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HE SUBIDO al blog CHIMAMANDA esta arcadia de John Berger sobre Susan Sontag donde reivindica el ego literario. Al fin alguien lo tuvo que decir:
Susan Sontag era una artista, y además una mujer solidaria; recuerda lo que hizo en Sarajevo; siempre tuvo interés por los demás. Su egocentrismo es el egocentrismo natural de los artistas. Sin ego, ¿qué hace un artista? Necesita el ego para caminar, para respirar. La literatura es el ego escrito.


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LO MÁS curioso de los dos robustos volúmenes de entrevistas de la revista The Paris Review, publicados por Acantilado, es que ninguno de los entrevistados, en su mayoría anglosajones, salen con la murga de la humildad. Es ponerte a leer entrevistas de escritores latinoamericanos, portugueses, españoles, italianos..., procedentes de lugares católicos donde los curas han causado estragos, y sale la habitual condena contra el narcisismo, la vanidad de los escritores, el ego.

Quede claro que aquí estoy a favor de los ombliguistas y que tengo predilección por el género confesional. A mí sí me interesa que los escritores me cuenten su "vidita". Siempre he amado a los escritores ególatras como Nietzsche, Plath, Capote, Pizarnik, Umbral, Garro, Sontag, Neruda, Aragon, Houellebecq o Tsvetáyeva y, si nunca he criticado los concursos de humildad en que suelen convertirse algunos debates literarios de mi zona cultural, es porque me conozco el percal y no quiero morir a manos de la marabunta :)

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DICE SUSAN Sontag en la primera entrada de sus diarios:
La mano derecha = la mano agresiva, la mano que masturba. Por ello, ¡preferir la mano izquierda!... ¡para idealizarla, para volverla sentimental!
Jorge Oteiza, por su parte, en Quosque Tandem…!, reprende a los vascos que cogen la boina o el paraguas con la mano derecha, forma que considera perteneciente a la tradición latina, que juzga incompleta, y urge a que los cojan con la izquierda porque es la manera vasca/completa de hacerlo. La mano derecha, que según este escultor es la mano que dirige y decide, debe estar libre para obrar con más rapidez. Desde luego que al leer estas cosas, tanto de Sontag como de Oteiza, yo me digo, ¡cuánto tiempo libre tienen algunos, y ya no debe quedar ninguna tontería por decir! ¿Y no existe la posibilidad de que la mano izquierda colabore con la derecha, como demuestra esta entrada, la que mis dos manos están tecleando sin odiarse entre ellas, ni ser una más que la otra?


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SUSAN SONTAG concluye así la carta que le escribió a Borges en 1996, diez años después de su muerte:  
Querido Borges, todo lo que quiero decir es que lo extrañamos. Yo lo extraño. Usted sigue marcando una diferencia. Estamos entrando en una era extraña, el siglo XXI. Pondrá a prueba el alma de maneras inéditas. Pero, le prometo, algunos de nosotros no vamos a abandonar la Gran Biblioteca. Y usted seguirá siendo nuestro modelo y nuestro héroe.


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CUANDO UN autor critica a una autora, pasan cosas rarísimas: parece que se sustituye la crítica literaria por ataques personales con un cantazo machista que apesta. Veamos algunos ejemplos, los subrayados son míos:
Léautaud sobre Colette
"Colette me dio siempre la impresión de ser extremadamente sensual, un poco perra, incluso, una mujer que lleva exageradamente en la piel..., lleva el amor físico en el rostro. Extremadamente grosera, incluso vulgar..."

Baroja sobre Pardo Bazán
"La Pardo Bazán no me interesó nunca ni como mujer ni como escritora. Como mujer, era de una obesidad desagradable, y como escritora, todo eso del casticismo y del lenguaje no he tenido muchas condiciones para sentirlo".

Zdhánov sobre Ajmátova
"Los temas de la obra de Anna Ajmátova son penosamente limitados. Su obra se basa en los consabidos y quejumbrosos motivos eróticos, la melancolía, la muerte, el misticismo y el aislamiento, siendo ella mitad monja, mitad puta, o más bien ambas cosas a la vez, con su mezquina y estrecha vida privada, sus experiencias triviales y su erotismo místico-religioso. En fin que la poesía de Ajmátova es completamente ajena a la realidad de nuestro pueblo".

Steiner sobre Weil
"¿Simone Weil? El general De Gaulle dijo: «¡Está loca!». Es un juicio difícil de refutar. Hay cosas magníficas…, cosas espléndidas en su obra, pero muy pocas".

Nietzsche sobre Sand
"Lo peor de Sand, ciertamente, continúa siendo la coquetería femenina expresada con unos modales masculinos, con unos modales de jóvenes ineducados. - ¡Qué fría tiene que haber sido, con todo, esta artista insoportable! Se daba cuerda como un reloj - y escribía... ¡Fría como Hugo, como Balzac, como todos los románticos, en cuanto se ponían a hacer poesía! ¡Y qué complacida de sí misma habrá estado tumbada al hacerlo, esa fecunda vaca de escribir, que tenía en sí algo alemán en el mal sentido de la palabra, lo mismo que también Rousseau, su maestro, y que, en todo caso, solo fue posible al decaer el gusto francés!".

Tom Wolfe sobre Sontag
"¿La raza blanca es el cáncer de la historia de la humanidad? ¿Quién era la mujer que había dicho eso? En realidad, solo se trataba de otra escritorzuela que se pasaba la vida acudiendo a actos de protesta y subiendo con torpeza al estrado, pertrechada con su estilo prosístico, una mujer que tenía un adhesivo de aparcamiento preferente en Partisan Review".

Hemingway sobre Stein
"¿Sabes lo más divertido de todo? Gertrude Stein no supo nunca escribir diálogos. Era terrible. Aprendió de mí a hacerlo y lo utilizó en ese libro. Nunca hasta entonces había escrito de esa manera. Nunca pudo perdonarme que se lo enseñara y tenía miedo de que la gente se diera cuenta y comprendiera dónde lo había aprendido, por eso tuvo que atacarme. De verdad que es una graciosa situación. Estoy dispuesto a jurar ante todo el mundo que era condenadamente bonita antes de convertirse en una mujer ambiciosa. Te hubiera gustado mucho entonces, de verdad".

Burgess sobre Woolf
"Dejémonos de tonterías feministas sobre la grandeza de Virginia Woolf. Tenía un conocimiento limitado de la vida y ningún deseo de ampliar ese conocimiento. Menospreciaba los bares, los urinarios, los cuarteles y el contacto y el sudor del sexo. Rechazaba la verdadera materia del novelista, que se encuentra en las calles del Londres de Dickens y del París de Balzac".


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LA LEY Mordaza o similares son funestas porque el escritor no necesita solo libertad sino sobrelibertad: el escritor es un tipo que llega a los límites y se complace jugando con ellos, es alguien que conserva su primate fresco y necesita dar un puñetazo en la mesa de vez en cuando para afirmar su existencia y explorar nuevas vías de expresión. Desde Byron, desde Baudelaire, el escritor incorpora la barbaridad diogenesca a su tarea creativa (pienso en Wilde, en Schopenhauer, en Nietzsche, en Rimbaud, en Breton, en Artaud, en Papini, en Cioran, en Mishima, en Bukowski, por decir algunos casos estruendosos), por lo que salirle al paso con leyes coercitivas es cargarse algunas de las páginas o boutades más sabrosas de la escritura moderna. La barbaridad no sale gratis, ojo: cuando Nietzsche dice “Dios ha muerto”; cuando Unamuno dice “Que inventen ellos”; cuando Sontag dice “La raza blanca es el cáncer de la humanidad”, sus palabras pensadas como flechas se convierten en boomerangs que regresan cargadas de rechazo hacia sus autores, pero ese debe ser el único castigo si no queremos que se empobrezca el campo de la expresión o el pensamiento; si no queremos limitar a los escritores dentro de un sentido común que no es más que el catecismo rebañiego del momento. Esta sobrelibertad de expresión no la pido solo para los escritores sino para todos, naturalmente, pero incido en los escritores porque son los que más la necesitan. Es propio del escritor que de tanto conducir con las palabras empiece a gustarse y a hacer motocross con ellas, por lo que no se puede pedir que vaya despacio a un tipo que necesita derrapar.


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DICE SONTAG que no es tan grave que un poeta se quede ciego, porque el poeta trabaja sobre todo con el oído y es capaz de retener un poema entero en su cabeza (ella pone el ejemplo de Milton; yo pienso en Borges, que escribió mayor cantidad de poemas cuando se quedó ciego), pero que la ceguera es definitiva para un ensayista o novelista, que necesita recordar las docenas o cientos de páginas anteriores de la obra que está escribiendo: aquí pone como ejemplo a Sartre que, cuando se quedó ciego, anunció que sus días como escritor se habían terminado.


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EN LITERATURA solo tengo amigos y señores: amigos son aquellos a quienes leo a favor, el amigo Camus, el amigo Canetti, el amigo Orwell, la amiga Sontag…; y señores son aquellos a quienes leo en contra, el señor Nietzsche, el señor Nabokov, el señor Flaubert, la señora Beauvoir… No tiene nada que ver esta clasificación con la calidad: el señor Nietzsche es mucho mejor escritor que el amigo Orwell, pero leo a Nietzsche buscándole los fallos y a Orwell perdonándoselos…