Mostrando entradas con la etiqueta Stendhal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Stendhal. Mostrar todas las entradas

891


DICE UMBRAL en su biografía sobre Delibes que, igual que Stendhal leía cada día unas páginas del Código Penal francés para conseguir un estilo más preciso, Delibes leía el Código Mercantil español con el mismo objetivo.

833


STEPHEN VIZINCZEY plagiándome con cincuenta años de antelación en su artículo Por qué la literatura inglesa no basta
• • • La enseñanza de literatura inglesa en vez de literatura es a mi juicio la más nociva de todas las perversamente equivocadas prácticas docentes, porque roba a nuestra vida intelectual y artística una gran cantidad de sabiduría e inspiración. Es como si tuviéramos un sistema de educación musical que no enseñara música, sino sólo música inglesa, y no hubiera apenas en Inglaterra músicos o amantes de la música que hubiesen oído alguna vez una sola pieza de Mozart.

• • • La mayoría de los educadores no ha llegado todavía a comprender algo tan elemental como la universalidad de la gran literatura, o mejor dicho, no parecen conscientes de lo escasa que es. La preocupación exclusiva por los autores nativos se deriva, al menos en parte, de la creencia de que hay multitudes de escritores importantes en todos los rincones del mundo… un error debido a la incapacidad para distinguir entre los hábiles y los incomparablemente profundos.

• • • Existe, por supuesto, el argumento de que las virtudes de un escritor son inseparables de su lenguaje, lo cual suele ser efectivamente cierto en la poesía. Sin embargo, no es cierto para la prosa, ni siquiera para el drama escrito en verso. Para empezar, la parte más emocionante y más esclarecedora de cualquier novela es la historia; el escritor no describe cómo encajan las cosas en el mundo a través de las palabras, sino a través de la estructura, y los personajes no revelan su identidad más íntima a través de sus discursos, sino a través de sus actos.

• • • En cuanto al lenguaje en sí, yo diría que la literatura no trata del lenguaje, sino de la vida; no trata de los sonidos de las palabras, sino de su significado, y los escritores más importantes para todas las naciones son aquellos que representan a la humanidad del modo más significativo…, y por esto el mayor dramaturgo francés es Shakespeare en francés.

• • • Todo esto es un modo de sugerir que los más grandes novelistas ingleses y americanos del siglo XIX son Pushkin, Gógol, Dostoyevski, Tolstoi, Stendhal y Balzac en inglés.

452


DICE SABATO hablando de Sainte-Beuve que el crítico también necesita ser creador:
Feo, desafortunado con las mujeres, traidor a sus mejores amigos, desprovisto de talento creativo, Sainte-Beuve creyó que su destino estaba en la crítica. Pero también allí se necesita capacidad creadora, genial intuición. Resultado: desconoció a tres de los más grandes escritores de todos los tiempos: Balzac, Stendhal y Baudelaire.


306


HEMINGWAY, EN la entrevista con Lillian Ross de 1950:
Empecé muy tranquilo y le gané al señor Turguénev. Después entrené muy fuerte y le gané al señor Maupassant. He empatados dos veces con el señor Stendhal, y en la última creo que le saqué una pequeña ventaja. Pero nadie va a lograr que me suba a un ring de boxeo con el señor Tolstói, a menos que esté loco o siga mejorando.
En el único lugar donde Hemingway puede empatar con Stendhal o ganar a Maupassant es en el ring de su propio ego. En cualquier otro ring se llevaría un KO detrás de otro.

152


VICTOR HUGO nació para mí. No para la literatura, no para Francia, la historia está muy mal contada. Recuerdo que era el año 95 o 96 y estaba en la Plaza Nueva de Bilbao. Allí, casi haciendo esquina, vendía libros un tipo llamado Alberto, al que las semanas anteriores le había comprado títulos de Balzac y Stendhal. Aquel domingo tenía muchos libros, pero sobre todo tres. Ellos. Los tres volúmenes verdes en tapa dura de la Editorial Augusta, con un título en el lomo, Los miserables, en letras de oro sobre fondo rojo. Pagué 300 pesetas por ellos, cien por cada uno, y llegué a casa casi arrepentido de haberlos comprado, porque ¡a ver quién se leía ahora las 1300 páginas de este mamotreto!

Pero no. Nada más abrir las primeras páginas empecé a sentir los golpes: los golpes que me produce el lirismo, porque siento el lirismo de los grandes genios como una agresión física, hasta me muevo durante la lectura de las sacudidas que siento. Victor Hugo era un boxeador formidable, el que mayor paliza me ha dado, un tipo con toda la variedad de golpes, siempre in crescendo, que iba atizándome ahora un golpe y ahora otro. Hasta que de pronto escribe:
De un estornudo del sol nace el colibrí
Recuerdo esa frase como el cenit del libro. ¿De un estornudo del sol nace el colibrí? ¿De verdad, Victor Hugo, has escrito ESO? ¡No puede ser que hayas escrito ESO!

Ya estaba, en ese momento supe qué cosa era la literatura, ya no tenía que moverme de allí.


110


SOBRE LA mentiratura. Se equivoca Baroja cuando llama “farsante” a Valle-Inclán y se equivoca Gore Vidal cuando llama “embustero” a Truman Capote, porque las mentiras que decían estos escritores, igual que las de Stendhal o Baudelaire o Hemingway, eran tan exageradas o las practicaban con tanta asiduidad que se convertían en su negación, pues toda mentira se destruye en el momento en que llega a disparate. Cuando Nerval proclama que es hijo de Napoleón Bonaparte; o Valle-Inclán asegura que cabalgaba sobre un cocodrilo tapándole un ojo; o Cela mantiene que puede absorber dos litros de agua con el culo; o Baudelaire afirma que poseyó a una jorobada y que es un placer sexual superior, no están mintiendo, porque han despojado a la mentira de todo lo que tiene de lucrativo o ventajista y la han convertido en una mentira desinteresada y de mayor calidad. Ya no son literatos que mienten: son mentiratos que hacen mentiratura.


26


HASTA QUE no leí a los moralistas franceses no me di cuenta de la influencia que causaron en algunos de mis narradores franceses favoritos, como Lamartine, Hugo, Balzac, Stendhal o Proust, que son escritores que, a medida que te cuentan algo, te hacen reflexiones generales mirando al horizonte, y de cuyas obras se puede extraer multitud de aforismos o fragmentos. Por otra parte, no sé dónde leí que en las escuelas francesas, a los párvulos, se les hace aprender de memoria muchos aforismos de La Rochefoucauld, La Bruyére, Pascal o Chamfort, con lo que la cantera aforística está asegurada desde el útero. El aforismo es una de las bases de la literatura francesa por el número y calidad de sus practicantes y porque también influye en los escritores que no lo practican,  ya que les hace pensar en unidades de gran condensación y lujosa carrocería, igual que los grandes moralistas.

4


EN TIEMPO de canallas, de Lillian Hellman, libro-denuncia sobre la caza de brujas del macartismo, se puede leer sobre Gary Cooper:
A Gary Cooper, por ejemplo, se le preguntó, en el tono más deferente y amistoso posible, si había mucha propaganda comunista en los guiones que le sometían. Cooper, como hombre a quien pocas veces en su vida se le había pedido que hablara, lo pensó un buen rato y contestó que no, que no le parecía que la había, pero que tampoco podía estar muy seguro, pues acostumbraba a leer sus guiones de noche. Esta respuesta desconcertante causó risas por todo el país; la imagen de Cooper frente al público estadounidense podría verse afectada por semejante desliz.
No entiendo las risas. Yo también encuentro una gran diferencia entre leer de noche o de día: noto más intensidad y confusión por la noche (a menudo no entiendo por el día lo que quise escribir por la noche). Esa diferencia, además, no es tan rara como parece. En La insoportable levedad del ser, de Kundera, se lee este fragmento:
—Allí fue donde empecé a dividir los libros en diurnos y nocturnos. De verdad que hay libros que sólo se pueden leer por la noche. 
Todos manifestaban un asombro admirativo, menos el escultor que seguía apretando su dedo y tenía la cara llena de arrugas por el desagradable recuerdo. Marie-Claude se dirigió a él:
—¿Qué categoría le adjudicarías a Stendhal?
El escultor no prestaba atención y se encogió de hombros sin saber qué responder. El crítico de arte que estaba a su lado manifestó que a su juicio Stendhal era una lectura diurna. Marie-Claude hizo un gesto de negación con la cabeza y afirmó con voz sonora:
—Te equivocas. ¡No, no, no, te equivocas! ¡Stendhal es un autor nocturno!