LO PRIMERO que me he leído como cosmopaleta recién suscrita a The Washington Post es este artículo de hace diez años sobre Shakespeare, que acabo de subir a mi blog de anécdotas, donde Ari Friedlander desmonta cinco mitos sobre el cisne de Avon, entre ellos el de su “inabarcable” repertorio lingüístico. Se nos ha dicho que Shakespeare empleó 30.000 palabras en su obra; Friedlander dice que el número más adecuado estaría más cerca de 20.000, porque sus hagiógrafos contaban tanto las palabras en singular como en plural, de modo que star y stars contaron como dos palabras. También dice Friedlander que la riqueza del léxico de Shakespeare, así como su capacidad creativa para inventar nuevos vocablos, para nada estaban por encima de otros autores ingleses de la época, sino justo en el promedio.
Mostrando entradas con la etiqueta Shakespeare William. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Shakespeare William. Mostrar todas las entradas
893
EN EL aforismo Nº 4027 de su Ideolojía Juan Ramón Jiménez toca el tópico del artista como andrógino:
EN jeneral las mujeres jeniales son algo viriles, los hombres jeniales algo femeniles; porque el jenio necesita integración. Lo humano jenial ha de fundir niño, mujer y hombre simultánea o sucesivamente.Un caso supremo sería bastante como jenio; Goethe: llorón y enérjico, exhibicionista y solitario, enamorado y esquivado, etc.
Ya Platón se refirió al andrógino como al ser original que, al ser dividido en dos, hace que nuestras vidas sean un deseo constante por recuperarlo. Pero Platón no vinculó lo andrógino específicamente con los artistas; los primeros que lo hicieron fueron los románticos alemanes, con los hermanos Schlegel y Novalis a la cabeza, y quien fijó la idea para siempre fue Coleridge en su Biographia Literaria, donde precisó que no es que el artista tenga partes de mujer ni de hombre, sino que las trasciende en una nueva totalidad plena, lo andrógino. Coleridge puso a Shakespeare como el paradigma principal ("Shakespeare no pertenece a ninguna época ni a ningún país. Posee el equilibrio de la mente andrógina"), con lo que estoy en desacuerdo, porque Shakespeare, salvo en sus sonetos, es mucho más andro que gino, con personajes sectarios y tumultuosos que muestran exagerados instintos de agresión. El paradigma que propone Juan Ramón Jiménez, el de Goethe, me parece mucho más adecuado (aunque tiene más gino que andro), porque este autor alemán tiene partes de su obra donde se muestra romántico, nacionalista y subyugado por Napoleón, pero también tiene otras, a mi parecer de más peso, donde se muestra clásico, sereno, spinozista y universal.
839
LO DIFÍCIL que es luchar contra tu metabolismo, pues no con otra cosa se escribe. Victor Hugo se dio cuenta leyendo a Shakespeare de que abusar de "lo grande" te aboca a la retórica y la falsedad; sin embargo él no pudo evitar ese defecto del que era tan consciente. Borges a su vez también se dio cuenta de que Whitman utiliza muchas enumeraciones aburridas en sus libros, tomadas de enciclopedias y manuales de oficios, pero él no pudo evitar el mismo error, pues muchos de sus poemas son catálogos tediosos de sus erudiciones: que si la espada del sajón, que si el Alcorán, que si los obstinados hexámetros, que si el hijo de Laertes...
836
DIJE QUE The Guardian era el mejor diario del mundo, pero algunas de sus publicaciones me hacen pensar que me precipité en el juicio. Por ejemplo esta, donde preguntan a algunos escritores sobre quién es mejor, si Shakespeare o Dickens.
Ya el modo disyuntiva, más típico de Quora o Reddit, no es aceptable en un diario serio, pero es que además la pregunta por fuerza la ha tenido que formular un sandio o un patriota, por decir dos sinónimos. ¿Dickens al nivel de Shakespeare, me estáis hablando en serio?
Está Shakespeare, luego un desierto enorme, después del desierto un océano, después del océano Siberia, y después de Siberia ya asoman tímidamente los demás (Dante, Cervantes, Dostoyevski, Proust, etc).
833
STEPHEN VIZINCZEY plagiándome con cincuenta años de antelación en su artículo Por qué la literatura inglesa no basta:
• • • La enseñanza de literatura inglesa en vez de literatura es a mi juicio la más nociva de todas las perversamente equivocadas prácticas docentes, porque roba a nuestra vida intelectual y artística una gran cantidad de sabiduría e inspiración. Es como si tuviéramos un sistema de educación musical que no enseñara música, sino sólo música inglesa, y no hubiera apenas en Inglaterra músicos o amantes de la música que hubiesen oído alguna vez una sola pieza de Mozart.• • • La mayoría de los educadores no ha llegado todavía a comprender algo tan elemental como la universalidad de la gran literatura, o mejor dicho, no parecen conscientes de lo escasa que es. La preocupación exclusiva por los autores nativos se deriva, al menos en parte, de la creencia de que hay multitudes de escritores importantes en todos los rincones del mundo… un error debido a la incapacidad para distinguir entre los hábiles y los incomparablemente profundos.• • • Existe, por supuesto, el argumento de que las virtudes de un escritor son inseparables de su lenguaje, lo cual suele ser efectivamente cierto en la poesía. Sin embargo, no es cierto para la prosa, ni siquiera para el drama escrito en verso. Para empezar, la parte más emocionante y más esclarecedora de cualquier novela es la historia; el escritor no describe cómo encajan las cosas en el mundo a través de las palabras, sino a través de la estructura, y los personajes no revelan su identidad más íntima a través de sus discursos, sino a través de sus actos.• • • En cuanto al lenguaje en sí, yo diría que la literatura no trata del lenguaje, sino de la vida; no trata de los sonidos de las palabras, sino de su significado, y los escritores más importantes para todas las naciones son aquellos que representan a la humanidad del modo más significativo…, y por esto el mayor dramaturgo francés es Shakespeare en francés.• • • Todo esto es un modo de sugerir que los más grandes novelistas ingleses y americanos del siglo XIX son Pushkin, Gógol, Dostoyevski, Tolstoi, Stendhal y Balzac en inglés.
784
INCREÍBLE LO que se parece a la mía la visión de Goethe sobre territorio y cultura. Este autor fue brevemente nacionalista, en la época juvenil en que fue amigo de Herder, pero pronto se dio cuenta de que el nosotrismo se oponía a su amplitud de miras:
Como hombre, como ciudadano, el poeta amará su patria; pero la patria de su fuerza y de su acción poéticas son la Bondad, la Nobleza, la Belleza, que no están ligadas a ninguna provincia especial, a ningún país especial, que él toma y forma allí donde los encuentra.
Goethe vivió la época del florecer del volksgeist alemán, pero enseguida se le enfrenta con una propuesta más humana:
¿Qué significa "ama a tu patria" y qué significa "actuar patrióticamente"? Si un poeta se esforzó durante toda su vida por luchar contra los prejuicios dañinos, eliminar las opiniones estrechas, iluminar las mentes de su pueblo, purificar sus gustos y ennoblecer sus actitudes y formas de pensar, ¿qué mejor cosa puede hacer? ¿Y cómo debería verse más patriota?
La diferencia fundamental conmigo es que Goethe sí que se siente alemán y cree en la existencia de la nación y la cultura alemanas, frente a mi visión anti de corte racional-anarquista, pero a continuación dice que el contexto de nacimiento y cultura es un límite que, en lugar de ser celebrado, debe ser superado gracias a las traducciones y al interés por otras culturas:
Es muy buena cosa que ahora, con el estrecho intercambio entre franceses, ingleses y alemanes, nos corregimos unos a otros. Ése es el fruto de una literatura cosmopolita. Carlyle ha escrito la vida de Schiller, y lo ha juzgado en general de una manera como no es fácil lo haga ningún alemán. En cambio, nosotros estamos al tanto de Shakespeare y Byron, y sabemos apreciarlos quizá mejor que los ingleses mismos.
Para Goethe, el valor de una obra no se mide por la precisión con que ha retratado un lugar o cultura, sino al contrario: una obra solo vale si deja más valores duraderos que los referidos al "dónde" y al "cuándo", que en lenguaje maricrónico se traduciría por "POR FAVOR NO LLAMÉIS CULTURA A LO QUE ES SOLO ETNOCENTRISMO".
Por otra parte, tiene una idea descentralizada de la cultura, que conecta con mi concepto barrional: él siempre se opuso a que Berlín se convirtiera en la capital alemana de las artes y predicó con el ejemplo, pues fijó su residencia en Weimar y trabajó para que las artes de aquel lugar no tuvieran nada que envidiar a las del resto de Alemania.
766
LA CANTIDAD de escritores que han atacado a Shakespeare por efectista o chapucero, pienso en Voltaire, en Samuel Johnson, en Pope, en Byron, en Gide, en Nietzsche, en Tolstói, en Shaw, en Orwell, en Borges, en Bernhard... La mayoría de ellos reconocía sus méritos e incluso uno (Borges) lo situó como el mejor autor de todos los tiempos, a pesar de sus fallas, pero no deja de asombrar el número y calidad de esta nómina.
715
PIENSO A menudo en este detalle. Mientras Montaigne no pudo leer a Cervantes ni a Shakespeare, y Cervantes solo leyó a Montaigne, Shakespeare en cambio pudo leer tanto al francés como al español, que le influyeron de tal manera que hasta tomó trozos enteros de sus obras (del Quijote tomó para escribir Cardenio, hoy perdida, y de Montaigne para escribir La tempestad).
Tampoco otros autores posteriores, como Lope, Calderón, Racine, Corneille, Moliére o Goldoni, leyeron una línea de Shakespeare, lo que quizá hubiera cambiado sus obras por completo. Al final, la aparente desventaja de pertenecer a una tradición literaria débil, o quizá no tan débil pero perjudicada por su insularidad, como sucedía con la inglesa de aquel momento, de la que no se hacían traducciones (las tres grandes literaturas del Renacimiento y el Barroco europeo fueron la castellana, la italiana y la francesa), fue una circunstancia que benefició a Shakespeare, al que sí que le llegaban las traducciones del trío de países latinos.
Shakespeare chupó de los grandes europeos de la época, pero los grandes europeos no pudieron chupar de Shakespeare. Trescientos cincuenta años después iba a ocurrir lo mismo en Latinoamérica: Neruda, Borges, Rulfo, Paz, Carpentier, García Márquez o Vargas Llosa, que procedían de tradiciones débiles, se pusieron a leer las poderosas tradiciones occidentales, mientras que los europeos, víctimas de la complacencia y de su pretendida superioridad, se encerraron sobre todo en sus tradiciones nacionales. Es famoso que Neruda se hacía cruces cuando llegó a Madrid y descubrió que la mayoría de los escritores españoles solo conocían el castellano. Para cuando quisieron darse cuenta, la literatura europea de la segunda mitad del siglo XX ya había decaído y la literatura panhispánica pegaba el gran salto: los nuevos Shakespeare estaban en Latinoamérica.
706
ASÍ COMO llevamos siglos preguntando cómo Shakespeare sabía tanto sin haber disfrutado de una gran educación, Stefan Zweig también se asombra del conocimiento ignorante de Balzac:
Centrémonos en Balzac. ¿Cómo llega uno a acumular tanto conocimiento sobre los hombres y sobre la vida? La biografía del autor no ayuda a esclarecer este enigma, al contrario. Apenas tuvo trato con el mundo, su contacto con la sociedad se reduce a dos o tres años. Las obras maestras de su juventud las escribe en una modesta buhardilla. Apenas disfrutó de la vida. Incluso sus aventuras amorosas fueron más ficción que realidad. De hecho, son fundamentalmente relaciones epistolares. Balzac, el mago de la ilusión, podía fantasear con una mujer igual que se proyectaba en los héroes de sus libros, en lucha contra el destino, tratando de conquistar París una y otra vez.
¿Y si algunos escritores, como tantos sostienen, están ya construidos en la tripa de su madre? No quiero decir que todos los escritores nazcan, sino solo algunos de ellos. Los demás deben coger el pico y la pala y, si se esfuerzan el doble o el triple día tras día, a veces llegan a recuperar la ventaja que les sacan los innatos.
684
DICE ESTA noticia de la Cadena Ser (AQUÍ) que ChatGPT ya ha creado una IA que escribe mejor que el 99% de la gente (mejor que una, por tanto). Pero eso ya se veía venir. El escritor más grande de todos, Shakespeare, se pasa toda su obra haciéndose líricamente el ingenioso, hasta sus personajes más sencillos resulta que son ingeniosos y líricos, se nota a leguas que en sus obras existe una mano uniforme que mece la cuna. El novelista más grande de todos, Dostoyevski, parece que ha creado muchos personajes impresionantes, pero poco a poco te das cuenta de que son el mismo, de que siempre crea personajes desquiciados, entre lo angelical y lo satánico, que son una prolongación del propio Dostoyevski, que está detrás y no puede salir de sí mismo. Y qué decir del sublime sin interrupción Oscar Wilde: hasta sus contemporáneos le reprochaban escribir “con la maquinita de La Rochefoucauld”, la misma maquinita de todos los aforistas occidentales, que consiste en dar la vuelta mecánicamente a los conceptos comunes, con vistas a producir aforismos supuestamente insólitos que, después de trescientos en serie, suenan ya tan trillados como los anteriores.
Escucho que se dice: “Es una vergüenza que los robots de IA nos copien a los humanos”. Mentira. Nunca hemos sido solo humanos, sino robots también. A ver por qué me voy a quedar yo aquí, viviendo sola con mis dos gatos, si los humanos sois tan complejos como decís. Las IAs copiando a humanos son simples robots que copian a otros robots, y, como se está demostrando, a los robots IA les ha costado bien poco volverse mejores que los robots humanos.
640
SUPONGO QUE estaréis al tanto de la noticia de la universidad Bicocca de Milán, que decidió suspender un curso sobre Dostoyevski a causa de la invasión rusa de Ucrania y luego ha rectificado. Este tipo de comportamientos estúpidos, sin embargo, no son tan excepcionales: Stefan Zweig cuenta en sus memorias El mundo de ayer cómo, al comenzar la Primera Guerra Mundial, se libró una lucha cultural entre naciones:
Shakespeare fue proscrito de los escenarios alemanes; Mozart y Wagner, de las salas de conciertos franceses e ingleses; los profesores alemanes explicaban que Dante era germánico; los franceses, que Beethoven era belga; sin escrúpulos requisaban los bienes culturales de los países enemigos, del mismo modo que los cereales y los minerales.
603
FLAUBERT EN una carta a Colet, sobre Shakespeare:
Cuando leo a Shakespeare me vuelvo más grande, más inteligente y más puro. Llegado a la cima de una de sus obras, me parece que estoy en una alta montaña: todo desaparece y todo aparece. Ya no se es hombre, se es ojo; surgen horizontes nuevos, las perspectivas se prolongan hasta el infinito.
553
DECLARA CÉSAR Aira sobre Sarmiento en una entrevista de 2008:
Hay una cosa en Sarmiento que no me gusta, y es que era un hombre que no leía, era de esos políticos que eligen su tema para entrar en la vida pública, en su caso la educación, el saber, pero paradójicamente él no leía, no dejó una biblioteca. En sus voluminosas cartas, nada menos que 25.000 páginas –si se las publicara completas ocuparían kilómetros de estanterías–, cuenta de todo, hasta el movimiento de sus intestinos, sueños, estornudos, todo lo que le pasaba, pero en esas decenas de miles de páginas no hay una sola mención a un libro. Nunca tuvo un libro en sus manos ni el gusto de hablar de la lectura: se las arreglaba con la lectura de periódicos, de revistas. Y escribió tanto que se ha calculado, haciendo unas sencillas operaciones de multiplicación y división, que redactó unas 70 páginas por día de promedio. ¿Cómo iba a tener tiempo para leer libros?
Esto no lo entiendo. Yo tampoco tolero mucho a los que no leen, porque en el 99% de los casos escriben cosas pésimas, pero cesa mi intolerancia si las escriben buenas, como en el caso de Sarmiento. Existen ingenios legos que han escrito obras maestras, aunque no sé hasta qué punto vale esta definición, porque hasta a Shakespeare y Cervantes se les ha acusado de ser ingenios legos. El propio Aira reconoce en la misma entrevista que Sarmiento escribió cosas buenas y que en el Facundo se pueden leer escenas fantásticas, por lo que, entonces, ¿qué problema hay? Por otra parte, que Sarmiento no hable de libros en sus cartas, acusación que también he escuchado contra Lorca, es otro punto que no entiendo: ¿es que los autores tienen que vivir en escritor las 24 horas del día y hablar de libros hasta en las cartas a mamá?
455
NOS GUSTA hablar del genio y del mediocre como dos criaturas que se excluyen, como si Mozart fuera siempre Mozart y Salieri nunca consiguiera despegar de Salieri, pero bastaría con darse cuenta de que el mismo autor que escribió Macbeth escribió también la prescindible La vida y la muerte del rey Juan; el mismo que escribió el Quijote escribió también el pesado Viaje del Parnaso; el mismo que escribió Residencia en la tierra escribió también el incalificable Invitación al Nixonicidio, para concluir que el escritor frutece a veces espléndido y otras muy limitado, con Mozart y Salieri conviviendo a la vez en cada uno de ellos, incluso en los más grandes, y que ser “sublime sin interrupción” es solo una boutade con la que Baudelaire quiso formular un deseo imposible. Belinski a Ánnekov: “¿Has leído el relato La dueña, de Dostoyevski? ¡Un disparate espantoso! ¡Y nosotros que pensábamos que era un genio! ¡Cómo pudimos dejarnos embaucar!”.
425
SI REALMENTE quieres apoyar a la literatura, lee y no escribas. Los lectores hacen mucha falta y los escritores ninguna. Este consejo es válido para todos los lugares, todas las épocas y todas las personas, salvo Shakespeare y algún que otro más.
368
LOS MORALISTAS franceses siguen ganando terreno al mar. Tenía ayer el libro de los moralistas franceses de la editorial Almuzara en mi mano, sin duda el mamotreto que más he leído en los últimos cinco años, y me dio por hacerme la pregunta estúpida y tópica de las cinco de la tarde: ¿qué libro me llevaría a una isla desierta, este que tengo en las manos o la obra completa de Shakespeare? Y por primera vez en mi vida, Shakespeare se me escurrió. Sí. Me puse de parte de los moralistas franceses porque ya tengo una edad y cada vez me aburre más la literatura, incluso la mejor de las literaturas. Shakespeare… es exagerado, todos sus personajes son exagerados, todos son ingeniosos, abusa de los golpes teatrales y sobre todo abusa de la muerte, la que aparece por todas partes sin venir a cuento. ¿Cómo es eso de que, porque mi amada o mi padre o mi hermano se mueran o sean asesinados, yo tengo que suicidarme? Poner a la peña a suicidarse a lo William, con gente haciendo cola y chorros de sangre por todas partes, es algo que ejemplifica su poco conocimiento del ser humano. ¿O realmente lo conocía mejor pero se daba cuenta de que las localidades de teatro se venden en mayor número si cuentas lo impresionante de la vida, aunque sea mentira, en lugar de su mediocridad infinita, aunque sea cierta?
338
NIETZSCHE, UN enemigo natural al que amo. ¿Qué me pasa con Nietzsche? ¿Detesto de verdad a Nietzsche? A priori, es un escritor que me da náuseas: su misoginia, su aristocratismo, el tono olímpico con el que escribe algunos de sus libros, más propio de un troll que de un sabio o un filósofo, su desprecio por los débiles, su antiigualitarismo, su admiración por los sofistas, su esteticismo a ultranza, sus panegíricos en favor del dios del Antiguo Testamento y de todos los genocidas (Alejandro Magno, Julio César, César Borgia, Federico el Grande, Napoleón), en quienes encuentra la más alta concreción de su lamentable “voluntad de poder”, no me dejan más opción que considerarlo un antagonista a batir: la relación que mantengo con él como lector es sin duda la más tóxica. Y sin embargo, ¿a quién he leído yo tanto como a Nietzsche, salvo a Hugo, Neruda, Balzac, Lope, Quevedo, Shakespeare, Borges, Cioran y Umbral? ¿Y no es cierto que es el autor con el que más me río, también del que más me río? ¿No es cierto también que a veces me siento mal por reírme de un ser tan débil y siento ternura por aquel enfermo cegato que fingía fuerza y salud? ¿Y además cómo iba a ser solo risa la que dirijo a un escritor al que considero un monstruo de las letras de una magnitud solo comparable a la de Hugo o Shakespeare?
293
QUE SHAKESPEARE no era consciente de la magnitud de su calidad literaria y que por eso no se preocupó de publicar sus obras, como se dice, no hay quien se lo crea. Shakespeare vive en la misma esquizofrenia que Pascal, que Teresa de Cepeda, que Lope o que Botticelli, que quemó sus cuadros más sensuales y vitalistas influido por las predicaciones de Savonarola: Shakespeare es un cristiano que hace la obra más anticristiana de su tiempo, una obra nada edificante donde hay intrigas, asesinatos, codicias, traiciones, sexo y truculencias de todo tipo. Los puritanos de la época, que con el tiempo conseguirán que se cierren los teatros, le acusaron toda la vida de exponer en escena inmoralidades que corrompían a la población, con lo que hicieron que Shakespeare se sintiera un gusano y un pecador, autoflagelo que se encuentra en casi todos los autores de su época. Por eso, cuando se hace mayor y siente la presencia de la muerte, Shakespeare reniega de su obra dramática, porque piensa que le impide el acceso al cielo. En cambio él mismo se encarga de la publicación de sus Sonetos, ¡porque los sonetos sí que son edificantes! No es que no creyera en la gloria literaria, sino que pensaba que su salvación personal era más importante. Que ni Homero, ni Esquilo, ni Salustio habían llegado a semejantes cotas de intensidad ni profundización en lo humano, eso lo conocía perfectamente: lo propio de los escritores con una gran capacidad creativa es que tienen una capacidad crítica no menor. Un tío que escribe Hamlet, y Macbeth, y Otelo, y El Rey Lear, entre otras quince o veinte obras maestras en fila, ¡cómo no se va a dar cuenta de que estaba reventando las costuras de las letras! ¡Vamos, hombre!
------------------------------------------
NOTA DE LA ADMINISTRADORA: Existe una vía más sencilla y quizá más acertada para explicar que Shakespeare no publicara sus obras dramáticas. Escribe Borges en su prólogo a Macbeth: "Shakespeare no dio sus obras a la imprenta (con alguna que otra excepción) porque las escribió para la escena, no para la lectura. De Quincey observa que las representaciones teatrales no suministran menos publicidad que las letras de molde. A principios del siglo XVII escribir para el teatro era un menester literario tan subalterno como lo es ahora el de escribir para la televisión o el cinematógrafo. Cuando Ben Jonson publicó sus tragedias, comedias y mascaradas bajo el título de Obras, la gente se rió de él".
236
HAMLET fue la única obra literaria de un autor no hispánico que me hicieron leer desde EGB a COU. Y Rubén Darío y Pablo Neruda fueron mis dos únicas lecturas en español de autores no nacidos en España: ahí se acabó en mis planes de estudio toda la representación de la literatura extranjera (total, qué importa, si los extranjeros solo suponen el 99'4% del mundo). Y conste que estudié en un tiempo donde las competencias de educación aún estaban en manos del estado central y no de las autonomías, como están ahora, lo que hace temerme lo peor. Si a mí me obligaron a leer un saco de escritores de segunda por culpa de la superstición España, ¡cuántos de tercera y hasta de cuarta no te harán leer por culpa de la superstición Euskadi o la superstición Catalunya!
214
VOY A por vosotros, os lo juro, como escritor os declaro mis enemigos, señores Teognis, Tácito, Maquiavelo, Hobbes, La Rochefoucauld, Swift, Schopenhauer, Chéjov, Léautaud, Cioran, Bernhard, Houellebecq. Escribir es un acto religioso y celebratorio: consiste en agradecer el milagro de estas manos que pulsan las teclas, estos ojos que leen lo concebido, este cerebro que tacha, esta piel que siente y corre y bailotea. Llevamos demasiado tiempo sembrando flores del mal y tomando por maestros a los cascarrabias y amargados de la literatura: viva Homero, viva Safo, viva Píndaro, viva Plutarco, viva Luciano, viva Khayyam, viva Montaigne, viva Shakespeare, viva Hugo, viva Whitman, viva Neruda, vivan los que elevan y sonríen y agradecen esta existencia, porque ellos son mis amigos y no los que la escupen y agreden y calumnian.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)