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DICE MONTERROSO en Viaje al Centro de la Fábula, el subrayado es mío:
Creo que Cervantes es el escritor que de veras me cae bien. No digo que lo venero porque no soy licenciado, pero sí que me gusta saber que está ahí, que es el mejor novelista en cualquier lengua y que basta con él para acallar todas las tonterías que se dicen contra los españoles y acerca de la incapacidad de nuestro idioma.
¿Quién habla de la "incapacidad de nuestro idioma"? En España nadie: salvo la sissy de los dos gatos (y yo solo me refiero a la poesía: sostengo que la búsqueda de una prosodia musical con un idioma de ladrillos tan grandes desemboca en versos vacuos y artificiales), que ya sabemos que es una anti irrecuperable, yo no he oído a nadie encontrarle la más mínima verruga al idioma. En América en cambio existe el debate, porque los americanos viven en una posición ambivalente ante la lengua: por una parte la consideran suya, pero por otra la siguen considerando la lengua del colono. ¿Y cuál es la consecuencia de esta actitud crítica del americano ante el idioma frente a la reverencial del español? Que los americanos dan transgresores, Oquendo de Amat, Vicente Huidobro, Salvador Novo, Efraín Huerta, César Vallejo, Oliverio Girondo, mientras que entre los españoles abundan autores meritorios pero que escriben como cincuenta o cien años atrasados, Clarín, Galdós, Baroja, Lorca, Torrente Ballester, Delibes..., y solo se apuntan a las revoluciones estilísticas del mundo si previamente un americano (Darío, Vallejo, Neruda, García Márquez, Vargas Llosa...) hace una visita a Madrid o Barcelona. ¡Con razón llamaban a Antonio Machado con mucha retranca "el mejor poeta español del siglo XIX"!

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SABIDO ES que en el siglo pasado hubo una "moda" de escribir novelas sobre dictadores latinoamericanos, y así fueron saliendo El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias, El discurso del método, de Alejo Carpentier, Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa, Yo, el supremo, de Augusto Roa Bastos o El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez. Pues bien: también Augusto Monterroso planeaba escribir una novela sobre un dictador de Guatemala, pero al final no la escribió por estas razones que nos da Bryce Echenique:
Tito Monterroso, que fue un maestro de la ironía, participó del proyecto que armaron los escritores del boom para hacer varias novelas sobre cada uno de los dictadores, pero Monterroso, mientras investigaba, descubrió que la mamá del dictador guatemalteco era alcohólica y el papá le pegaba, y me acuerdo de que Tito me dijo que prefería no escribir sobre el dictador porque le estaba entrando una ternura por el personaje... 

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LA LEGENDARIA brevedad de Monterroso. Declaró Bryce Echenique en una conferencia que él escribía casi sin corregir, a lo que Monterroso, que era también ponente, le respondió: "Pues yo corrijo casi sin escribir".

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RELEYENDO LOS Crímenes ejemplares de Max Aub, descubro de nuevo este crimen, "Lo maté porque era de Vinaroz", que me podría servir de título perfecto a un libro futuro, aquel que recoja todas las frases universales sobre el nosotrismo que he venido publicando en este blog. Lo maté porque era de Vinaroz, por cierto, contiene solo seis palabras, una menos que Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí, de Augusto Monterroso.