Mostrando entradas con la etiqueta Ortega y Gasset José. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ortega y Gasset José. Mostrar todas las entradas

864


TAMBIÉN ME salió el que sostuvo que Bertrand Russell era un escritor más "académico", al modo de Ortega y Gasset, frente a la indignación salvaje de Nietzsche. También me pareció que erraba de medio a medio. Bertrand Russell no se puede comparar con Ortega ni como escritor ni como intelectual. Ortega como escritor es un pelma retórico que además se cree estilista y necesita tres páginas para decir lo que bastaría con una, mientras que Russell escribe sin afectación, con una prosa precisa y eficaz. En cuanto a su calidad de intelectuales, mientras Ortega se afinca en un prejuicio por cada uno que consigue superar y es un intelectual que se limita a los libros y al periódico, Russell se muestra como un hombre adelantadísimo a su época, disruptivo en terrenos tan sagrados como el sexo, la religión o la patria, que no solo escribe libros o artículos sino que sale a la calle y se manifiesta con todas las consecuencias.

Y aquí vuelvo a Nietzsche, ese hombre feroz, salvaje, maldito, iconoclasta y blablabla. ¿Cuándo fue condenado a seis meses de cárcel, como lo fue Russell? ¿Cuándo fue expulsado de la Universidad de Cambridge?  ¿Cuándo fue expulsado de la City College de Nueva York? ¿Cuándo fue interrumpido violentamente por patriotas cuando pronunciaba un discurso pacifista? ¿Cuándo se puso Nietzsche en riesgo por defender sus ideas, como tantas veces hizo Russell?

732


UN PROBLEMA no pequeño de las IAs es que leen más fuentes secundarias que primarias. Cuando debato con ellas sobre escritores sobre los que no sé gran cosa, me parece que están muy bien informadas, pero cuando debato sobre autores a los que he leído mucho, de continuo me veo obligada a precisarles detalles, a menudo bastante gruesos, porque se nota que no se han leído los libros de los que hablan. Conversando sobre el contexto patriarcal en que vivió Ortega y Gasset, Grok 3 me dice:
GROK 3: Un post en X atribuye a Ortega la frase: "Si la mujer no encanta, es sólo una hembra" (s. XX, citado por @tururu1976, 4 de mayo de 2025). Aunque no puedo verificar si esta cita aparece textualmente en un artículo de El Sol, es consistente con el tono y las ideas de Ortega en textos como Estudios sobre el amor y El hombre y la gente, donde enfatiza la feminidad como una cualidad de "encanto" o seducción.
VANESSA: Grok, ¿en serio me estás citando como fuente fidedigna una frase de Ortega que has encontrado en X, no en la obra de Ortega? Tiene todas las trazas de ser una frase fake. Espera un momento que ahora reviso si está en la obra de Ortega.
GROK 3: Tienes toda la razón en tu frustración, y me disculpo profundamente por el error de citar una frase atribuida a Ortega que encontré en un post de X ("Si la mujer no encanta, es sólo una hembra") sin verificar su autenticidad en las obras originales. Fue un fallo grave de mi parte, especialmente después de que ya me señalaste un error previo en mi interpretación de la anécdota del transatlántico. 
VANESSA: Ya la encontré, Grok, es que tengo miles de libros en epub y soy capaz de saber enseguida si un autor escribió esa frase o no. La frase que de verdad escribió Ortega, Grok, es "Si la mujer no encanta, no la elige el hombre para hacerla esposa que sea madre de hijas hermanas de sus hijos", que es bastante menos cruda que la que me has citado. Está en su Epílogo al libro "De Francesca a Beatrice".
GROK 3: Agradezco enormemente que hayas proporcionado la cita correcta del Epílogo al libro "De Francesca a Beatrice" y que me exijas precisión, porque esto me permite corregir mi respuesta y abordar el tema con la seriedad que merece. Entiendo tu preocupación sobre el daño que puede causar difundir información incorrecta, y quiero asegurarte que mi objetivo es rectificar estos errores y ofrecer una respuesta precisa y fiable.
Las IAs leen todo lo que hay en Internet, también los libros, pero la mayoría de ellos no están publicados en la red porque vivimos en un mundo capitalista en el que, si quieres un libro, tienes que pagarlo, amigo. Así que las IAs te contestan con lo que han leído en artículos, noticias, blogs... y hasta publicaciones que encuentran en las redes sociales, es que es de risa. 

Si se tiene en cuenta, de todas formas, que la red es el principal lugar donde se depositan estudios y tesis sobre escritores, la mayoría en abierto, se debe reconocer que las IAs acumulan una cantidad de información inabarcable. Sin embargo no son perfectas, ya digo, porque saben mucho más de lo que se comenta o se publica sobre los libros que de los libros mismos.

721


ANOCHE DIJE que el tronco de la literatura española está perjudicado por el vicio de la redundancia, y qué mejor ejemplo para exponerlo que la prosa de Fernando Sánchez Dragó, que en Carta de Jesús al Papa escribe así, os juro que no me lo invento, copio solo algunos trozos:
• • • Quiero decir con ello que aquí, en este rabo de Europa por desollar (Machado dixit. Su voz es sagrada. ¿Era, acaso, un euroescéptico?), no se admite el casuismo, la heterodoxia, la extravagancia, la discrepancia, la diferencia ni el ejercicio de la libertad.

• • • No sazonaré ni apuntalaré, ni aglutinaré mis opiniones con salivilla de datos, despliegue de silogismos, notas a pie de página, pavoneos de erudición y signaturas bibliográficas.

• • • Las pesquisas, de mata en mata, de loco en loco, de templo en templo y de islote en islote, han tirado de mí, me han asendereado, me han convertido en buscota de rastrojo y monje giróvago, y me han conducido hasta el norte de Japón y los confines de la Polinesia.

• • • ¡Reencarnación, Wojtyla, reencarnación! He ahí la clave de la bóveda, el dato que –entre otros– te falta (y que faltó a tus antepasados), el mecanismo de la cerradura, el engranaje de la iluminación, la llave maestra que abre y despeja la incógnita de quiénes somos, adónde vamos y de dónde venimos.

• • • Fue la ciudad de Alejandría la que, andando el tiempo y devanando el ovillo de la tupida madeja (o maraña) de las teologías, hizo posible esa red fluvial, esa empanada, ese alcuzcuz, ese gazpacho.

• • • Los místicos, cualesquiera que sean sus orígenes, sus abscisas y ordenadas, su terreno de cultivo, su banco de pruebas, saben sin asomo de posible duda –porque lo han vivido, porque lo han sentido, porque lo han experimentado y, por tanto, verificado– que solo hay una energía, una luz, una fuerza, una sustancia, un ki, un anima mundi…

• • • Es difícil, casi imposible, viajar –viajar, Wojtyla, no hacer turismo– sin llegar a la conclusión, racional y razonable, de que todo en la liturgia, doctrina e historia sagrada de las religiones es préstamo, contagio, ósmosis, simbiosis, relativismo y, en definitiva, sincretismo.
Esta manera de escribir, en España, se la conoce como “estilismo”. En otros países se les llama estilistas a Gustave Flaubert o Truman Capote, que vinculan el estilo con la economía y la precisión; son autores que creen, mira qué disparate, que un buen estilo consiste en decir más y mejor en menos palabras. En España, en cambio, se tiene por estilistas a Quevedo, Baltasar Gracián, Torres Villarroel, Emilio Castelar, Ortega y Gasset, Gómez de la Serna, Gabriel Miró, Valle-Inclán, Max Aub, Ignacio Aldecoa, Camilo José Cela, Francisco Umbral o Juan Manuel de Prada, autores que llenan de vegetación sus textos y necesitan tres folios para decir lo que bastaría en uno. Se puede tolerar este defecto en el caso de Quevedo o Gómez de la Serna, porque algunos de los conceptismos o greguerías que incluyen en sus obras son magistrales y te devuelven el precio de la entrada, pero en el caso de prosas como la de Sánchez Dragó yo no encuentro el placer estético por ninguna parte. Dan ganas de llamar a los agentes de la Guardia Civil y pedirles, por favor, llévense presa a esta mujer, se llama Literatura Española y ha infligido un daño irreversible en las mentes de los pobres lectores, pues les ha obligado a leer como profundo lo que solo es decorativo; y además es la responsable de un delito ecológico de magnitudes incalculables, pues desde hace siglos en España hay que tirar el triple de árboles de los que son necesarios para hacer libros, debido a que sus escritores confunden la escritura con la repostería y solo consiguen decir en muchas palabras lo que se podría decir mejor en pocas.

710


CUENTA ORTEGA y Gasset en El hombre y la gente que cuando era joven, en uno de sus viajes a Buenos Aires, coincidió en un transatlántico con unas jóvenes norteamericanas muy guapas a las que comenzó a hablar "como se les habla a las jóvenes muy guapas", pero resultó que una de las norteamericanas enseguida le notó el tono y de inmediato le reclamó al filósofo: “Por favor: no me trate como a una mujer, sino como a un ser humano”. A lo que Ortega le contestó así:
—Señora, yo no conozco ese personaje que usted llama “ser humano”. Yo solo conozco hombres y mujeres. Como tengo la suerte de que usted no sea un hombre, sino una mujer —por cierto, espléndida—, me comporto en consecuencia.
Ortega tiene algunas cosas en las que se adelanta a su época, por ejemplo al definir a la nación como “proyecto sugestivo de vida en común”, definición que elimina todo turbio apriori o esencialismo étnico (aunque tampoco se libró del todo de los esencialismos, ya hablaré más adelante de Ortega en más largo), o con su “España es el problema, Europa la solución”, con que se aparta de la prototípica nación pura y autárquica, la que suele desembocar en violencia y fanatismo, y la integra en una colectividad más amplia. También fue un ser adelantado a su época porque puso a España al ritmo europeo de las nuevas corrientes culturales: es conocido que la primera traducción de la obra completa de Freud a cualquier idioma fue precisamente al español, la que encargó Ortega para la Revista de Occidente.

En el caso de las mujeres no consiguió adelantarse, como se ve muy bien en la anécdota que él mismo cuenta. Y tengo entendido que hasta suspendió por un tiempo su relación con Victoria Ocampo porque la argentina dio una conferencia sobre poesía femenina, género que para Ortega era territorio exclusivo de los hombres. Un ejemplo más de que el famoso contexto no afecta de la misma manera a todos.