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ASÍ DE memoria me salen pocos poetas que estuvieron o se volvieron locos, Tasso, Fijman, Hölderlin, Nietzsche, Merini, Panero, Artaud, a pesar de toda la polvareda que levanta la locura en la poesía y los torrentes de palabras que se han escrito sobre la relación que mantienen. Claro que si incluyéramos a todos los poetas desequilibrados (yo misma estoy desequilibrada, según dice mi médica de cabecera) o que sufrieron problemas mentales, la lista sería casi interminable (para empezar habría que meter a Pound, a Plath, a Sexton, a Pizarnik o a Juan Ramón Jiménez, por citar casos severos).

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DELITO DE vida, la autobiografía sui géneris de Alda Merini (sui géneris porque es una mezcla de prosa, poesía y entrevistas), es tal barbaridad que entra directa a mi top de mejores memorias de siempre:  

1. Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas
2. Ecce homo, de Friedrich Nietzsche
3. Homenaje a Cataluña, de George Orwell
4. ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, de Jeanette Winterson
5. El mundo de ayer, de Stefan Zweig
6. El juego de ojos, de Elias Canetti
7. El hombre en busca de sentido, de Viktor E. Frankl
8. Delito de vida, de Alda Merini
9. Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes
10. Un hombre acabado, de Giovanni Papini
11. Memorias de España, 1937, de Elena Garro
12. Las palabras, de Jean-Paul Sartre
13. Las confesiones, de Jean-Jacques Rousseau
14. Los cuadernos de Luis Vives, de Francisco Umbral
15. El pez en el agua, de Mario Vargas Llosa
16. Confieso que he vivido, de Pablo Neruda
17. Garganta profunda, de Linda Lovelace
18. Historia personal del boom, de José Donoso
19. Vida, de Torres Villarroel
20. Autobiografía, de Isaac Asimov


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ESO QUE dice Cioran, que solo se da vitalidad a una prosa si buscas la incorrección y te pones a cada paso al borde del solecismo, me parece un pensamiento muy agudo y una gran verdad. Pienso en la prosa de Nietzsche, en la de Proust, en la de Céline, en el monólogo interior de Joyce; pienso en Canetti y en Merini y sobre todo en la pentalogía autobiográfica de Bernhard, donde la frase se alarga y se repite de continuo, dentro de una anarquía aparente, solicitando del lector una respiración de búfalo y logrando unos efectos de intensidad excelentes, y me doy cuenta al fin de qué quería decir el Cortázar maduro cuando declaraba que su propósito era escribir cada día “más mal”.