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EN LA mafia España no existe historia ni literatura: existe solo nacional-historia y nacional-literatura, la primera controlada por la derecha y la segunda por la izquierda. A su vez, la mafia Euskadi y la mafia Catalunya operan del mismo modo, pero como sus naciones oficiosas son más pequeñas, el cutrerío de sus historias y sus escritores inmarcesibles alcanza alturas todavía más sonrojantes.

¿En qué ranking internacional figuraba Almudena Grandes? ¡A ver si resulta que era una novelista imprescindible, y yo sin enterarme! Si la ciudad de Madrid tiene que hacer un reconocimiento a una escritora, debe de hacérselo a Safo, a Virginia Woolf, a Marguerite Yourcenar, a Emily Brönte o a Murasaki Shikibu. Si Madrid quiere ser una ciudad orientada al mundo, de las que piensan que la literatura no sirve para formar bandos sino para deshacerlos, no para fortalecer una monoidentidad sino para ofrecer excelencia en todas las direcciones, debe homenajear a las escritoras más grandes, nazcan donde hayan nacido, y no a escritoras menos buenas, por mucho que hayan nacido justo al lado del oso y el madroño.


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ACABO DE concluir Introducción a la literatura inglesa, de Borges, sorprendida de que solo aparezcan dos mujeres: Virginia Woolf y Vita Sackville-West. No aparecen ni siquiera citadas figuras del tamaño de Jane Austen, las hermanas Brönte, George Eliot, Mary Shelley o Christina Rossetti, que figuran en cualquier antología no ya de literatura inglesa sino de literatura universal. Las ausencias aún son más estupefacientes si tenemos en cuenta que el libro está escrito en colaboración con la escritora María Esther Vázquez, a la que tampoco le debía parecer escandalosa la omisión de estos nombres.

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COMPRENDO A Flaubert cuando dice que la inspiración es enemiga jurada del escritor, al punto de que dejaba de escribir cuando se notaba inspirado. Lo comprendo en su caso. Lo que llamamos inspiración no es más que una corriente de calor que da a nuestros textos fuerza, intensidad y lirismo, una corriente muy beneficiosa para escritores de la cuerda de Esquilo, Shakespeare o Emily Brontë, pero que puede ser perjudicial para escritores como Flaubert, Proust o Virginia Woolf, más atentos al detalle y a la exactitud. Lo propio de la inspiración es que el texto tire de nosotros y rompa o supere nuestros planes primeros para llevarnos a una parte mejor e insospechada; el escritor gongomallarmeano, en cambio, aborrece la idea de entregar el timón a nadie o navegar bajo vientos que no pueda controlar.