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SOBRE LOS familiares que viven a la sombra del genio se podría escribir una enciclopedia más voluminosa que la Espasa. Escribe Sophia Tolstaia sobre su marido:
Los biógrafos de Tolstói contarán cómo ayudaba a los trabajadores a cargar cubos de agua, pero nadie sabrá que nunca le permitió un respiro a su esposa y que nunca, en todos estos 32 años, le dio un vaso de agua a su hijo ni pasó cinco minutos a su lado para darme la oportunidad de descansar un poco.
Aclaro que Tolstaia y Tolstói tuvieron trece hijos ¿eh? Con razón se queja la pobre mujer, que por cierto también era escritora, y lo era antes de conocer al "genio". Justo hoy me han vuelto a decir que las personas solitarias "viven menos", pero vivir en soledad es la principal garantía para no llevarse a nadie por delante a cuenta de tu supuesto talento.

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STEPHEN VIZINCZEY plagiándome con cincuenta años de antelación en su artículo Por qué la literatura inglesa no basta
• • • La enseñanza de literatura inglesa en vez de literatura es a mi juicio la más nociva de todas las perversamente equivocadas prácticas docentes, porque roba a nuestra vida intelectual y artística una gran cantidad de sabiduría e inspiración. Es como si tuviéramos un sistema de educación musical que no enseñara música, sino sólo música inglesa, y no hubiera apenas en Inglaterra músicos o amantes de la música que hubiesen oído alguna vez una sola pieza de Mozart.

• • • La mayoría de los educadores no ha llegado todavía a comprender algo tan elemental como la universalidad de la gran literatura, o mejor dicho, no parecen conscientes de lo escasa que es. La preocupación exclusiva por los autores nativos se deriva, al menos en parte, de la creencia de que hay multitudes de escritores importantes en todos los rincones del mundo… un error debido a la incapacidad para distinguir entre los hábiles y los incomparablemente profundos.

• • • Existe, por supuesto, el argumento de que las virtudes de un escritor son inseparables de su lenguaje, lo cual suele ser efectivamente cierto en la poesía. Sin embargo, no es cierto para la prosa, ni siquiera para el drama escrito en verso. Para empezar, la parte más emocionante y más esclarecedora de cualquier novela es la historia; el escritor no describe cómo encajan las cosas en el mundo a través de las palabras, sino a través de la estructura, y los personajes no revelan su identidad más íntima a través de sus discursos, sino a través de sus actos.

• • • En cuanto al lenguaje en sí, yo diría que la literatura no trata del lenguaje, sino de la vida; no trata de los sonidos de las palabras, sino de su significado, y los escritores más importantes para todas las naciones son aquellos que representan a la humanidad del modo más significativo…, y por esto el mayor dramaturgo francés es Shakespeare en francés.

• • • Todo esto es un modo de sugerir que los más grandes novelistas ingleses y americanos del siglo XIX son Pushkin, Gógol, Dostoyevski, Tolstoi, Stendhal y Balzac en inglés.

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ESCRIBE TOLSTÓI en sus diarios:
La forma de la novela no solo no es eterna, sino que está pasando. Uno se siente avergonzado de escribir no-verdades, de decir que pasó algo que no ha pasado. Si se quiere decir algo, hay que decirlo directamente.
Me pasa también. Hasta los 35 leí sobre todo novelas; de los 35 a los 40 solo a Berger, Proust, Kundera y Richard Ford; y de los 40 en adelante las he abandonado del todo por lo mismo que dice Tolstói: a este género se le nota mucho el andamio y ya soy vieja para las máscaras.

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EL PRINCIPAL escollo que afronta el egoautor, me refiero al egoautor con una vida social siquiera un milímetro más populosa que la mía, es que escribimos con toda libertad de la gente con la que hacemos nuestras vidas y luego esa gente no se siente reflejada y a menudo se enoja con nosotros. El problema aumenta cuando el egoautor no solo no trata de reflejar a sus semejantes, sino que trata de vengarse de ellos: en este caso la literatura confesional entra de lleno dentro de los delitos penales. Esa es la razón, por ejemplo, de que aún no se puedan publicar al completo los diarios de Anaïs Nin, porque en ellos habla mal de mucha gente que aún vive y podría denunciar, o de que Elias Canetti, para protegerse, dejara escrito que los suyos no podían publicarse hasta treinta años después de su muerte.

Los que no denuncian a veces deciden coger la pluma y dar su versión. Esto es lo que hizo Julia Urquidi, ex mujer de Vargas Llosa, que contraatacó con “Lo que Varguitas no dijo” cuando el peruano publicó “La tía Julia y el escribidor”. O lo que hizo Sofia Tolstaia, mujer de Tolstói, que escribió “¿De quién es la culpa?” para contestar a la “Sonata a Kreutzer” de su marido, si bien Tolstaia no era ninguna aficionada y ya escribía antes de casarse con él. Peor fue lo que le pasó a Frank McCourt, que pintó tan negativamente su infancia en la irlandesa ciudad de Limerick en Las cenizas de Ángela, que recibió amenazas de algunos de sus habitantes para que no regresara nunca por allí.

En otros casos las dos partes acaban entendiéndose. Es lo que ha sucedido con otra famosa autora confesional, Erica Jong, que hizo a su hija Molly parte de su obra. Su hija no siempre estaba contenta de aparecer en los libros de una madre tan famosa “porque todos mis cercanos aprendieron a valorarme no por lo que soy, sino por lo que dice mi madre que soy”. Ahora Molly ha sacado el libro “How to Lose Your Mother: A Daughter´s Memoir”, donde muchas veces pone a parir a su madre, pero Erica Jong se lo ha tomado con muy buen humor:

—Tiene derecho a hablar mal de mí todo lo que quiera, la voy a querer de todas formas.

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ES ADMIRABLE la aristocracia literario-artística que se creó en Rusia en el siglo XIX, sin duda una de las más avanzadas del mundo. Obsérvese con qué libertad habla Tolstói en sus diarios de sus querencias homoeróticas, en una fecha tan lejana como la de 1851, en la que en la mayoría de países de Europa se lo hubieran hecho pagar:
29 DE NOVIEMBRE [DE 1851]. TIFLIS. Nunca he estado enamorado de las mujeres. El único sentimiento fuerte, parecido al amor, que he experimentado fue cuando tenía trece o catorce años; pero no quiero creer que eso fue amor; porque el objeto era una sirvienta gorda (con una cara bonita, es cierto), además de que la época más difícil para un niño (la adolescencia) es la que va de los trece a los quince años: uno no sabe adónde ir y la sensualidad en esta edad actúa con una fuerza extraordinaria.  

Con mucha frecuencia me he enamorado de hombres. …Para mí, el signo principal del amor es el miedo de ofender o no agradar al objeto amado; sencillamente miedo. Me enamoré de hombres antes de tener siquiera idea de la posibilidad de una relación pederasta; pero incluso cuando me enteré de eso nunca se me ocurrió la posibilidad del comercio carnal. Un extraño caso de simpatía inexplicable fue Gautier. A pesar de que no tenía ninguna relación con él, salvo la compra de libros, solía ser presa de la fiebre cuando él entraba en la habitación. Mi amor por Slavin me arruinó los ocho meses que viví en Petersburgo. Aunque no era consciente de ello, jamás tuve otra preocupación que no fuera complacerlo. Todas las personas a las que amaba lo sintieron y yo notaba que les era muy difícil mirarme. Con frecuencia, cuando no he encontrado los requisitos morales que la razón exige en el objeto amado, o después de algún momento desagradable con él, he sentido animadversión hacia ellas, pero esta animadversión ha estado fundada en el amor. Hacia mis hermanos nunca he sentido esa clase de amor. Con mucha frecuencia he sentido celos de las mujeres. Para mí el ideal del amor es el sacrificio total de uno mismo en aras del ser amado. Eso es precisamente lo que yo he experimentado. Siempre he amado a la gente que ha sido indiferente hacia mí y se ha limitado a estimarme. A medida que crezco experimento cada vez más raramente ese sentimiento…

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DESCUBRO EN unas declaraciones de Nabokov que la famosa boutade de Borges, la de que el Quijote es mejor en inglés, contaba con un precedente ilustre: nada menos que Conrad había dicho que la traducción inglesa de Ana Karenina era mejor que el original ruso (aunque hay que tener en cuenta la alergia a lo ruso del polaco Conrad, que también detestaba a Dostoyevski).

En el caso de Borges, sin embargo, siempre he albergado mis dudas de que sea una boutade, porque el Quijote es un libro de comienzos del siglo XVII con lenguaje de su propia época y, en cambio, la mayoría de sus traducciones se vierten a lenguaje actual. Se debe considerar además un detalle que frecuentemente se olvida, y es que Borges acuñó esa opinión siendo niño, cuando leyó por primera vez el Quijote en la traducción inglesa, con nueve años de edad, y me parece de lo más natural que después, cuando accedió al original de Cervantes, su primera reacción fuera aferrarse a la versión inglesa que había leído antes, que además era más clara, igual que casi todos nos aferramos a la primera versión que hemos escuchado de un tema musical. También a los franceses se les hace difícil leer los Ensayos de Montaigne, porque los leen en francés antiguo de siglo XVI (en dialecto perigordino), o los ingleses se tropiezan en Shakespeare con frases en desuso, palabras inventadas o muchos arcaísmos, mientras que para los españoles no catedráticos tanto Montaigne como Shakespeare son pura delicia porque los leemos en traducciones al español de siglo XX o XXI.

Por esa misma razón yo mismo me leí los primeros libros del castellano (Poema del Cid, Milagros de Nuestra Señora, Libro de Alexandre, Poema de Fernán González…), por los tiempos fallidos en que me matriculé por filología en la UNED, en la colección Odres nuevos de la editorial Castalia, que los amolda a un castellano actual. Ya sé que esto repugnará a los puristas, pero la desventaja de no leer las obras en su versión original se ve compensada por la ventaja de leerlas en una versión más inteligible. El traductor de obras antiguas traiciona como todos los traductores, sí, pero traiciona en favor de la claridad y de un aire más moderno.

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QUE LA versión que ofrecen los escritores sobre las mujeres dista mucho de ser verdadera es una queja que viene haciendo el feminismo desde su nacimiento. Dice Anna Ajmátova sobre Ana Karenina, de Tolstói:
Toda la novela está levantada sobre una mentira fisiológica y psicológica. Mientras Ana vive con un marido que envejece, al que no ama y que no la gusta, no trata de seducir, se conduce como una mujer reservada y virtuosa. Cuando, por el contrario, vive con un hombre joven, guapo y amado, ella hace guiños a todos los hombres en torno de ella, tiende sus manos de un modo especial y va casi desnuda... Tolstói ha querido probar que una mujer que abandonaba a su marido legítimo se convertía ineluctablemente en una prostituta.


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HASTA A Shakespeare le han dado cera algunos escritores. De vez en cuando releo algunas de las críticas que recibió para reafirmarme en que a) un escritor no puede gustar a todo el mundo; y b) no hay que dar a las críticas más importancia de la que merecen:
Ben Jonson: “Se ha mencionado a menudo como un honor que Shakespeare, en sus escritos, nunca borró una línea. Mi respuesta a esto siempre ha sido: "¡Ojalá hubiera borrado mil!".
Voltaire: "Shakespeare es un salvaje con chispas de genio que brillan en una noche tormentosa. Yo fui el primero que mostró a los franceses algunas perlas que había en su enorme estercolero".
Lord Byron: “El nombre de Shakespeare, pueden estar seguros, está colocado absurdamente alto y tendrá que bajar. No tenía imaginación para sus historias, ninguna en absoluto. Tomó todas sus tramas de novelas antiguas y montó sus historias en forma teatral, con tan poco esfuerzo como el que Ud. y yo necesitaríamos para volver a escribirlas en forma de historias en prosa”.
Charles Darwin: "Últimamente traté de leer a Shakespeare, pero me lo encontré tan intolerablemente aburrido que me dio náuseas".
Lev Tolstói: “Hace unos días, para verificar la opinión que tengo de Shakespeare, fui a ver El rey Lear y Hamlet, y si había en mí la más mínima duda sobre lo bien fundado de mi aversión por Shakespeare, ésta se ha disipado definitivamente. ¡Qué obra tan burda, inmoral, vulgar y absurda es Hamlet! Todo se basa en una venganza pagana, hay un solo objetivo, acumular el mayor número de efectos posible, sin pies ni cabeza. El autor estaba hasta tal punto ocupado con los efectos, que ni siquiera se tomó la molestia de dar un carácter al personaje principal, y el mundo entero decretó que es un retrato genial de un hombre sin carácter. Nunca entendí tan claramente toda la magnitud de la incapacidad en los juicios de la multitud, y hasta qué punto puede engañarse a sí misma”.
André Gide: "¿Voy a atreverme a escribir aquí lo que pienso del Rey Lear? La representación de ayer me confirma en mi opinión: poco falta para que encuentre esa obra execrable; de todas las grandes tragedias de Shakespeare, la menos buena y con mucho. Sin cesar pensaba: ¡cuánto debía gustarle a Hugo! Todos los defectos enormes de éste se despliegan en ella: antítesis constantes, procedimientos, recursos arbitrarios; apenas, muy de vez en cuando, alguna chispa de emoción humana sincera. Llego al punto de no comprender demasiado lo que se considera como dificultad de interpretación de la primera escena: dificultad de hacer admitir al público la ingenua necedad del rey; pues todo lo demás es por el estilo: la obra entera y de cabo a rabo es absurda".
Charles Bukowski: “Shakespeare es ilegible y está sobrevalorado. Pero la gente no quiere escuchar esto. Uno no puede atacar templos. Ha sido fijado a lo largo de los siglos. Uno puede decir que tal es un pésimo actor, pero no puede decir que Shakespeare es mierda. Cuando algo dura mucho tiempo, los snobs empiezan a aferrarse a él, como ventosas. Cuando los snobs sienten que algo es seguro, se aferran. Pero si les decís la verdad, se ponen salvajes. No pueden soportarlo. Es atacar su propio proceso de pensamiento. Me desagradan”.
Thomas Bernhard: “Veo que el señor Peymann no dejará de llevar a la escena hasta que se muera todos esos insoportables, primitivos y ordinarios autores clásicos ingleses, franceses y españoles conocidos y temidos bajo los nombres de Shakespeare, Molière, Lope de Vega, etcétera, y que desgraciadamente son indestructibles en su primitivismo, vulgaridad e inconsistencia. En mi opinión, estos escritores de dramones han envenenado los teatros de toda Europa e incluso del mundo entero hasta los cimientos y por tiempo indefinido, y por desgracia no se podrán sanear nunca más de la plaga clásica. Chernobil, ese esperpento soviético-ortodoxo, no es nada comparado con una de esas piezas de Shakespeare que explotan cada día, al menos una vez, en cualquier parte del mundo; una Tempestad shakespeariana causa más daño a Europa que diez catástrofes del tipo de la de Chernobil o incluso de Basilea, créame. Shakespeare, él solo, ha contaminado y destruido el mundo teatral por siglos, por no decir eternidades, ¡créame!”.


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TURGUÉNIEV Y Tolstói discutieron sobre la conveniencia de occidentalizar Rusia; el primero a favor y el segundo en contra. La discusión fue tan encarnizada que Tolstói lo retó a duelo y exigió que el arma fuera una escopeta. Turguéniev entonces se disculpó; pero al oír que Tolstói andaba luego tachándolo de cobarde, fue él quien lo retó a su vez, pero entonces fue Tolstói quien se disculpó, y así se pasaron diecisiete años aplazando el duelo hasta que se hicieron amigos, tan amigos que mucho tiempo después, cuando Turguéniev sintió la hora de la muerte, envió esta breve carta a Tolstói: «Señor, fue un gran honor haber sido vuestro contemporáneo».


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“SHAKESPEARE Y el drama”, de Tolstoi, es otra obra para incluir en el muy selecto club de los “libros-troll”, del que también forma parte el “Curso sobre el Quijote”, de Nabokov, “Contra los poetas”, de Gombrowicz, “El crepúsculo de los filósofos”, de Papini o “Neruda y yo”, de Pablo de Rokha. Existe una animadversión que proviene de la poca información o el no-querer-enterarse de las virtudes del otro, pero también existe otra que se funda en un sobre-conocimiento del autor o materia odiados. Confieso que esta clase de rechazo me pasma y me disgusta un poco. Con lo fácil que les hubiera sido, una vez visto que les desagradaba, no seguir leyendo…


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YA ES desgracia que la mayoría de santos o sabios o reformadores del mundo suelan aparecer en el mundo predicando el menos, no el más; el ayuno, no los alimentos; la castidad, no el sexo libre; la prudencia, no la valentía. Por fortuna, descubro que Anton Chéjov, que fue presa de la filosofía llena de noes de Tolstói, al final se dio cuenta. Escribe a Alekséi Suvorin en 1894:
La filosofía tolstoiana me ha afectado profundamente y me ha dominado durante seis o siete años; lo que más influía en mí no eran las tesis fundamentales de Tolstói, que ya conocía de antaño, sino su modo de exponerlas, sus razonamientos, y, probablemente, una especie de hipnotismo. Pero ahora algo protesta en mi interior; un razonamiento imparcial me dice que hay más amor por la humanidad en la electricidad y la máquina de vapor que en la castidad y en la abstención de comer carne. La guerra y los tribunales son un mal, pero de ahí no se deriva que yo tenga que andar con chanclos y dormir sobre una estufa junto a un trabajador y su mujer.

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VEO UN documental sobre Borges donde Alejandro Vaccaro dice: “Borges es el lector más importante de la historia de la humanidad”. No estoy de acuerdo. Que leyera mucho no significa que leyera bien. En la lectura sucede como en la alimentación: desde el principio existen niños que “comen de todo” y existen otros que enseguida empiezan a rechazar algunas comidas. Entiendo que el mejor lector es aquel que “come de todo”, esto es, el que cuenta con antenas para comprender y disfrutar obras de todos los pesos y texturas. Borges no era ese tipo de lector. Un escritor como él, que rechazaba la literatura rusa al completo, la literatura surrealista al completo, que denigraba obras como Madame Bovary, Guerra y paz, Ulises Cien años de soledad, que dejaba de leer en el momento en que leía la palabra “mierda” o cualquier tipo de escatología, no digamos ya las obras eróticas o pornográficas; un lector que no encontraba un solo personaje femenino memorable en toda la literatura universal, que se jactaba de fanático y reconocía que leía a algunos escritores “contra” otros (leía a Hugo contra Baudelaire, por ejemplo, como reconoció en su discurso homenaje a Victoria Ocampo), que se dirigía al periodista Carrizo con un “te reto a que me encuentres un solo verso bueno de Neruda”, que rechazaba a todos los escritores cuya lectura supusiera un esfuerzo y que llevó su anglofilia al extremo de decir que “la literatura anglosajona es toda la literatura universal”, no puede ser considerado el lector-más-importante-de-la-historia-de-la-humanidad, porque era un lector que carecía de órganos para gran parte de las obras literarias.


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HEMINGWAY, EN la entrevista con Lillian Ross de 1950:
Empecé muy tranquilo y le gané al señor Turguénev. Después entrené muy fuerte y le gané al señor Maupassant. He empatados dos veces con el señor Stendhal, y en la última creo que le saqué una pequeña ventaja. Pero nadie va a lograr que me suba a un ring de boxeo con el señor Tolstói, a menos que esté loco o siga mejorando.
En el único lugar donde Hemingway puede empatar con Stendhal o ganar a Maupassant es en el ring de su propio ego. En cualquier otro ring se llevaría un KO detrás de otro.

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OTRA DEFENSA del vegetarianismo es la de Bernard Shaw:
Pensad en la formidable energía contenida en un simple grano, en una vulgar semilla. La enterráis bajo tierra y sale una encina, el gigante de los bosques. ¡Enterrad una pata de cordero y veréis cómo no sale otro cordero!
Otros famosos escritores vegetarianos: Kafka, Tolstói, Plutarco, Mary Shelley.

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DICE TOLSTÓI en sus diarios que es más fácil escribir diez volúmenes de filosofía que llevar a la práctica una sola regla, lo cual es cierto, pero yo añadiría que los filósofos no necesitan llevar a la práctica ninguna regla de las que proponen, porque suelen vivir en la soledad más estricta, justo la que les permite escribir esos diez volúmenes de filosofía. El propio instrumento que utilizan, el lenguaje, es tan complejo que no es posible dominarlo salvo después de muchos años y gracias a plurales soledades. Sucede que tanto el filósofo como el literato pisan la garganta de su propia canción (Maiakovski): viven en la contradicción irresoluble de escribir para la vida pero a costa de ella.


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LEO EN los diarios de Tolstói:
…Schiller consideraba, con justicia, que ningún genio puede desarrollarse en soledad, que los estímulos exteriores –un buen libro, una conversación– mueven más a la reflexión que años de trabajo solitario. Una idea debe nacer en compañía, pero su elaboración y su expresión se llevan a cabo en soledad.
Claro que con los amigos que tenía Schiller (Goethe, Beethoven, Herder, Wieland o Humboldt) y con las personas que trataba (Hölderlin, Schlegel o Fichte), ¡quién iba a preferir quedarse en casa!