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EN EL aforismo Nº 4027 de su Ideolojía Juan Ramón Jiménez toca el tópico del artista como andrógino:
EN jeneral las mujeres jeniales son algo viriles, los hombres jeniales algo femeniles; porque el jenio necesita integración. Lo humano jenial ha de fundir niño, mujer y hombre simultánea o sucesivamente. 

Un caso supremo sería bastante como jenio; Goethe: llorón y enérjico, exhibicionista y solitario, enamorado y esquivado, etc.
Ya Platón se refirió al andrógino como al ser original que, al ser dividido en dos, hace que nuestras vidas sean un deseo constante por recuperarlo. Pero Platón no vinculó lo andrógino específicamente con los artistas; los primeros que lo hicieron fueron los románticos alemanes, con los hermanos Schlegel y Novalis a la cabeza, y quien fijó la idea para siempre fue Coleridge en su Biographia Literaria, donde precisó que no es que el artista tenga partes de mujer ni de hombre, sino que las trasciende en una nueva totalidad plena, lo andrógino. Coleridge puso a Shakespeare como el paradigma principal ("Shakespeare no pertenece a ninguna época ni a ningún país. Posee el equilibrio de la mente andrógina"), con lo que estoy en desacuerdo, porque Shakespeare, salvo en sus sonetos, es mucho más andro que gino, con personajes sectarios y tumultuosos que muestran exagerados instintos de agresión. El paradigma que propone Juan Ramón Jiménez, el de Goethe, me parece mucho más adecuado (aunque tiene más gino que andro), porque este autor alemán tiene partes de su obra donde se muestra romántico, nacionalista y subyugado por Napoleón, pero también tiene otras, a mi parecer de más peso, donde se muestra clásico, sereno, spinozista y universal.

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DICE HEINE en su ensayo La escuela romántica:
También conviene mencionar que Goethe, mientras celebraba con tanta alegría a Persia y Arabia, abrigó la más tajante animadversión contra la India. Le disgustaba lo extraño, lo desconcertante y lo confuso de ese país.
Lo de Goethe es sensacional: ya lo tengo en lo más alto de las referencias maricrónicas. Se preocupa como es natural por lo alemán, también por su folclore, pero con la misma naturalidad frecuenta lo ruso o lo inglés, lo francés o lo italiano, los antiguos griegos y latinos, con un espítitu tan amplio que no se detiene en Europa: frecuenta también lo árabe, lo persa, lo hindú, lo chino, los antiguos egipcios, descubre las tradiciones orales africanas, se interesa por los primeros brotes de Estados Unidos, pregunta a su amigo Humboldt por todas sus expediciones...

Las dos escuelas de intolerancia más grandes de la historia, la de la religión y la de la patria, le ponen en su punto de mira: los cristianos, porque Goethe aboga por un panteísmo a lo Spinoza, una religión más amplia y congregadora que ve la sustancia de Dios lo mismo en los animales, las plantas, las piedras o las nubes; los patriotas, porque Goethe está en contra de la unificación política de Alemania, pues consideraba lo alemán como algo esencialmente cultural que florecía mejor en pequeñas entidades administrativas, al modo de las ciudades estado de la Antigua Grecia o de la Italia del Renacimiento. De qué mimbres estaba hecho este gigante, que cuando un Schlegel trató de insultarlo, no se le ocurrió más que decir con falsedad: "Goethe es un pagano que se ha convertido al Islam".

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COMO LECTORA nunca pasaré de adolescente. Con qué emoción he leído este fragmento en el que Heine habla de Goethe, sobre todo el trozo en que ataca a los "humildes", el subrayado es mío:
En efecto, en Goethe se daba la perfecta armonía entre la personalidad y el genio, tal como se exige a los hombres extraordinarios. Su porte era tan imponente como la palabra que late en sus obras. Su apariencia también era armoniosa, límpida, alegre y de proporciones nobles y se podía estudiar en él el arte griego como en una estatua antigua. Ese cuerpo majestuoso nunca dejó que la cristiana humildad de gusano le bajara la cerviz; su semblante jamás se descompuso por la contrición cristiana; sus ojos no se nublaron por la timidez del pecador cristiano ni se entornaron devotamente ni se alzaron, trémulos, al cielo. No; su mirada era serena como la de un dios.

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NO ME he empezado a dar cuenta hasta este año de que el centro de gravedad de Europa es Centroeuropa, como su propio nombre indica, y no tanto los antiguos griegos, que en verdad eran pueblos costeros y euroasiáticos, ni los antiguos romanos, que en realidad formaron un imperio mediterráneo que agrupaba también el norte de África. Como en mis lecturas suelo dar especial valor a que un escritor no se convierta en lacayo de su terruño o de su nación, he comenzado a unir hilos: ¿Por qué Kafka no parece sentir Chequia? ¿Por qué Rilke no da muestras de estar afiliado a ningún sentimiento nacional? ¿Por qué Zweig en toda su obra no se muestra orgulloso de Austria? ¿Por qué Goethe, Schiller, Schopenhauer, Nietzsche, Heine o Hesse no están orgullosos de su alemanidad, sino a menudo al contrario? ¿Por qué Gombrowicz insiste a los críticos para que valoren su obra desde criterios no nacionales? ¿Por qué Freud o Einstein solo se adhieren al internacionalismo? ¿Por qué Chopin dice desde el principio que quiere que su música sea reconocida en Viena o en París y no en Polonia? ¿Por qué en Suiza hasta bien entrado el siglo XX la literatura o historia nacionales eran solo asignaturas optativas?

Durante casi dos siglos existieron europeos de verdad, al menos en la burguesía y en la aristocracia: no europeos que además se consideraban franceses o ingleses o españoles, sino europeos que se sentían solo Europa. Se movían entre Varsovia, Ginebra, Praga, Viena, Berlín o Budapest. A raíz de las guerras mundiales y la posterior absorción de gran parte de ese mundo por la URSS, el nacionalismo se activó y puso fin a ese universo único y maravilloso, en tanto era cultural-artístico y no territorial-militar, quizá la única Europa 100% que ha existido en la historia.

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TODA FRASE tiene su contrafrase. En las Conversaciones con Eckermann, Goethe cita esta de Lorenzo de Médici, "Todos los que no esperan otra vida están muertos en esta", pero él la contrarresta con esta otra de cuño propio: "Los pensamientos de inmortalidad son propios de aquellos cuya vida no ha sido muy pródiga en felicidad". 

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QUÉ DIFERENCIA entre el libro de conversaciones de Borges con Bioy y el de Goethe con Eckermann. Qué diferencia de persona, me refiero: mientras Goethe es un hombre agradable y agradecido, igual uno de los más amplios que ha pisado la Tierra, muy preocupado por ayudar a los demás escritores, con un rango de actuación que no solo se limita a la literatura sino que abarca la ciencia o el gobierno; un gran escritor que además es un gran ciudadano, que sabe que la vida se ha portado muy bien con él y trata de devolver los favores, siempre buscando la serenidad y el punto medio, que en su caso no es truco o conveniencia... y al otro lado Borges, un hombre negativo y mezquino, una metralleta de maledicencias, sin ninguna grandeza de miras con lo que no comprende, que se porta igual o incluso peor cuando se hace famoso que cuando no lo era, época en la que arrecia en sus mezquindades, como si quisiera vengarse de los demás. Y encima Goethe sabe mucho más, ¿eh? El conocimiento que exhibe Borges de la literatura y de la vida, con ser grande, se reduce a menudo a detalles, a boutades, se fija en lo que no tiene hueso, se carga a los escritores solo por una metáfora desafortunada, está limitado a encontrarse con colas de perro que le impiden ver el perro, mientras que Goethe muestra una mirada tranquila, panorámica, es un hombre que sabe distinguir lo fuerte de lo débil, lo sustancial de lo accesorio, que siempre está en busca de las relaciones y los elementos que unen, por eso es tan comprensivo y tan afirmado a la vida. Comienzo a entender eso de Nietzsche, que decía que la mejor obra de Goethe son sus conversaciones con Eckermann: en Goethe fue la persona la que se alzó a inmarcesible obra de arte.

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...Goethe también era un gran partidario de las traducciones, igual hasta demasiado:
Por lo que hace al griego, latín, italiano y español, podemos leer sus mejores obras en traducciones alemanas tan perfectas, que, a no perseguir un fin especial, no tenemos ningún motivo para gastar mucho tiempo en el fatigoso aprendizaje de esos idiomas. Es propio de los alemanes estimar lo extranjero en lo que vale y acomodarse a particularidades extrañas. Esto y la gran flexibilidad de nuestro idioma hace que las traducciones alemanas sean totalmente fieles y acabadas. Y no puede negarse que, en general, con una buena traducción puede hacerse mucho. Federico el Grande no sabía latín, pero leía a Cicerón en la traducción francesa tan bien como nosotros en el original.

 

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DIJE QUE Eckermann se excedía dorando la píldora a Goethe; pero otro tanto se permite Boswell para encumbrar a Johnson. Dice Boswell que el padre de Johnson cursó una solicitud al rector Samuel Lea para que admitiera a su hijo en la escuela de Newport, pero que este se la denegó. Sin embargo, en el mismo párrafo dice que Samuel Lea, ya anciano, comentó que “uno de los hechos más memorables de mi vida es haber estado a punto de contar con un hombre tan grande como Samuel Johnson como alumno”. ¿En serio fue memorable que CASI fuera tu alumno, cuando además tú mismo le denegaste la admisión?

Unas líneas más adelante, para desmentir las críticas que se le hacían a Johnson por hombre a veces de trato poco cortés, Boswell hace salir de la nada un papel escrito por “una dama”, de la que no nos da el nombre ni mayor detalle, salvo que el papel se lo ha dado “la hija del doctor Lawrence, médico de Johnson”. Lo siento mucho, pero este no es un procedimiento serio en un periodista, ni en un biógrafo, ni en un historiador. Alguno me dirá, Vanessa, con ese tipo de procedimientos hicieron sus libros luminarias como Herodoto, Suetonio o Diógenes Laercio, a lo que yo les diré que sí, que de acuerdo: sin duda a ese dudoso club pertenece el libro de Boswell.

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NI ECKERMANN ni Boswell son biógrafos ni entrevistadores sino, más bien, evangelistas: los dos profesan una admiración sin mácula por Goethe y Samuel Johnson y escriben sus libros para hacer prosélitos. La calidad de los dos mesías, sin embargo, es bien distinta a la luz de los parlamentos que podemos leer: mientras Goethe parece realmente un hombre griego, superior, profundo y generoso a la hora de emitir juicios, en los que no muestra rencores, Samuel Johnson parece un cuñado con multitud de opiniones sanchopancescas, la mayoría de las veces, y boutades de bruto de fábrica, en otras. En una de sus primeras intervenciones, aboga por pegar a los niños en lugar de estimularles a competir entre ellos:
En todas las ocasiones en que salió a relucir la cuestión, Johnson dio siempre su visto bueno al uso de la vara para aplicar la instrucción: "De largo preferiría —dijo— que la vara fuera motivo de temor general, con el fin de hacerles aprender, antes que decir a un niño: si obras de tal modo, o de tal otro, gozarás de más estima que tus hermanos o hermanas. La vara surte un efecto que termina en sí mismo. El niño teme los azotes, por lo que cumple sus deberes y punto; en cambio, al suscitar en él ese deseo de comparación, y ciertas ínfulas de superioridad, se sientan las bases de mil diabluras, aún peores, pues se consigue que hermanos y hermanas se guarden rencor".

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EN ANOTACIÓN del 16 de agosto de 1824, Eckermann nos cuenta que durante esos días no tuvo tiempo de escribir las conversaciones que mantuvo con Goethe, pero que a cambio nos da algunas frases sueltas que recuerda de memoria, ninguna de las cuales supera las tres líneas. Muy honrado por su parte. La mayoría de conversaciones con Goethe que transcribe Eckermann, de todas formas, son muy cortas, lo que me reafirma en su veracidad. En cambio con Bioy Casares, que al escribir su "Borges" hizo un libro hermano al de Boswell con Samuel Johnson o al de Eckermann con Goethe, tengo más dudas sobre su honestidad, porque hay que tener una memoria de elefante para recordar las conversaciones cuando son muy largas y están llenas de matices, como por ejemplo esta donde Bioy pone a Borges a hablar así de Arlt (AQUÍ). ¿Dijo realmente Borges/Sócrates todo lo que aparece en ese libro o Bioy/Platón se tomó sus licencias?

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INCREÍBLE LO que se parece a la mía la visión de Goethe sobre territorio y cultura. Este autor fue brevemente nacionalista, en la época juvenil en que fue amigo de Herder, pero pronto se dio cuenta de que el nosotrismo se oponía a su amplitud de miras:
Como hombre, como ciudadano, el poeta amará su patria; pero la patria de su fuerza y de su acción poéticas son la Bondad, la Nobleza, la Belleza, que no están ligadas a ninguna provincia especial, a ningún país especial, que él toma y forma allí donde los encuentra.
Goethe vivió la época del florecer del volksgeist alemán, pero enseguida se le enfrenta con una propuesta más humana:
¿Qué significa "ama a tu patria" y qué significa "actuar patrióticamente"? Si un poeta se esforzó durante toda su vida por luchar contra los prejuicios dañinos, eliminar las opiniones estrechas, iluminar las mentes de su pueblo, purificar sus gustos y ennoblecer sus actitudes y formas de pensar, ¿qué mejor cosa puede hacer? ¿Y cómo debería verse más patriota?
La diferencia fundamental conmigo es que Goethe sí que se siente alemán y cree en la existencia de la nación y la cultura alemanas, frente a mi visión anti de corte racional-anarquista, pero a continuación dice que el contexto de nacimiento y cultura es un límite que, en lugar de ser celebrado, debe ser superado gracias a las traducciones y al interés por otras culturas:
Es muy buena cosa que ahora, con el estrecho intercambio entre franceses, ingleses y alemanes, nos corregimos unos a otros. Ése es el fruto de una literatura cosmopolita. Carlyle ha escrito la vida de Schiller, y lo ha juzgado en general de una manera como no es fácil lo haga ningún alemán. En cambio, nosotros estamos al tanto de Shakespeare y Byron, y sabemos apreciarlos quizá mejor que los ingleses mismos.
Para Goethe, el valor de una obra no se mide por la precisión con que ha retratado un lugar o cultura, sino al contrario: una obra solo vale si deja más valores duraderos que los referidos al "dónde" y al "cuándo", que en lenguaje maricrónico se traduciría por "POR FAVOR NO LLAMÉIS CULTURA A LO QUE ES SOLO ETNOCENTRISMO".

Por otra parte, tiene una idea descentralizada de la cultura, que conecta con mi concepto barrional: él siempre se opuso a que Berlín se convirtiera en la capital alemana de las artes y predicó con el ejemplo, pues fijó su residencia en Weimar y trabajó para que las artes de aquel lugar no tuvieran nada que envidiar a las del resto de Alemania.

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A PESAR del coro de aduladores que lo rodeaba, Goethe no perdió el sentido de la realidad hasta el final. Le dice a Eckermann:
Es como si yo me quisiese comparar con Shakespeare, que tampoco se ha hecho a sí mismo, y, sin embargo, es un ser de naturaleza superior, respecto al cual estoy en un nivel inferior y a quien tengo que venerar.

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DIJE QUE Eckermann era la cheerleader de Goethe y me quedé corta: en anotación de noviembre de 1823, Eckerman da veracidad a un antiguo ayuda de cámara de Goethe, que le cuenta que el superdotado alemán (210 de cociente intelectual), en su juventud, predijo un terremoto que se produjo esa misma noche, si bien no en el mismo lugar sino en Mesina. O sea que Goethe estaba tan adelantado en las ciencias naturales que hasta predecía los terremotos, es que te tienes que reír, sobre todo teniendo en cuenta que en pleno 2025 el ser humano todavía no sabe predecirlos.

Con ello no quiero decir que el libro sea malo. Cada vez que en sus páginas habla Goethe, sus intervenciones son de una superioridad tremenda. Pero entre medias te tienes que tragar una o dos páginas de una prosopopeya que a mí me estraga.

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HABLANDO DE lo criticona que soy, fijaos en cómo trata Eckermann, que entonces tenía 30 años, a Goethe, que ya tenía 73, en el primer capítulo de sus Conversaciones:
• • •  El rostro de Goethe era fuerte y moreno, con muchas arrugas, llenas todas de expresión. ¡Todo él respiraba solidez y entereza, grandeza y serenidad! Hablaba lentamente y sin esfuerzo, tal como uno piensa que hablaría un anciano monarca. Se ve que descansa en sí mismo y que está por encima de censuras y alabanzas. A su lado yo era indescriptiblemente dichoso; sentía la sensación de aquietamiento de aquel que, tras muchos esfuerzos y prolongada espera, ve al cabo satisfechas sus ansias más queridas.

• • •  Sentíame dichoso de estar otra vez al lado de Goethe y de oírle hablar, y me entregaba a él con toda mi alma. «¡Si te tengo a ti —pensaba—, qué me importa lo demás!». Por tanto, le repetí que estaba dispuesto a hacer cuanto a él le pareciese bien, considerada mi particular situación.

• • •  Ayer por la mañana, antes de que Goethe saliese para Weimar, tuve la dicha de poder pasar con él una hora. La conversación importantísima que tuvimos aquel día es para mí de un valor inapreciable y ha ejercido un influjo bienhechor sobre toda mi vida.

• • •  Durante esta conversación, paseábamos por su estancia de un lado a otro. Yo no hacía más que aprobar, pues sentía en todo mi ser la verdad de cada palabra de Goethe. Me sentía a cada paso más dichoso y más aliviado.

• • •  Siento como si las palabras de Goethe me hubiesen hecho adelantar dos años, y experimento en lo profundo del alma la dicha que supone encontrarse en la vida con un maestro verdadero. El provecho es incalculable. ¡Cuántas cosas aprenderé este invierno a su lado y cuánto ganaré aún con su mero trato en aquellas horas en que no diga nada importante! Su persona, su simple proximidad, me parecen educativas, aun cuando no pronuncie una palabra.
Eckermann era una cheer-leader de Goethe. Si hubiera ocupado yo su lugar, y como soy zopenca de nacimiento, enseguida le habría llevado la contraria en algo y ya me estoy viendo, mire usted, señor Goethe, ahora mismo le explico :)

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DICE NIETZSCHE en el aforismo 109 de El caminante y su sombra, el subrayado es mío:
El tesoro de la prosa alemana.—Al margen de las Obras de Goethe, y especialmente de sus Conversaciones con Eckermann, el mejor libro alemán que existe, ¿qué queda en suma de la literatura alemana en prosa que merezca leerse una y otra vez? Los Aforismos de Lichtenberg, el primer libro de Historia de mi vida de Jung-Stilling, El Veranillo de Adalberto Stifter, Gente de Seldwyla de Gottfried Keller y pare usted de contar.
Así empiezan muchos de los grandes destinos en la escritura: con el desprecio del nosotros pequeño, que abarca el 1%, y el abrazo y apropiación del nosotros grande, que abarca el 99% de las letras.

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ADEMÁS DEL filósofo Tales, otros escritores consiguieron destacar en el mundo de la invención no literaria, por ejemplo Thoreau, que mejoró el diseño de los lápices al desarrollar una mezcla superior de grafito y arcilla; Franz Kafka, que trabajó en el diseño de un casco de seguridad para obreros; Lewis Carroll, que inventó un triciclo para adultos, un juego similar al Scrabble y el nictógrafo para escribir en la oscuridad; Mark Twain, que patentó un álbum de recortes autoadhesivos y unos tirantes autoajustables para chalecos; Roald Dahl, que ayudó a inventar un dispositivo médico para drenar líquido del cerebro; Margaret Atwood, que creó el LongPen, un brazo robótico remoto para firmar libros; Conan Doyle, que propuso un prototipo de chaleco salvavidas para marineros; E.T.A. Hoffmann, que patentó una lámpara de aceite; Jonathan Swift, que inventó un bastón plegable que incluía un instrumento para escribir y un reloj de sol; John Milton, que ideó un sistema para ayudar a los ciegos a escribir usando ranuras y plantillas; Goethe, que descubrió un hueso en el cráneo humano al que llamó "hueso intermaxilar"; o Vázquez Figueroa, que ideó un sistema para convertir el agua del mar en agua potable.


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ADEMÁS DEL filósofo Tales, otros escritores consiguieron destacar en el mundo de la invención no literaria, por ejemplo Thoreau, que mejoró el diseño de los lápices al desarrollar una mezcla superior de grafito y arcilla; Franz Kafka, que trabajó en el diseño de un casco de seguridad para obreros; Lewis Carroll, que inventó un triciclo para adultos, un juego similar al Scrabble y el nictógrafo para escribir en la oscuridad; Mark Twain, que patentó un álbum de recortes autoadhesivos y unos tirantes autoajustables para chalecos; Roald Dahl, que ayudó a inventar un dispositivo médico para drenar líquido del cerebro; Margaret Atwood, que creó el LongPen, un brazo robótico remoto para firmar libros; Conan Doyle, que propuso un prototipo de chaleco salvavidas para marineros; E.T.A. Hoffmann, que patentó una lámpara de aceite; Jonathan Swift, que inventó un bastón plegable que incluía un instrumento para escribir y un reloj de sol; John Milton, que ideó un sistema para ayudar a los ciegos a escribir usando ranuras y plantillas; Goethe, que descubrió un hueso en el cráneo humano al que llamó "hueso intermaxilar"; o Vázquez Figueroa, que ideó un sistema para convertir el agua del mar en agua potable.


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YA DENUNCIÉ en su día hasta qué extremo de estulticia se llegó con las últimas palabras que pronunciaron Kant o Goethe antes de morir; por fortuna los idólatras de Pessoa no pudieron llegar a tanto, porque las últimas palabras que pronunció el poeta portugués, dirigidas a su enfermera, fueron "dadme las gafas", de las que de momento no se ha podido extraer ningún significado profundo.


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EN EL prefacio a Máximas y reflexiones, de Goethe, el traductor al inglés Bailey Saunders advierte contra el mal uso de las máximas:
Las máximas se deben aplicar como el arte del médico: deben manejarse con cuidado y aplicarse con discreción. Como drogas poderosas, pueden actuar con efectos benéficos sobre una constitución resistente; pueden prepararlo para el esfuerzo o calmar la fiebre de una actividad equivocada; pero grande es el daño que hacen cuando la mente es débil o desorganizada. Así como una medicina puede salvar a un hombre en un momento y matarlo en otro, así el sabio consejo de hoy puede convertirse fácilmente en la venenosa sugerencia del mañana.

 



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Dice Thoreau en sus diarios:
A fuerza de beber té y café me he convertido en una persona ordinaria y vulgar. Mis días se han convertido en mediodías, sin la bendita presencia de mañanas y noches.
Yo también creo que el café descuaderna los ritmos circadianos, pero trabajo de noche y necesito tomar un poco cada tres o cuatro horas, no para permanecer despierta, que me es bastante fácil, sino lo bastante despierta como para leer o escribir, que es arenal distinto.

Esta bebida tiene una gran historia de amor con los escritores: Voltaire, el récordman, lo tomaba entre 50 y 72 veces al día; Balzac murió a los 51 tacos a causa de las 50 tazas diarias que necesitaba para escribir La Comedia Humana; y Proust solo tomaba café con leche y croissants para escribir En busca del tiempo perdido. Otros cafeinómanos célebres: Swift, T.S. Eliot, Goethe, Capote, Cioran...