Mostrando entradas con la etiqueta Gibbon Edward. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gibbon Edward. Mostrar todas las entradas

403


Primera condición para que un historiador me guste es que esté contra la historia o tenga una mala opinión sobre quienes la hacen. Gibbon es de esa cuerda, me recuerda mucho a Tácito. En lo que llevo leído de su Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, apunto esto que dice sobre Trajano:
Trajano estaba ávido de prestigio, y mientras los hombres sigan vitoreando con mayor vehemencia a sus verdugos que a sus bienhechores, el afán de gloria militar será siempre el vicio de los ánimos más encumbrados.
Y más tarde sobre Antonino Pío:
Antonino Pío extendió concierto y sosiego sobre la mayor parte de la tierra, y su reinado sobresale por la peregrina excelencia de suministrar escasos materiales a la historia, que en verdad suele ser en gran medida el repertorio de las maldades, locuras y desdichas del género humano.

390


EN EL prefacio a su Historia del mundo, el historiador J. M. Roberts, después de avisarnos de que va a hablar muy poco de amplias zonas de África o de la América precolombina "porque apenas han influido en el resto de la humanidad", nos añade para curarse en salud:
No puedo evitar escribir desde el punto de vista de un varón británico, blanco y de clase media. Si eso se interpreta como un obstáculo demasiado insuperable, se pueden encontrar otros enfoques, pero el lector también deberá evaluarlos con la misma vara de medir antes de emitir su valoración.
No han influido apenas en la humanidad y por tanto no nos han puesto al borde de la hecatombe climática o nuclear, señor Roberts; ya decía Gibbon que los gobernantes buenos no hacen historia. Cuando el Titanic se hunda, espero que los que sí que han influido mucho tengan la decencia de ceder los botes salvavidas a quienes ninguna culpa tendrán del hundimiento.