SIMPLEMENTE LEYENDO lo que algunos grandes autores alemanes, antes de las guerras mundiales, dijeron sobre sus compatriotas, podríamos habernos ahorrado cualquier ilusión sobre sus posibilidades futuras, aunque se debe matizar que lo de presentar a los alemanes anteriores a Hitler como "el pueblo más culto de Europa" solo se comenzó a hacer después de la catástrofe nazi, con el fin de que los libros y reportajes sobre el tema quedaran más tremendos. ¿Los más cultos? Lichtenberg decía que los alemanes eran tan borregos que "no se atreven a afirmar que "hace frío" antes de escuchar que otros lo dicen"; Schopenhauer afirmaba en público que eran el pueblo más necio del mundo, "más aburridos que gorros de dormir"; Nietzsche sostenía que Alemania era la nación más plana de Europa y que la sola proximidad de un alemán le "retardaba la digestión"; Heine avisó de que la intolerancia y fanatismo de sus compatriotas auguraba una hecatombe en el futuro; Einstein renunció a la ciudadanía alemana en 1895 a causa del antisemitismo y "mentalidad de rebaño" de sus coterráneos; y Kant, queriendo elogiarlos, dijo que los alemanes habían nacido para la obediencia y que necesitaban "un amo", por muy despótico que fuera, que les garantizara el orden.
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DICE NIETZSCHE en el aforismo 109 de El caminante y su sombra, el subrayado es mío:
El tesoro de la prosa alemana.—Al margen de las Obras de Goethe, y especialmente de sus Conversaciones con Eckermann, el mejor libro alemán que existe, ¿qué queda en suma de la literatura alemana en prosa que merezca leerse una y otra vez? Los Aforismos de Lichtenberg, el primer libro de Historia de mi vida de Jung-Stilling, El Veranillo de Adalberto Stifter, Gente de Seldwyla de Gottfried Keller y pare usted de contar.
Así empiezan muchos de los grandes destinos en la escritura: con el desprecio del nosotros pequeño, que abarca el 1%, y el abrazo y apropiación del nosotros grande, que abarca el 99% de las letras.
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EL TRUCO que utilizo para sentirme joven es convencerme de que voy a ser un moralista francés. Con 50 años ya soy viejo para poeta, pero soy joven para moralista francés. Este tipo de escritor nace donde le da la gana: Canetti, Diógenes, Teofrasto, Plutarco, Ligne, Cioran, Nietzsche, Gracián, Drukpa Kunley, Feynman, Jesús, Emerson, Gibrán, Galeano, Pessoa, Papini, Machado, Confucio, Ortega, Unamuno, Lichtenberg, Buda, Gómez Dávila, Taleb, Einstein o Thoreau son moralistas franceses sin haber nacido en Francia. Para este tipo de lechuza hay que tener buena pluma y sentido del humor, ser más agudo que inteligente y más concreto que abstracto. El moralista francés hace poesía, pero en prosa; política, pero de autor; filosofía, pero de tierra; religión, pero herejía. Somos el escritor anfibio, fauna y flora en la misma pluma: somos el tigre libresco saliendo del interior de un tulipán.
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DICE LICHTENBERG que los versos, como los cangrejos, solo se dan en los meses que no llevan erre. En alemán no llevan erre los mismos meses que en español: Mai, Juni, Juli y August. Ignoro de dónde procede esta ocurrencia que castiga a la poesía de otoño e invierno.
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VOY HACIENDO un catálogo de momentos-propicios-para-escribir-poemas según la opinión de escritores de todos los tiempos y lugares. Edward Fitzgerald sostenía que un poeta solo puede escribir versos diez o doce veces en su vida, y solo en el caso de que le sean propicios los astros. Miguel Torga asegura en sus diarios que la inspiración viene de siete en siete años. Lichtenberg dice en sus aforismos que los versos son como los cangrejos y solo se dan en los meses que no llevan erre: Mai, Juni, Juli y August. Emerson, por último, sostiene que todo el mundo disfruta de su instante de poesía, solo que éste le llega un cuarto de hora antes de morir.
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