CUANDO SE dice que la razón es una parte de la animalidad, se olvida decir que es una clase de animalidad que mitiga, tutela y hasta se opone a nuestros instintos o emociones, según el caso, y creo que esa es la causa de que muchos filósofos (Platón, Descartes, Kant) cometieran el error de sacarla del cuerpo y la colgaran de las nubes. Un epicúreo, en cambio, enseguida ve que no es obligatorio que la razón ejerza de anti y la pone de acuerdo con la naturaleza y los placeres (con moderación, en el caso de que sea un hedonista ético, como Epicuro, o sin ella, en el caso de que sea un Petronio). Y qué decir de un fascista: para un fascista la razón no tiene que limitar ni controlar nuestros instintos egoístas más básicos, sino espolearlos y llevarlos al triunfo.
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CONTINÚO RECOPILANDO las posturas o situaciones favoritas en las que les llegaban las ideas a los escritores o filósofos célebres: Nietzsche sostenía que las ideas le venían caminando; Sankara decía que caminando se le disipaban; Flaubert aconsejaba pensar sentado; Cioran en cambio proponía pensar tumbado en la cama; Gide era de la opinión de que las ideas llegan en cualquier momento o postura, por lo que se debe llevar un cuaderno de notas todo el día para que no se escape nada; Virginia Woolf pensaba de pie; Truman Capote en posición horizontal; los antiguos griegos por su parte recomendaban pensar con el cuerpo recostado; mientras que Descartes y Heidegger coincidían en la misma manera: sostenían que después de dormir toda la noche, ya despiertos, lo ideal era demorar la salida de la cama, momento en el que les venían las mejores ideas.
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