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EL ROMANTICISMO es para mí la principal corriente de todos los tiempos, pero distingo el romanticismo rosa del negro, que tiende a verse como antirromanticismo pero que en mi opinión es otra forma del mismo. Cuando Jesucristo dice que hay que poner la otra mejilla, está haciendo romanticismo rosa; pero cuando Breton dice que el mayor acto surrealista es salir a la calle y disparar a alguien, hace romanticismo negro. Cuando en las películas de Hollywood todo acaba bien al unísono, se está haciendo romanticismo rosa; pero cuando La Rochefoucauld no encuentra más motivo en los actos de los hombres que la vanidad, está haciendo romanticismo negro. Cuando San Francisco se pone a hablar con el lobo de Gubbio, está haciendo romanticismo rosa; pero cuando Baudelaire escribe Las flores del mal, está haciendo romanticismo negro.

¿Para escribir hay que sufrir padecimientos y tener el cuarto lleno de cucarachas, como dice Bukowski? Romanticismo negro. ¿Para ser feliz basta con trabajar y creer en la providencia de Dios, como dice Helen Keller? Romanticismo rosa. ¿La filosofía consiste en encontrar verdades brutales e inmorales, como dice Nietzsche? Romanticismo negro. ¿Con la sola educación y racionalidad se llegará a un mundo sin clases ni poderes, como dicen los anarquistas? Romanticismo rosa. ¿La única manera de aprender algo es mediante el sufrimiento, como dice Cioran? Romanticismo negro. ¿Los pobres, solo por el hecho de ser pobres, son buenas personas? Romanticismo rosa.

Hay que tener mucho cuidado con los que practican tanto el romanticismo rosa como el negro, porque son personas que buscan el efecto fácil que causa el exageracionismo. Por suerte, a partir del libro número mil te empiezas a cansar de todos estos histerias, lo mismo santos que satanes, optimistas que pesimistas, bondadosos que feroces, porque se les empieza a ver de lejos que están componiendo posturas, que son incapaces de ser naturales, y te empiezas a refugiar en escritores que no tratan de forzar las cosas, tipo Polibio, Goethe, Tocqueville, Camus...

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CUANDO NERVAL proclama que es hijo de Napoleón; o Huidobro presume de haberle robado el teléfono a Hitler; o Baudelaire afirma que solo tiene sexo con jorobadas, o Rimbaud encuentra placer en ir por las tertulias de poetas diciendo que Verlaine le está rompiendo el culo, o Plath se inventa que tiene cáncer, se hallan en el mismo lugar de completa desrrealidad en el que he entrado yo. Sócrates tardó 70 años en cansarse de la vida, pero un poeta se cansa mucho antes.

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...HASTA A las malas traducciones les debemos a veces agradecimiento. Harold Bloom acusa a Baudelaire, Mallarmé y Valéry de leer a Poe en malas traducciones francesas y “encontrar en él cosas que no existen”: ¿y qué importancia tiene, si encontraron algo distinto? También es famoso que en el capricho número 43 de Goya, el titulado “El sueño de la razón produce monstruos”, el propio pintor dejó un comentario manuscrito, donde matizaba que se refería al daño que puede hacer la fantasía cuando la razón está dormida, pero como los ingleses tradujeron la frase como “The dream of reason produces monsters» en lugar de “The sleep of reason produces monsters”, se ha convertido a Goya en un adelantado denunciador de los gulags o los campos de concentración. Y recuerdo, por reunir una tríada de ejemplos, que hace unos quince años, al asistir a una conferencia de Ricardo Piglia en La Casa Encendida, este autor nos dijo que Roberto Arlt se había convertido en luminaria de la literatura argentina gracias a que se había atiborrado a leer malas traducciones, pues no tenía dinero para comprarse las buenas. Al llegar el turno de preguntas, le pedí que ahondara en esa paradoja y me dijo:

—Gracias a la lectura de esas malas traducciones, Arlt comenzó a escribir mal, esto es, comenzó a romper la sintaxis, a hacer mal los párrafos... hasta que llegó a hacerlos bien, claro, pero gracias a ese punto de partida consiguió una prosa totalmente singular que rompió con la tradicional, por ejemplo la de Mallea.

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SARTRE SE encogía de hombros cuando le reprochaban la cantidad de fama y dinero que acumulaba “mientras Baudelaire era anónimo”, pero la crítica estaba mal hecha, porque mientras Baudelaire era anónimo, Victor Hugo resplandecía, y mientras Sartre dominaba, Cioran seguía esperando su momento. En todas las épocas existen Lopes de Vega que se ganan desde el principio el favor del público, otros que tardan un poco más, y la mayoría que no llega nunca...

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EN UNA ocasión, Baudelaire entró en casa de Du Camp con el cabello teñido de verde, pero empezaron a transcurrir los minutos y Du Camp no le decía nada:

–Oye, ¿tú no me notas nada raro?
–No, la verdad.
–¿No te has fijado en mi cabeza?
–No, ¿qué le pasa a tu cabeza?
–Llevo el pelo verde.
–Ah, bueno, como todo el mundo. Está de moda en París.

El pobre Baudelaire se despidió de Du Camp, furioso por no haber conseguido epatarle, y le dijo a un amigo que se encontró en la escalera: "No subas, Du Camp está de un humor de perros”.

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NOS GUSTA hablar del genio y del mediocre como dos criaturas que se excluyen, como si Mozart fuera siempre Mozart y Salieri nunca consiguiera despegar de Salieri, pero bastaría con darse cuenta de que el mismo autor que escribió Macbeth escribió también la prescindible La vida y la muerte del rey Juan; el mismo que escribió el Quijote escribió también el pesado Viaje del Parnaso; el mismo que escribió Residencia en la tierra escribió también el incalificable Invitación al Nixonicidio, para concluir que el escritor frutece a veces espléndido y otras muy limitado, con Mozart y Salieri conviviendo a la vez en cada uno de ellos, incluso en los más grandes, y que ser “sublime sin interrupción” es solo una boutade con la que Baudelaire quiso formular un deseo imposible. Belinski a Ánnekov: “¿Has leído el relato La dueña, de Dostoyevski? ¡Un disparate espantoso! ¡Y nosotros que pensábamos que era un genio! ¡Cómo pudimos dejarnos embaucar!”.


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DICE SABATO hablando de Sainte-Beuve que el crítico también necesita ser creador:
Feo, desafortunado con las mujeres, traidor a sus mejores amigos, desprovisto de talento creativo, Sainte-Beuve creyó que su destino estaba en la crítica. Pero también allí se necesita capacidad creadora, genial intuición. Resultado: desconoció a tres de los más grandes escritores de todos los tiempos: Balzac, Stendhal y Baudelaire.


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LA LEY Mordaza o similares son funestas porque el escritor no necesita solo libertad sino sobrelibertad: el escritor es un tipo que llega a los límites y se complace jugando con ellos, es alguien que conserva su primate fresco y necesita dar un puñetazo en la mesa de vez en cuando para afirmar su existencia y explorar nuevas vías de expresión. Desde Byron, desde Baudelaire, el escritor incorpora la barbaridad diogenesca a su tarea creativa (pienso en Wilde, en Schopenhauer, en Nietzsche, en Rimbaud, en Breton, en Artaud, en Papini, en Cioran, en Mishima, en Bukowski, por decir algunos casos estruendosos), por lo que salirle al paso con leyes coercitivas es cargarse algunas de las páginas o boutades más sabrosas de la escritura moderna. La barbaridad no sale gratis, ojo: cuando Nietzsche dice “Dios ha muerto”; cuando Unamuno dice “Que inventen ellos”; cuando Sontag dice “La raza blanca es el cáncer de la humanidad”, sus palabras pensadas como flechas se convierten en boomerangs que regresan cargadas de rechazo hacia sus autores, pero ese debe ser el único castigo si no queremos que se empobrezca el campo de la expresión o el pensamiento; si no queremos limitar a los escritores dentro de un sentido común que no es más que el catecismo rebañiego del momento. Esta sobrelibertad de expresión no la pido solo para los escritores sino para todos, naturalmente, pero incido en los escritores porque son los que más la necesitan. Es propio del escritor que de tanto conducir con las palabras empiece a gustarse y a hacer motocross con ellas, por lo que no se puede pedir que vaya despacio a un tipo que necesita derrapar.


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VEO UN documental sobre Borges donde Alejandro Vaccaro dice: “Borges es el lector más importante de la historia de la humanidad”. No estoy de acuerdo. Que leyera mucho no significa que leyera bien. En la lectura sucede como en la alimentación: desde el principio existen niños que “comen de todo” y existen otros que enseguida empiezan a rechazar algunas comidas. Entiendo que el mejor lector es aquel que “come de todo”, esto es, el que cuenta con antenas para comprender y disfrutar obras de todos los pesos y texturas. Borges no era ese tipo de lector. Un escritor como él, que rechazaba la literatura rusa al completo, la literatura surrealista al completo, que denigraba obras como Madame Bovary, Guerra y paz, Ulises Cien años de soledad, que dejaba de leer en el momento en que leía la palabra “mierda” o cualquier tipo de escatología, no digamos ya las obras eróticas o pornográficas; un lector que no encontraba un solo personaje femenino memorable en toda la literatura universal, que se jactaba de fanático y reconocía que leía a algunos escritores “contra” otros (leía a Hugo contra Baudelaire, por ejemplo, como reconoció en su discurso homenaje a Victoria Ocampo), que se dirigía al periodista Carrizo con un “te reto a que me encuentres un solo verso bueno de Neruda”, que rechazaba a todos los escritores cuya lectura supusiera un esfuerzo y que llevó su anglofilia al extremo de decir que “la literatura anglosajona es toda la literatura universal”, no puede ser considerado el lector-más-importante-de-la-historia-de-la-humanidad, porque era un lector que carecía de órganos para gran parte de las obras literarias.


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DESPUÉS DE leer la Autobiografía de Rubén Darío, vuelvo a darme cuenta del absurdo completo que es el modernismo en español. Ni a la hora de contar su vida se quitó este hombre las gafas. ¿Sintió algo de verdad este poeta, le llegó siquiera el aleteo de una mariposa de forma directa?

En Rubén Darío no hay rebeldía ni conflicto. Es un escritor decorativo hasta en los poemas metafísicos del final, escritos como por un monje benedictino. La mejor orquesta y el mejor oído del idioma, sin duda, pero en manos de un poeta inocuo. Trato de no recordar que la lírica contemporánea francesa empieza con Baudelaire, Rimbaud o Lautréamont, tres poetas que escriben tremendo, mientras que la línea en español se inaugura con Darío, que solo escribe bonito.

Yo no quiero escribir bonito: quiero escribir tremendo. Que nada salga de las teclas de mi portátil que no proceda del dolor o la rabia o el afán de venganza.


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SOBRE LA mentiratura. Se equivoca Baroja cuando llama “farsante” a Valle-Inclán y se equivoca Gore Vidal cuando llama “embustero” a Truman Capote, porque las mentiras que decían estos escritores, igual que las de Stendhal o Baudelaire o Hemingway, eran tan exageradas o las practicaban con tanta asiduidad que se convertían en su negación, pues toda mentira se destruye en el momento en que llega a disparate. Cuando Nerval proclama que es hijo de Napoleón Bonaparte; o Valle-Inclán asegura que cabalgaba sobre un cocodrilo tapándole un ojo; o Cela mantiene que puede absorber dos litros de agua con el culo; o Baudelaire afirma que poseyó a una jorobada y que es un placer sexual superior, no están mintiendo, porque han despojado a la mentira de todo lo que tiene de lucrativo o ventajista y la han convertido en una mentira desinteresada y de mayor calidad. Ya no son literatos que mienten: son mentiratos que hacen mentiratura.


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¿CUÁL ES la razón de que Luis Cernuda no sea poeta cívico de España o de que, en la carrera por serlo, nunca haya ocupado lugares tan privilegiados como los de otros contemporáneos suyos como Antonio Machado, García Lorca, Miguel Hernández o Rafael Alberti? Se me dirá que los poetas de voz subjetiva no pueden competir contra los poetas de voz pública en la lucha por la corona del civismo, y que esa es la razón de que Tu Fu sea el poeta nacional de China en lugar de Li Po, Walt Whitman el poeta nacional de USA en lugar de Poe, o Victor Hugo el poeta nacional de Francia en lugar de Baudelaire, pero esa sugerencia solo es cierta en parte, porque Cernuda comenzó siendo un poeta subjetivo pero con el tiempo, en evolución que comparte con otros poetas, fue ganando posiciones públicas hasta ser definido por Octavio Paz como “un moralista subversivo”. De esa subversión evidente procede, a mi parecer, que no sea utilizado como estampita cívica. Mientras los poetas que han quedado como cívicos aman a España y escriben no muy alejados de la moral dominante, el moralismo de Cernuda es oscuro, negativo y disolvente: Cernuda fustiga a España y el cristianismo, a la familia y la falsa amistad, a los impulsos totalitarios y a la sexualidad dominante. Pensada la literatura nacional como asignatura para cohesionar a los párvulos y dotarlos de identidad, sucede que la poesía de Cernuda es descohesionadora y se dirige a seres libres: Cernuda es un nihilista que no sirve para formar rebaños.