos.

El otro gran tema porque me preguntas, el toreo, es probablemente la riqueza poética y vital mayor de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que los toros es la fiesta más culta que hay hoy en el mundo. Es el drama puro, en el cual el español derrama sus mejores lágrimas y su mejor bilis. Es el único sitio adonde se va con la seguridad de ver la muerte rodeada de la más deslumbradora belleza. ¿Qué sería de la primavera española, de nuestra sangre y de nuestra lengua si dejaran de sonar los clarines dramáticos de la corrida? Por temperamento y por gusto poético soy un profundo admirador de Belmonte.
Toda la entrevista es del mismo color, aunque le he conseguido arrancar una frase para mi blog contra el nosotrismo, porque resulta que hasta a los mayores esencialistas, si les pones frente a la racionalidad, te hacen algún guiño universal. Precisamente hoy estaba leyendo las conversaciones de Kafka; solo en el rato en que he leído, el escritor checo hablaba de Gorki, Kierkegaard, Schopenhauer, el Bhagavadgita y hasta de los cuentos populares africanos de Frobenius. Al punto he pensado: qué diferencia, por favor. No es que a Kakfa no le interesara su terruño; al contrario, su vida y su obra están traspasadas de judaísmo y en ese mismo libro se proclama sionista, pero la diferencia estriba en que a Kafka, además de lo judío y la cultura en alemán, le interesaba también la cultura de los demás, y a Lorca no. Creo que García Montero sacó un libro reivindicando las lecturas de Lorca, pero a mí me sirven de poco si no le crearon más poso que para reincidir erre que erre en lo raigal.

Alguno pensará: ¿y qué importan las declaraciones que haya hecho, Vanessa, si era un gran poeta? El problema es que yo no veo al gran poeta por ninguna parte (como mucho un buen poeta menor) precisamente por lo mismo: en su obra sucede como en sus entrevistas, que Lorca es incapaz de levantar la cabeza y mirar al horizonte, porque era un tipo al que solo le interesaba el folclore y las supersticiones asociadas a él. Incluso cuando viaja a Nueva York, el libro que saca es el propio de un católico cerril, recién salido de una sociedad Amiguetes Club, que se indigna ante la libertad, riqueza e individualismo que se encuentra en una sociedad abierta protestante. La respiración entera de la obra lorquiana es reducidísima, procede de una versión tóxica y trasnochada de lo andaluz (trasnochada hasta en su época, porque cuando estrenaron La casa de Bernarda Alba en Buenos Aires, en el momento en que Bernarda grita celebrante "¡Mi hija ha muerto virgen!", el público rompió a reír, cómo no te vas a reír), y como pensador poético es inexistente: todo lo que encuentro válido de sus poemas se reduce a un oído sumamente musical y a una manera casi siempre acertada de mezclar las palabras.

Cuando llegué a Madrid pensaba, no sé por qué, que Gabriel Aresti era un poeta mucho más étnico que García Lorca, pero qué va: son tal para cual. El uno el poeta nacional de Euskadi; el otro el poeta nacional de España. A los dos les reconozco el talento del olfato: los dos olieron cómo era el público al que se dirigían y le dieron lo que deseaba.

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CONTAMOS CON la opinión del estado, que solo desea fortificar el rebaño y siempre favorece a los autores folclóricos, aquellos que cantan a la tierra y “sienten” la camiseta, y contamos con la opinión de los escritores, que a veces consiguen superar el contexto y juzgan atendiendo a los valores literarios. Si dejamos que el estado fije el canon, naturalmente que Gabriel Aresti será siempre el poeta nacional de Euskadi y Federico García Lorca el de España, como Tu Fu será el de China o Whitman el de Estados Unidos. Si en cambio el canon lo fijaran los escritores o aun los lectores, antes de ser adoctrinados con la roña nosotrista en las escuelas...

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LOS HAY que murieron luchando contra las vanguardias. Tengo un libro titulado Las mil mejores poesías de la lengua castellana, probablemente la antología más famosa o al menos con más pedigree que existe en lengua española, pues lleva 99 ediciones desde 1928, cuyo compilador es Juan Bautista Bergua, que era un hombre negado para comprender toda innovación. En el prólogo a su crestomatía habla primero de su divertida discordancia con Juan Ramón Jiménez:
Cuando publicamos la primera edición de estas "Mil mejores poesías", insertamos en ella unas cuantas que, en efecto, creímos que no podían faltar de Juan Ramón Jiménez. Pues bien, a poco, una tarde se presentó en nuestra librería y en modo alguno contento me dijo que por qué habíamos insertado las poesías que habíamos puesto. Que eran muy malas. Que lamentaba incluso haberlas escrito. Que si rehacíamos la edición él nos indicaría las que debíamos poner. Y, en fin, que estaba recogiendo, y era verdad, cuantos ejemplares encontraba de sus primeros libros para destruirlos, pues poesía, verdadera poesía, era tan solo lo que entonces hacía. Y, en efecto, así ocurrió; en la segunda edición, para complacerle, tuvimos que poner las que él quiso. Cuando ya no pudo regañarme por haber ido al Parnaso, volví a las andadas. Y en las ediciones posteriores figuran seis poesías de las malas para él y buenas para mí, y dos de las malas para mí y buenas para él.
Tiene razón Juan Ramón Jiménez: su única poesía respetable es la que empieza con Diario de un poeta recién casado. A Bergua le gustaban más los poemas insufribles de su época modernista, ¡ya hay que tener valor! Pero ojo que Bergua dice a continuación una más gorda: sostiene que el poema Nueva York (Oficina y denuncia) y supongo que todos los poemas de Poeta en Nueva York... ¡Lorca los escribió en broma, para reírse de las extravagancias de las vanguardias! Dice así, atención porque es imposible leer sin aguantar la risa:
Por entonces fue cuando uno de los grandes poetas que había en España, Federico García Lorca, adivinando que la poesía se encaminaba por derroteros de extravagancia, escribió para burlarse, sin decirlo, y tal vez a modo de disimulada alarma, esa composición admirable como propósito y perfecta en cuanto a su total insensatez buscada, a la que puso por título New York. Pero, claro, no fue escuchado, pues la poesía se resbalaba por la pendiente de la decadencia, por la que caían de cabeza todas las manifestaciones del arte; pendiente donde era muy difícil detenerse, tanto más cuanto que al final de la cómoda caída estaba la gloria y el dinero. Ejemplo admirable (y que naturalmente fue admirada sin comprender su verdadera intención) esta poesía de García Lorca, y prueba evidente de cómo un hombre de talento es capaz de burlarse de lo que solo burlas merece.

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ESTA ES la carta que Salvador Dalí envió en septiembre de 1928 a Federico García Lorca para comentarle su opinión sobre el "Romancero gitano". Subrayo una de las frases del pintor porque se convirtió en faro neorrabioso y me atrevo a adivinar que también le sirvió a Lorca para escribir Poeta en Nueva York. Es conocido que a Lorca le encantó esta carta y que se la leyó a todos sus amigos de la Residencia de Estudiantes a grandes carcajadas, porque también él estaba muy harto de ser conocido como el poeta de los gitanos y quería probar nuevos caminos. En la transcripción respeto las habituales faltas ortográficas de Dalí:
Querido Federico:
He leido con calma tu libro del que no puedo estarme de comentar algunas cosas. Naturalmente me es imposible coincidir en nada a la opinión de los grandes puercos putrefactos que lo han comentado. Andrenio, ect ect pero creo que mis opiniones que cada dia van concretandose en torno de la poesia pueden interesarte algo.

I Me parece lo mejor del libro lo ultimo, martirio de Santa Olalla, pedazos de incesto -Rumor de rosa encerrada- estas cosas pierden ya buena parte de costumbrismo, son mucho menos anecdotico que los demas ect. Lo peor me parece lo de aquel senyor que se la llevo al rio. La gracia producto de un estado de espiritu vasado en la apreciacion deformada sentimentalmente por el anacronismo. Lo de las enaguas del santito en su alcoba (San Gabriel) me es hoy en que toda produccion solo admito la rabia en el crearla, una especie de inmoralidad -eso es lo que a sido empleado por los Franceses por el -sprit- Frances, asqueroso i inatmisible -Cocteau- ect i del que todos hemos estado.contagiados.

II Tu poesia actual cae de lleno dentro de lo tradicional, en ella advierto la substancia poetica mas gorda que ha existido: pero! ligada en absoluto a las normas de la poesia antigua, incapaz de emocionarnos ya ni de satisfacer nuestros deseos actuales -Tu poesia esta ligada de piez y brazos [al arte] a la poesia vieja -Tu quizas creeras atrevidas ciertas imagenes, pero yo puedo decirte que tu poesia se mueve dentro de la ilustracion de los lugares comunes mas estereotipados i mas conformistas -[o gran Federico Tu] Precisamente estoy convencido que el esfuerzo oy en poesia solo tiene sentido con la evasion de las ideas que nuestra inteligencia a ido forjando artificialmente, asta dotar a estas de su exacto sentido real.

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DECLARA CÉSAR Aira sobre Sarmiento en una entrevista de 2008:
Hay una cosa en Sarmiento que no me gusta, y es que era un hombre que no leía, era de esos políticos que eligen su tema para entrar en la vida pública, en su caso la educación, el saber, pero paradójicamente él no leía, no dejó una biblioteca. En sus voluminosas cartas, nada menos que 25.000 páginas –si se las publicara completas ocuparían kilómetros de estanterías–, cuenta de todo, hasta el movimiento de sus intestinos, sueños, estornudos, todo lo que le pasaba, pero en esas decenas de miles de páginas no hay una sola mención a un libro. Nunca tuvo un libro en sus manos ni el gusto de hablar de la lectura: se las arreglaba con la lectura de periódicos, de revistas. Y escribió tanto que se ha calculado, haciendo unas sencillas operaciones de multiplicación y división, que redactó unas 70 páginas por día de promedio. ¿Cómo iba a tener tiempo para leer libros?
Esto no lo entiendo. Yo tampoco tolero mucho a los que no leen, porque en el 99% de los casos escriben cosas pésimas, pero cesa mi intolerancia si las escriben buenas, como en el caso de Sarmiento. Existen ingenios legos que han escrito obras maestras, aunque no sé hasta qué punto vale esta definición, porque hasta a Shakespeare y Cervantes se les ha acusado de ser ingenios legos. El propio Aira reconoce en la misma entrevista que Sarmiento escribió cosas buenas y que en el Facundo se pueden leer escenas fantásticas, por lo que, entonces, ¿qué problema hay? Por otra parte, que Sarmiento no hable de libros en sus cartas, acusación que también he escuchado contra Lorca, es otro punto que no entiendo: ¿es que los autores tienen que vivir en escritor las 24 horas del día y hablar de libros hasta en las cartas a mamá?


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¿RECORDÁIS AQUELLO que dije el otro día de que los poetas no eran bueyes supertrabajadores, como sostenía Renard sobre los grandes escritores en general? Veamos lo que dice Rafael Alberti, en sus conversaciones con Velloso, sobre Federico García Lorca:
Federico dejó una obra que pudo haber sido muy extensa. Federico pudo haber hecho más. Yo tengo la convicción de que Federico perdió mucho tiempo. Federico tiraba el tiempo. Prácticamente, en Madrid no hacía nada, y estaba allí la mayor parte del año. Federico, como sabes, vivía en la Residencia y entonces tocaba el piano, cantaba, gritaba, inventaba cosas como los anaglifos, como los putrefactos, como Anfistora; se pasaba el día inventando cosas muy divertidas, pero rodeado de gente, a veces gente absurda, tanto, que no se podía estar con él, porque estaba con una gran cantidad de estúpidos, como llevan los toreros, una cantidad de gente imposible. “Pero Federico, cuando te quites esa gente, vendré a verte por si se puede hablar contigo”. Se moría de risa y seguía con una serie de tipos que nadie sabía quiénes eran, y decía: “Este es un genio, mira primo –porque a mí me llamaba primo–, aquí he descubierto un poeta formidable”. Y era un amigo suyo, de los que estaban en candelero. Y era mentira, era él quien escribía los poemas, los inventaba, y decía: “¡Qué gran poeta! Mira, tú, éste y yo somos los tres poetas más grandes del mundo”. Y cosas así, realmente estupendas, como ya no ha vuelto a haber, palabra, porque tenía mucha vitalidad y le sobraba el temperamento poético de una manera colosal. Verdaderamente, como ya no se ve. Era un poco el poeta a caballo como te he dicho antes. Ahora sólo son poetas en caballos de palo. Era un ser excepcional. Le había tocado ser así, con todos sus defectos. Por eso creo que Federico perdió una de tiempo loco, porque sólo iba dos o tres meses escasos al año a Granada y se metía en Fuentevaqueros o donde sea o en ese pueblo donde había nacido que se llama Asquerosa, que todos sabíamos que se llamaba Asquerosa. “Se llama así”. Decía: “No señor, no se llama Asquerosa. Es un nombre griego. Se llama Arquerosa, que viene de “arqueros”. “Es mentira. Se llama Asquerosa y tú eres un asqueroso”.


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Y SI ya se demoraba en hacer su obra, ¡como para sacarse una carrera! Fijaos en lo que dice Pepín Bello, en sus conversaciones con David Castillo y Marc Sardá, acerca de cómo le regalaron a Lorca la carrera de derecho:
PREGUNTA: ¿Federico solo se interesaba por la poesía o el teatro?
PEPÍN BELLO: Federico, como les he dicho, vino con la carrera de Derecho terminada, pero no había estudiado ni un minuto en su vida. Era incapaz de estudiar algo que ni le interesara. Como no fuera una poesía o una obra de teatro, no había nada que hacer. ¡Oh, pobre Federico, era un ser inteligentísimo, pero el Derecho no le interesaba nada, absolutamente nada!

PREGUNTA: ¿Cómo fue capaz de licenciarse?
PEPÍN BELLO: Él aprobó la carrera gracias a la intervención milagrosa de un profesor oscense, Agustín Viñuales, catedrático de la asignatura de Economía y Hacienda y que luego fue ministro con la República, que estaba impartiendo clases en Granada. Federico ya desde pequeñito tenía muy claro que quería ser escritor, pero su padre, que era un hombre un poco rústico de la vega de Granada, muy inteligente y rico, se plantó y le dijo: “Mira, Federico. Ni vas a Madrid ni te pago un libro que escribas, como no te saques un título académico. Te quedas en Granada para toda la vida.” Federico se asustó tanto ante la severidad de su padre, que el pobre tuvo que matricularse en Derecho. Cuando llegó a la universidad conoció a Agustin Viñuales, que luego resultó ser casualmente amigo de infancia de mi madre. Viñuales era una persona con una gran cultura que se había formado en Alemania y en Asturias, era de una potencia descomunal.

PREGUNTA: ¿Cómo consiguió Federico convencerlo?
PEPÍN BELLO: Federico se entrevistó con él durante un par de días y le explicó su caso, y en la tesitura en la que se encontraba. Viñuales se empapó bien de Federico, era listo y penetrante, y no se le ocurrió otra cosa que reunir en el claustro a todos los profesores para hablar del caso de Federico.  

PREGUNTA: ¿Y qué hizo?
PEPÍN BELLO: Se dio cuenta de lo que pasaba. ¡Y cómo lo acertó! Les dijo: “Señores, he conocido a un alumno que se ha matriculado en esta universidad que es absolutamente excepcional. Lo he conocido y sé lo que lleva ese muchacho dentro. Para mí ya está aprobado, y les ruego a todos ustedes que hagan lo mismo.” Todos aceptaron, excepto un par de profesores que lo veían un poco injusto. Viñuales les recriminó a estos dos profesores: “Miren, las excepciones se hacen para las personas excepcionales. Mi convencimiento sincero es éste.” Al final le aprobaron todos. Consiguió el título de abogado sin haber cogido un libro de Derecho en su vida. Cuando nosotros le conocimos nunca hablaba de este tema. Ni contaba tampoco el trato de favoritismo que le dispensaron sus profesores. Nunca decía que era abogado. No tenía ni idea sobre Derecho.

PREGUNTA: ¡Esto hoy en día ya no pasa!
PEPÍN BELLO: ¡Porque desgraciadamente ya no hay Agustines Viñuales, ni Federicos!


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EXISTEN MUCHOS testimonios que hablan de la “maldad” de Neruda (el de Juan Larrea, por ejemplo, el de Vicente Huidobro, el de Bergamín, el de Pablo de Rokha, el de Nicanor Parra, el de Gonzalo Rojas), pero es muy revelador que solo hablen mal quienes decidieron competir con él y perdieron, naturalmente, porque Neruda es el poeta en español más grande desde Quevedo. Después de leer a los lovers y a los haters, y sin pensar para nada que fuera un santo (véase al respecto el capítulo negrísimo sobre su violación de una mujer tamil en Colombo), una concluye o quiere concluir como nerudiana que es, pues considero al chileno como uno de los hijos naturales de Victor Hugo, que Neruda era un hombre generoso que ayudó siempre que pudo a sus compañeros. ¿Que ayudó más a los que le hacían la rueda que a los que no se la hacían? Hombre, como todos. No hay más que recordar lo orgulloso que se sentía por el triunfo de Lorca en Buenos Aires (“el mayor apogeo de un poeta de nuestra raza”, dijo entonces); su predilección por Miguel Hernández, a quien se ofreció para encontrarle un trabajo, o el tacto con el que trató a Borges, del que llegó a decir: “Nuestra América española nunca ha tenido un escritor tan importante como Borges; los periodistas quieren enfrentarme a él porque tiene ideas políticas de dinosaurio, pero yo jamás lo voy a hacer”. Y qué decir de García Márquez: el apoyo que recibió de Neruda desde el minuto uno le causó tan honda impresión que, nada más morir el poeta en 1973, el colombiano escribió:
Una vez Neruda me llamó a Barcelona. "Tienes que venir con tu mujer a cenar mañana conmigo a París." Yo protestaba: "Pablo, tú sabes que a París no viajo en avión, yo no voy sino en tren". Entonces le oí una voz tierna que ponía, las ganas de llorar, y le dije: está bien. "Vámonos", le avisé a mi mujer. "A Pablo le dio el berrinche y hay que comer con él mañana en París." Cuando bajábamos del avión supe la noticia: le habían concedido el premio Nobel, y lo primero que hizo fue decirle a los periodistas: "El que merecía ese premio es Gabriel García Márquez". ¡Entonces comprendí por qué tenía tanto interés en que cenáramos con él!
A la cena del premio, en su casa, solo asistimos David Alfaro Siqueiros y su mujer, Jorge Edwards, el pintor chileno Eduardo Mata, Régis Debray, el fotógrafo Henri Cartier-Bressons, mi mujer y yo. Estaba también el delegado de la Academia Sueca que había ido a comunicarle el premio. Pabló lo jodió toda la noche con que me dieran a mí el Nobel el año entrante. El pobre sueco decía: "Sí, monsieur Neruda, ya veremos...".

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DESCUBRO EN el Curso de Filosofía Popular de Michel Onfray que a Spinoza le gustaba mucho hacer algo que por desgracia también me gustaba a mí: solía cazar moscas para arrojarlas a las telarañas y luego se desternillaba de la risa cuando las arañas las devoraban. Yo dejé de cometer esas crueldades cuando me vine a Madrid, pero no se me oculta que treinta años de mosquicidios han arruinado mi karma para varios siglos. Lorca, Poeta en Nueva York: "El diminuto banquete de la araña basta para romper el equilibrio de todo el cielo".


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LA IMANTACIÓN de Lorca la comprendo, porque yo mismo la disfruté de adolescente y hasta me compré su obra completa en la edición de García-Posada: su influencia clamorosa se puede rastrear entre mis propios engendros. Oído musical aparte (uno de los mejores del idioma), el truco de Lorca es mezclar alta literatura con lo más populachero, es como mezclar a Huidobro con Gabriel y Galán. Lorca es capaz de empezar un poema así: 
No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
Y luego, cuando lo va terminando, dice:
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
O sea, ¡cambia el registro y se pone a escribir como un redactor del Marca! De cosas así Lorca está lleno. Tú te lees "Las elegías de Duino" rilkeanas con 18 años y no pillas ni media palabra; pero te lees "Poeta en Nueva York" y te enteras de todo, aunque el lenguaje parezca surrealista, porque Lorca siempre te deja lugares figurativos en los que apoyarte. Reconozco que su escritura tiene "encanto" o "ángel" o "duende", como decía él, pero también sostengo que todos los escritores de la literatura universal de los que se dice que tienen "encanto" (Stevenson, Cortázar, Lichtenberg, Hesse, Renard, Pizarnik, Monterroso, Saint-Exupéry, Gómez de la Serna, Prévert, Bukowski...), siendo excelentes, no son escritores mayores, de esos que juegan todos los años en la Champions League, sino autores donde existe una mezcla entre lo culto y lo naïf, lo adulto y lo infantil, lo sólido y lo gaseoso. De los grandes transatlánticos de la literatura (Homero, Dante, Shakespeare, Cervantes, Dostoyevski...) nadie dice que tienen "duende" sino algo mucho más poderoso: son escritores que te cogen de los pelos y te arrastran de principio a fin del libro. ¡Duendecitos a Balzac, Whitman, Borges, Hugo, Nietzsche, Proust, Tolstói o Plutarco!


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DE LO que sucede cada vez que aparecen la palabra patria y su hermana la mentira es buen ejemplo el caso de Plácido Domingo. Que a ver cómo se puede tratar así a la proa cultural de la nación, te dicen. Que cómo podemos arrastrar así a quien ha llevado el nombre de España por todo el mundo. Esta exigencia de que mintamos, ocultemos u olvidemos los aspectos no favorables de las leyendas de la patria no es nuevo. Es la que mantuvo en silencio la corrupción de la monarquía durante décadas. Es la que calla el dopaje masivo de los "años de oro" del deporte español. Es la que motivó al periodista José María García a no publicar una exclusiva referente a uno de los deportistas más célebres de España:
—No la publiqué ni la voy a publicar jamás porque los españoles van a sufrir mucho si conocen esa verdad sobre un deportista al que admiran tanto.
Es la que motivó a la revista Cuadernos Hispanoamericanos, según testimonio de Edwin Williamson, a aplazar en 1976 un número especial dedicado a Borges, quien acababa de realizar las siguientes manifestaciones a la revista Cambio16:
A García Lorca lo vi una vez en mi vida pero nunca me interesó él ni su poesía. Me parecía un poeta menor. Bueno, un poeta pintoresco, una especie de andaluz profesional. Supongo que en España lo habrán olvidado. Las condiciones en que murió fueron muy favorables para él. A un poeta le conviene morir así. Ojalá yo muriera ejecutado. Además eso le permitió a Antonio Machado –que era mejor poeta que él– escribir un espléndido poema.
Estas que pronunció sobre Lorca no fueron las mayores barbaridades o boutades de mal gusto que dijo Borges en las entrevistas, comparadas por ejemplo con otras, como que añoraba los tiempos donde se podía tener esclavos, o que lo peor que habían hecho los estadounidenses era dar educación a los negros, o que no le gustaba Brasil porque estaba lleno de negros, o que el dictador Videla y sus compinches asesinos eran "unos caballeros", o que el hecho de que los judíos sean perseguidos en todos los lugares y épocas es una razón objetiva contra ellos. ¿Por qué Borges podía decir barbaridades sobre cualquier cosa pero sobre Lorca no? Pues porque Lorca ya no es solo un poeta, sino que se ha convertido en Lorca+España y por tanto ya está blindado, es intocable: desde el momento en que lo elevaron a patrimonio nacional ya dispone de millones de borregos con la pandereta en la mano dispuestos a defenderle sin haberse leído ni una sola de sus páginas. Y esto no va referido solo a España sino a todas las Españas. Ya dijo en una ocasión Bioy Casares:
La celosa idolatría, que vela por que nadie objete nada contra algunas figuras (Shakespeare, Cervantes, San Martín), a lo largo del tiempo se fortifica incesantemente. Pope pudo objetar casi candorosamente a Shakespeare; Johnson, con pocas precauciones; hoy habría que ir contra viento y marea. Desde luego que más peligroso debe de ser atacar, dentro de España, a Cervantes, aunque no tanto como, en nuestra mansa Argentina, permitirse una duda sobre San Martín.


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LO QUE dijo Borges sobre Lorca lo catalogo de “barbaridad” porque, aparte de la mala baba y la envidia tiña, sus declaraciones son en esencia falsas, porque Lorca murió asesinado cuando seguía elevando las bardas de su calidad literaria: lo último que salió de su minerva fueron los Sonetos del amor oscuro y La casa de Bernarda Alba, dos de sus mejores obras. Puedo entender que, si mueres de forma violenta a unas edades como la de Sócrates (70 años), la de Cicerón (64 años) o la de Séneca (61), haya quien sostenga que estos autores ya poco tenían que decir y que esa muerte se convirtió en una espléndida plataforma para subir su cotización en la posteridad. Pero con Lorca ocurre lo contrario, señor Borges: a Lorca no le vino bien morir a los 38 años, ni por razones vitales obvias ni tampoco literarias, porque su obra nunca dejó de crecer y anunciaba una muy superior, nunca sabremos de qué altura, quizá al nivel del club de los gigantes, entre los que figura por cierto usted. Si a usted lo hubieran fusilado a los 38 años, antes de escribir Ficciones El Aleph, sus dos grandes obras maestras, ¿no cree que su gloria literaria habría sufrido una gran merma?

Lo que sí admito es que la obra de Lorca, tal como quedó a su muerte y a pesar de que es notable, no está a la altura de la fama que ha concertado, pero son dos debates distintos. ¿Le favoreció literariamente el fusilamiento a Lorca? No. ¿Ayudó esa muerte trágica a que su fama creciera por encima de los méritos que hasta entonces se había ganado? Sí. Recordemos que en las numerosas clasificaciones de los cien mejores autores o libros de la historia, que salen de forma periódica en todo el mundo, Lorca es el único autor español que a veces acompaña a Cervantes en las listas. Y Lorca es bueno, pero... ¿mejor que Lope o Quevedo? ¡Vamos, hombre!

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PERO ES que además... ¡Borges en las entrevistas es un troll, no hay que hacer siempre caso del Borges de las entrevistas, donde se contradice de continuo y juega a ingenioso pero no pasa de ser un sub-Wilde! En su libro magno “Borges”, Bioy Casares rescata cientos de opiniones de su amigo sobre los más diversos escritores, y una de las sorpresas del libro es que Borges, en la intimidad, criticaba a Lorca también… ¡pero lo respetaba! En una entrada dice que Lorca es mejor que Neruda; y en otra dice esto, el subrayado es mío:
Miércoles, 11 de noviembre [de 1959]. Come en casa Borges. Hablamos sobre poesía española contemporanea: Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Alberti, etcétera. BORGES: “Es una poesía alusiva. Rehúyen el argumento y el tema. Les pasa como a Betina Edelberg: a fuerza de escrúpulos quedan en un rinconcito último; sus méritos son negativos. Menos mal que escriben poemas breves. Esos poemas, que no hay por dónde agarrarlos, si fueran largos serían intolerables. El poeta desmonta en cualquier momento y concluye porque sí. Son ante todo arbitrarios. Leyendo a estos uno ve que Lorca no era tan malo. Todos los elementos de Lorca están ahí; los impedimenta de Lorca; pero no su encanto ni su fuerza poética. Ni siquiera Gerardo Diego inventó su espuma. Mira que publicar un libro titulado Manual de espumas. Pero como además de poeta es un hábil político, al año publicó Versos humanos. ¡Qué imbécil! A Gerardo Diego o a Alberti no se les ocurre nada, no tienen ángel… Estos poetastros no admirarán a Quevedo ni a Fray Luis; o tal vez los admirarán sólo porque son españoles. La completa libertad que se permiten los obliga a algo, pero no parecen sentir el peso de esa obligación”.


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AL ESTADO le gustan mucho los poetas muertos. Pero le gustan más unos que otros. Los que más le gustan son los que estuvieron más cerca del sentido colectivo/uniformado de la existencia, por eso acude tanto a Lorca, a Machado, a Alberti, a Hernández… y mucho menos a quienes no se dejaron utilizar: cada vez que aparece un poeta raro, al que no le interesa la realidad circundante (Góngora) o va decididamente contra ella (Cernuda), el estado no sabe qué hacer.


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EN LAS obras completas de Lorca se suele olvidar un texto maravilloso, el que pronunció "al alimón" con Neruda en Buenos Aires, en 1933, en homenaje a Rubén Darío. El texto apareció publicado en las memorias de Neruda y me suelo dar el placer de leerlo al menos una vez al año, preguntándome quién influyó a quién a la hora de escribirlo, pues siento que es demasiado redondo y doy por descontado que no lo improvisaron:

NERUDA: Señoras...
LORCA: ...y señores: Existe en la fiesta de los toros una suerte llamada "toreo del alimón", en que dos toreros hurtan su cuerpo al toro cogidos de la misma capa.
NERUDA: Federico y yo, amarrados por un alambre eléctrico, vamos a parear y a responder esta recepción muy decisiva.
LORCA: Es costumbre en estas reuniones que los poetas muestren su palabra viva, plata o madera, y saluden con su voz propia a sus compañeros y amigos.
NERUDA: Pero nosotros vamos a establecer entre vosotros un muerto, un comensal viudo, oscuro en las tinieblas de una muerte más grande que otras muertes, viudo de la vida, de quien fuera en su hora marido deslumbrante, nos vamos a esconder bajo su sombra ardiendo, vamos a repetir su nombre hasta que su poder salte del olvido.
LORCA: Nosotros vamos, después de enviar nuestro abrazo con ternura de pingüino al delicado poeta Amado Villar, vamos a lanzar un gran nombre sobre el mantel, en la seguridad de que se han de romper las copas, han de saltar los tenedores, buscando el ojo que ellos ansían, y un golpe de mar ha de manchar los manteles. Nosotros vamos a nombrar al poeta de América y de España: Rubén...
NERUDA: Darío. Porque, señoras...
LORCA: y señores...
NERUDA: ¿Dónde está, en Buenos Aires, la plaza de Rubén Darío?
LORCA: ¿Dónde está la estatua de Rubén Darío?
NERUDA: Él amaba los parques. ¿Dónde está el parque Rubén Darío?
LORCA: ¿Dónde está la tienda de rosas de Rubén Darío?
NERUDA: ¿Dónde está el manzano y las manzanas de Rubén Darío? LORCA: ¿Dónde está la mano cortada de Rubén Darío?
NERUDA: ¿Dónde está el aceite, la resina, el cisne de Rubén Darío?
LORCA: Rubén Darío duerme en su "Nicaragua natal" bajo su espantoso león de marmolina, como esos leones que los ricos ponen en los portales de sus casas.
NERUDA: Un león de botica al fundador de leones, un león sin estrellas a quien dedicaba estrellas.
LORCA: Dio el rumor de la selva con un adjetivo, y como fray Luis de Granada, jefe de idiomas, hizo signos estelares con el limón, y la pata de ciervo, y los moluscos llenos de terror e infinito: nos puso al mar con fragatas y sombras en las niñas de nuestros ojos y construyó un enorme paseo de gin sobre la tarde más gris que ha tenido el cielo, y saludó de tú a tú el ábrego oscuro, todo pecho, como un poeta romántico, y puso la mano sobre el capitel corintio con una duda irónica y triste de todas las épocas.
NERUDA: Merece su nombre rojo recordarlo en sus direcciones esenciales con sus terribles dolores del corazón, su incertidumbre incandescente, su descenso a los espirales del infierno, su subida a los castillos de la fama, sus atributos de poeta grande, desde entonces y para siempre e imprescindible.
LORCA: Como poeta español enseñó en España a los viejos maestros y a los niños, con un sentido de universalidad y de generosidad que hace falta en los poetas actuales. Enseñó a Valle-Inclán y a Juan Ramón Jiménez, y a los hermanos Machado, y su voz fue agua y salitre, en el surco del venerable idioma. Desde Rodrigo Caro a los Argensolas o don Juan Arguijo no había tenido el español fiestas de palabras, choques de consonantes, luces y forma como en Rubén Darío. Desde el paisaje de Velázquez y la hoguera de Goya y desde la melancolía de Quevedo al culto color manzana de las payesas mallorquinas, Darío paseó la tierra de España como su propia tierra.
NERUDA: Lo trajo a Chile, una marea, el mar caliente del Norte, y lo dejó allí el mar, abandonado en costa dura y dentada, y el océano lo golpeaba con espumas y campanas, y el viento negro de Valparaíso lo llenaba de sal sonora. Hagamos esta noche su estatua con el aire atravesada por el humo y la voz y por las circunstancias, y por la vida, como ésta su poética magnífica, atravesada por sueños y sonidos.
LORCA: Pero sobre esta estatua de aire yo quiero poner su sangre como un ramo de coral agitado por la marea, sus nervios idénticos a la fotografía de un grupo de rayos, su cabeza de Minotauro, donde la nieve gongorina es pintada por un vuelo de colibríes, sus ojos vagos y ausentes de millonario de lágrimas, y también sus defectos. Las estanterías comidas ya por los jaramagos, donde suenan vacíos de flauta, las botellas de coñac de su dramática embriaguez, y su mal gusto encantador, y sus ripios descarados que llenan de humanidad la muchedumbre de sus versos. Fuera de normas, formas y espuelas queda en pie la fecunda sustancia de su gran poesía.
NERUDA: Federico García Lorca, español, y yo, chileno, declinamos la responsabilidad de esta noche de camaradas, hacia esa gran sombra que cantó más altamente que nosotros, y saludó con voz inusitada a la tierra argentina que posamos.
LORCA: Pablo Neruda, chileno, y yo, español, coincidimos en el idioma y en el gran poeta nicaragüense, argentino, chileno y español, Rubén Darío.
NERUDA y LORCA: Por cuyo homenaje y gloria levantamos nuestro vaso.

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EL ESTADO necesita la literatura para que te identifiques con él. Para que sepas a qué redil perteneces. Y para que te identifiques, no le sirve tanto La Celestina como Luces de bohemia, no le sirve tanto la prosa del Lazarillo como la de Galdós, no tanto las coplas de Manrique como los versos de Miguel Hernández, porque las obras antiguas están escritas en un español antiguo, a veces dificultoso, firmadas a menudo por autores que hoy serían considerados como misóginos, islamófobos o antisemitas, autores que se movían en un ambiente hiperreligioso, muy distinto al actual, y daban mucha importancia a cuestiones como el honor, la limpieza de sangre, la nobleza de nacimiento o la divinidad del Rey. Han conseguido salvar a Cervantes para la modernidad gracias a toneladas de propaganda y gracias a que Cervantes era un raro espíritu tolerante, pero lo habitual es justo lo contrario: cuanto más contemporánea es una obra, más cercana la siente el lector. ¿Que Alberti, un poeta menor, nos viene mejor que Quevedo, un gigante, para que el ciudadano interiorice LO NUESTRO? ¿Que Lorca, un autor folclórico, nos viene mejor que Lope de Vega, un monstruo incomparable, para poner a la población en filas? Pues bienvenidos sean los autores pirenaicos del siglo XIX y XX antes que los himalayas del siglo XVI y XVII: así funciona la literatura desde que la traicionaron y la pusieron al servicio de la nación.

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Y CONSTE que de la Generación del 27 me he leído, de los ocho llamados grandes (Lorca, Alberti, Cernuda, Salinas, Guillén, Gerardo Diego, Aleixandre, Dámaso Alonso), la obra poética enterita. Enterita. Y hoy me arrepiento, porque siendo poetas notables existen otros mucho mejores, y lo que más les reprocho es que, salvo excepciones (Poeta en Nueva YorkHijos de la ira, algunos poemas sueltos de Cernuda...), sales de sus libros igual que has entrado, son autores que parece que escribieran adrede poemas que no arden y libros que no muerden. ¡Cuántas veces me he preguntado, si no los impusieran en las escuelas como genios insuperados, qué sería de este grupo de poetas intocables!