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¿Y POR qué nunca coloqué a Hermann Hesse en mi santoral de escritores cívicos al lado de Camus y Orwell, al menos hasta hace poco tiempo? Por motivos biográficos, supongo: cuando empecé a estudiar en la Universidad de Leioa, allá por el año 1992, triunfaba la moda Hermann Hesse mientras yo vivía en la pasión Bertolt Brecht. Con todo, accedí a leerme DemianSiddhartha El lobo estepario, pero los encontré demasiado individualistas e irracionales para mi gusto: entonces yo era más comunitario y racional de lo que soy ahora.

Sin embargo, con el paso de los años me he ido haciendo ultraindividualista y he conectado con Hesse, que además en la lucha contra el patriotismo va mucho más lejos que Camus y Orwell, que eran antinacionalistas pero patriotas éticos (pensaban que ese combo era posible, los pobres). Por otra parte, en Hesse existe otro elemento que me entusiasma, y es que no es monista, no ve el universo como una mera agrupación de átomos, sino que siente que en la existencia hay algo más, pero eso no le hace despeñarse en el irracionalismo a todo trance sino que también es un ilustrado.

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ES INCREÍBLE, es vergonzoso, es intolerable la cantidad de años que la izquierda europea estuvo fascinada o secuestrada por el comunismo soviético. La famosa obra de Orwell, Rebelión en la granja, por ejemplo, permaneció durante un año pasando de editor en editor y de agente en agente, sin que nadie se atreviera a publicarla. Estaba a punto de concluir la Segunda Guerra Mundial y la Unión Soviética ya se atisbaba como el nuevo gigante planetario, por lo que nadie quería sufrir las consecuencias. Hasta un poeta tan poco sospechoso de izquierdismo como T. S. Eliot, que se encargaba del sello Faber, no quiso dar el paso y le reprochó a Orwell: “¿Tenía que ser el cerdo el animal que representara a los bolcheviques?”.


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DICE HENRY Miller en Hablan los escritores:
A pesar de que era un tipo estupendo a su manera, creo que en el fondo, Orwell era estúpido. Como tantos otros ingleses, era idealista y, en mi opinión, un idealista imbécil. Un hombre de principios, como se dice. La gente de principios me aburre.
Cosas parecidas he leído de Genet refiriéndose a Camus o de Bukowski refiriéndose a Ginsberg. Desde el otro lado, también se pueden encontrar muchas declaraciones de escritores engagés acusando a los demás de escapistas. Esta división se suele disolver cuando la situación social llega al límite: en caso de guerra o catástrofe hasta los artistas más puros se ponen a escribir en político, salvo excepciones. A veces esta guerrilla literaria (Neruda) es cruenta: cuando a Harry Martinson le dieron el Nobel de literatura en 1974, fueron tales las críticas que recibió por ser un poeta no comprometido, que el pobre Martinson, hipersensible, tomó unas tijeras y se hizo un harakiri a la europea, infligiéndose heridas tan graves que falleció en un hospital meses más tarde.


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EL AUTOR con tendencias moralizantes (una misma) está condenado a escribir poemas, aforismos, ensayos o diarios si no quiere malograr su obra, pues toda ficción que emprenda va a quedar arruinada por su necesidad de dirigir, su inevitable tendencia a obligar a los personajes a que hagan o digan eso. Algún moralista que otro consiguió escribir buenas obras de ficción, pero los que no eran moralistas las escribieron mucho mejores. Si examinas obras con mensaje como Cándido, de Voltaire, Tarás Bulba, de Gogol, Rebelión en la granja, de Orwell, y las comparas con Bartleby, el escribiente, de Melville, El extranjero, de Camus, o El proceso, de Kafka, te das cuenta de que en las primeras se nota demasiado el andamio, sus personajes corresponden a unos arquetipos dispuestos para que encajen en el mensaje final; en las segundas, en cambio, los personajes disfrutan de libertad y el único mensaje final que nos dejan es el de la complejidad e incertidumbre de esta existencia. Mientras las primeras son alegorías de la vida, las segundas son la vida misma, refractaria a meterse en cajas.


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DE ZWEIG me enamora su europeísmo (si bien se pasa y llega al eurocentrismo), pero me disgusta su clasismo y su talante conservador. Veamos cómo narra en El mundo de ayer el período de inflación por el que pasó Alemania después de la primera guerra mundial:
Se habían alterado todos los valores, y no solo los materiales; la gente se mofaba de los decretos del Estado, no respetaba la ética ni la moral, Berlín se convirtió en la Babel del mundo. Bares, locales de diversión y tabernas crecían como setas. Lo que habíamos visto en Austria resultó un tímido y suave preludio de aquel aquelarre, ya que los alemanes emplearon toda su vehemencia y capacidad de sistematización en la perversión. A lo largo de la Kurfürstendamm se paseaban jóvenes maquillados y con cinturas artificiales, y no todos eran profesionales; todos los bachilleres querían ganar algo, y en bares penumbrosos se veían secretarios de Estado e importantes financieros cortejando cariñosamente, sin ningún recato, a marineros borrachos. Ni la Roma de Suetonio había conocido unas orgías tales como lo fueron los bailes de travestís de Berlín, donde centenares de hombres vestidos de mujeres y de mujeres vestidas de hombres bailaban ante la mirada benévola de la policía. Con la decadencia de todos los valores, una especie de locura se apoderó precisamente de los círculos burgueses, hasta entonces firmes conservadores de su orden. Las muchachas se jactaban con orgullo de ser perversas; en cualquier escuela de Berlín se habría considerado un oprobio la sospecha de conservar la virginidad a los dieciséis años; todas querían poder explicar sus aventuras, y cuanto más exóticas mejor. Pero lo más importante de aquel patético erotismo era su tremenda falsedad. En el fondo, el culto orgiástico alemán que sobrevino con la inflación no era sino una febril imitación simiesca; se veía en aquellas muchachas de buenas familias burguesas que habrían preferido peinarse con una simple raya en medio antes que llevar el pelo alisado al estilo de los hombres y comer tarta de manzana con nata antes que beber aguardiente; por doquier se hacía evidente que a todo el mundo le resultaba insoportable aquella sobreexcitación, aquel enervante tormento diario en el potro de la inflación, como también era evidente que toda la nación, cansada de la guerra, en realidad anhelaba orden y sosiego, un poco de seguridad y de vida burguesa, y que en secreto odiaba a la República, no porque reprimiera esta libertad desordenada, sino, al contrario, porque le aflojaba demasiado las riendas. Quien vivió aquellos meses y años apocalípticos, hastiado y enfurecido, notaba que a la fuerza tenía que producirse una reacción, una reacción terrible. Y los que habían empujado al pueblo alemán a aquel caos ahora esperaban sonrientes en segundo término, reloj en mano: «Cuanto peor le vaya al país, tanto mejor para nosotros». Sabían que llegaría su hora. La contrarrevolución empezaba ya a cristalizarse alrededor de Ludendorff, más que de Hitler, entonces todavía sin poder; los oficiales degradados se organizaban en sociedades secretas; los pequeños burgueses que se sentían estafados en sus ahorros se asociaron en silencio y se pusieron a la disposición de cualquier consigna que prometiera orden. Nada fue tan funesto para la República Alemana como su tentativa idealista de conceder libertad al pueblo e incluso a sus propios enemigos. Y es que el pueblo alemán, un pueblo de orden, no sabía qué hacer con la libertad y ya buscaba impaciente a aquellos que habrían de quitársela.
A Zweig le parece mal la llegada de la alegría y el desorden. Habla de "orgías que ni en la Roma de Suetonio", pero luego no es capaz de decir nada que sea escandaloso, porque el escándalo solo está en su mente. Obsérvese los puntos de encuentro entre la situación que narra Zweig y la situación que vivimos ahora, en la que las minorías empoderadas han suscitado la reacción ultraderechista.

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Escribe Kapuscinski en Lapidarium IV:
Cuando hice mis primeros viajes a África, en los años cincuenta y sesenta, la presencia de europeos era muy visible e importante. Hoy ya no lo es tanto. Tampoco existen sus instituciones. África ha vuelto a ser muy africana. Han vuelto la mentalidad y las costumbres de antaño. A veces nos saca de quicio el hecho de que allí nadie tiene sentido del tiempo, que nadie presta atención al reloj. Cuando alguien queda en encontrarse con alguien, aparece a la hora en la que consigue llegar. África es así.
Los africanos, en cambio, lo deben ver de forma distinta, como dice ese proverbio muy extendido por el continente: "Todos los hombres blancos tienen reloj, pero nunca tienen tiempo". Tampoco este defecto o virtud de no valorar el segundero es propiedad de los africanos, sino que está muy repartido por el mundo. George Orwell, por ejemplo, se lo aplica a los españoles en Homenaje a Catalunya:
Los extranjeros que servían en la milicia empleaban su primera semana en aprender a amar a los españoles y en exasperarse ante algunas de sus características. En el frente, mi propia exasperación alcanzó algunas veces el nivel de la furia. Los españoles son buenos para muchas cosas, pero no para hacer la guerra. Los extranjeros se sienten consternados por igual ante su ineficacia, sobre todo ante su enloquecedora impuntualidad. La única palabra española que ningún extranjero puede dejar de aprender es mañana. Toda vez que resulta humanamente posible, los asuntos de hoy se postergan para mañana; sobre esto, incluso los españoles hacen bromas. Nada en España, desde una comida hasta una batalla, tiene lugar a la hora señalada. Como regla general, las cosas ocurren demasiado tarde, pero, ocasionalmente —de modo que uno ni siquiera puede confiar en esa costumbre—, acontecen demasiado temprano. Un tren que debe partir a las ocho, normalmente lo hace en cualquier momento entre las nueve y las diez, pero quizá una vez por semana, gracias a algún capricho del maquinista sale a las siete y media. Tales cosas pueden resultar un poquito pesadas. En teoría, admiro a los españoles por no compartir la neurosis del tiempo, típica de los hombres del norte; pero, por desgracia, ocurre que yo mismo la comparto.

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EN MENUDO jardín se ha metido Richard Dawkins al decir en witter que no le gusta La metamorfosis de Kafka, hasta se ha convertido en trending topic:
La metamorfosis de Kafka se considera una obra maestra de la literatura. ¿Por qué? Si es ciencia ficción, es mala ciencia ficción. Si, como Rebelión en la granja, es una alegoría, ¿una alegoría de qué? Las respuestas académicas van desde las freudianas pretenciosas hasta las feministas más descabelladas. No lo entiendo. ¿Dónde está el traje del Emperador?

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YA QUE el tweet de Dawkins se ha convertido en uno de los pocos trending topics que merece la pena leerse, he hecho una selección de las mejores respuestas:
• • • No es ciencia ficción. Ese es tu error, buscar comprender de forma literal el proceso por el que alguien se convirtió en una cucaracha. Se trata de soledad, aislamiento y autodesprecio. Tampoco es un libro de ciencia.

• • • Se trata simplemente de alienación, aislamiento e inferioridad en las comunidades de la clase trabajadora. Captura lo que sucede cuando quienes te rodean dejan de considerarte humano.

• • • ¿Por qué la gente debe buscar alegorías o simbolismos en cada obra literaria? A veces, una historia es solo una historia, destinada a representar nada más que lo que está representado en su interior.

• • • Te doy una pista. No es ciencia ficción. Su comentario se puede hacer sobre cualquier novela, cualquier obra de arte. A la pregunta de por qué es una obra de arte importante, no hay respuesta, nunca. 

• • • Tampoco yo estoy loco por Shakespeare, pero no soy tan arrogante como para asumir que la culpa es de él...

• • • Es función del arte, a veces, decir cosas que no tienen un mensaje directo, donde tienes que analizar el significado por ti mismo. Por eso es arte y no documental. ¡¿En qué maldito mundo insípido, reseco y atrofiado vives?!

• • • La novela debería haber tenido una última página donde explicara todo y lo desglosara en términos muy simples en blanco y negro.

• • • Sr. Dawkins, La Metamorfosis es (entre otras cosas) una metáfora de las relaciones basadas no en la compasión, la amistad o el amor genuinos, sino en la utilidad. Gregor como hombre dio su vida para servir a su familia. Cuando dejó de ser útil, lo abandonaron gradualmente.

• • • A diferencia de usted, señor Dawkins, nosotros los mortales (incluido Franz Kafka) tenemos que trabajar en trabajos terriblemente aburridos, inútiles y que consumen nuestras vidas para poder sobrevivir. Cuando ya no podemos hacerlo, nos convertimos básicamente en bichos repulsivos para la sociedad.

• • • Supongo que no es una gran sorpresa que te guste que las cosas sean claras y literales, pero la mayoría del gran arte se resiste a una explicación simple o admite múltiples interpretaciones. Te desafía a hacer preguntas, lo cual... ¡parece haberlo hecho!

• • • Las obras literarias importantes no tienen una sola respuesta. El valor de la obra radicará en cómo reaccionas a ella, emocional y mentalmente, cómo te desafía, qué preguntas te crea y cómo ha influido o han hablado otros creadores sobre ella.

• • • Un hombre británico rico y cis heterosexual no puede comprender una historia sobre alienación y deshumanización. Qué extraño.

• • • Gregorio Samsa se transforma mientras duerme por la noche en un gran insecto. En los sueños todo es posible. Porque en la realidad la evolución es muy lenta. Y un mamífero bípedo no se puede transformar en una especie con esqueleto externo. Y menos en tan poco tiempo. No, Franz.

• • • La metamorfosis trata de la rapidez con la que su familia y la sociedad se volverían contra usted, señor Dawkins, si dejara de ser útil o productivo.

• • • Nunca se me ocurrió hasta este momento exactamente lo que encuentro intelectualmente deficiente acerca de Richard Dawkins: él tiene una mentalidad literal.

• • • La metamorfosis nos invita a encontrar nuestro propio significado. Ahora que soy mayor, creo que se trata de envejecer: miedo a perder el estatus, las metas o la enfermedad + la muerte. En algún momento, la mayoría de los hombres se despiertan y se dan cuenta de que se han convertido en algo que no esperaban.

• • • No es difícil de comprender, si tienes una pizca de poesía en el alma. La mayor parte de Kafka trata sobre la alienación, el aislamiento y la soledad.

• • • Creo que cualquiera que sea un buen lector encontrará una novela o dos que han recibido toneladas de elogios, pero los deja desconcertados, insatisfechos o incluso francamente disgustados. No estamos destinados a entender o gustar todo lo que se nos presenta.

• • • La alegoría simplifica las ideas complejas; el surrealismo está abierto a interpretaciones sin fin. Rebelión en la granja es una gran novela política, pero hay una correspondencia uno a uno entre los símbolos y sus referentes: no es un gran arte. No existe tal correspondencia directa en Kafka.

• • • Richard, La metamorfosis le habla al mayor temor del hombre desde los albores de los tiempos: ¡los lunes!

• • • Se despierta como un insecto, nunca regresa a humano, lo que tiene un efecto negativo en su familia, y la sensación de optimismo solo regresa a la casa una vez que muere. Creo que es una historia bastante triste en sí misma. Podrías llamarlo un mito moderno, mira si eso te ayuda.

• • • La metamorfosis es alabada porque antes de ella no existía nada parecido. Llevó la forma a un nuevo lugar. Tú lo llamas “ciencia ficción” pero es anterior al género por cierto margen.

• • • Señor Dawkins, aunque usted afirma haber tratado de entender a Kafka, no menciona ni siquiera una de las principales tradiciones con las que está asociado (por ejemplo, el existencialismo, el surrealismo, el absurdo). Gabriel García Márquez dijo que La metamorfosis le mostró “una nueva forma de escribir”.

• • • Simbolismo no es igual a alegoría. En la alegoría, cada elemento representa un concepto del mundo real de la manera prevista por el autor, y cualquier otra interpretación es incorrecta. Kafka escribió obras simbolistas. No tienen un significado preciso sino abierto, lo que Tolkien denominó "aplicabilidad".

• • • El significado de La metamorfosis proviene de la propia experiencia del lector. Cambia de persona a persona y de época a época. Una lectura feminista o trans es tan válida como una existencial o freudiana. La aplicabilidad es lo que hace un gran arte.

• • • La metamorfosis es una exploración de lo que significa ser humano en un mundo donde la gente no te ve como humano y en las infraestructuras que lo engendran y conducen a esto. Y, quizás lo más importante, se trata de lo que sucede cuando comienzas a creerles y dejas de verte como un ser humano. 

• • • Los rankings y clasificaciones son otra obra de arte. De hecho, se puede argumentar lo mismo sobre cualquier Picasso. Pero hay que ver el valor del trabajo de Kafka ya que captura la angustia universal durante el auge de los tiempos modernos. Los grandes artistas tienen una antena más privilegiada para lo universal.

• • • Leo a Kafka no como ciencia ficción o alegoría, sino porque es capaz de evocar imágenes que me aterrorizan sin poder precisar de dónde viene el horror.

• • • Kafka está transmitiendo la ansiedad absurda generada por los aspectos implacables, impersonales y deshumanizantes de la sociedad y el estado modernos. Principalmente El proceso + La colonia penitenciaria pero La Metamorfosis también. El trabajo de Kafka como abogado de seguros probablemente le ayudó a formarse esta visión...

• • • Gregor Samsa es, por supuesto, Franz Kafka. Muchas líneas son de "humor negro", y necesitas dedicar algo de tiempo a conocer aspectos de la escritura. Por ejemplo, la forma en que la novela se mueve sutilmente desde la perspectiva de la 1ª a la 3ª persona, etc., etc. En cuanto a la kafkología, la mayor parte es un galimatías.

• • • La Metamorfosis es menos una historia sobre un hombre que se convierte en un insecto, y más una historia sobre un hombre que aprende que sin su capacidad para trabajar, verse presentable y ser entendido, el mundo en general le dará la espalda.

• • • Lo que dice usted es tan tonto como decir que Van Gogh era un mal pintor. No importa lo que piense o sienta sobre sus pinturas. Se trata de su influencia, su lugar en la historia. El trabajo de Kafka fue de una gran influencia. El resto es religión.

• • • Es de suponer que Kafka debería haber escrito “Gregor se sentía alienado, extraño para sí mismo e incapaz de reincorporarse a la sociedad en ese tipo de estado”, en lugar de utilizar la metáfora de la cucaracha, para que entendieras la novela, Richard.

• • • La metamorfosis es una precursora de lo que hoy podríamos llamar 'Lynchiano': siniestro, fantástico, de pesadilla, surrealista, difícil de categorizar. No es racional, por lo tanto, no es científico, por lo que puede que no lo entiendas.



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DELITO DE vida, la autobiografía sui géneris de Alda Merini (sui géneris porque es una mezcla de prosa, poesía y entrevistas), es tal barbaridad que entra directa a mi top de mejores memorias de siempre:  

1. Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas
2. Ecce homo, de Friedrich Nietzsche
3. Homenaje a Cataluña, de George Orwell
4. ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, de Jeanette Winterson
5. El mundo de ayer, de Stefan Zweig
6. El juego de ojos, de Elias Canetti
7. El hombre en busca de sentido, de Viktor E. Frankl
8. Delito de vida, de Alda Merini
9. Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes
10. Un hombre acabado, de Giovanni Papini
11. Memorias de España, 1937, de Elena Garro
12. Las palabras, de Jean-Paul Sartre
13. Las confesiones, de Jean-Jacques Rousseau
14. Los cuadernos de Luis Vives, de Francisco Umbral
15. El pez en el agua, de Mario Vargas Llosa
16. Confieso que he vivido, de Pablo Neruda
17. Garganta profunda, de Linda Lovelace
18. Historia personal del boom, de José Donoso
19. Vida, de Torres Villarroel
20. Autobiografía, de Isaac Asimov


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LA MIRADA Orwell/Camus encuentra siempre a la persona. Detrás de un adversario, hay una persona; detrás de un policía, hay una persona; detrás de un capitalista, hay una persona. A la vez que el enemigo se humaniza, en Camus/Orwell se rechaza el dogma y el camarada se pone en duda: son dos escritores esenciales para no entregarse a la barbarie estalinista, castrista o etarra, que es barbarie porque el otro ha sido deshumanizado y, por tanto, puedo matarlo, encarcelarlo o silenciarlo. Cuando nos rendimos a esa tendencia tan humana a crear bandos y antagonismos, cuando estamos al borde de la guerra civil o planetaria, llega Orwell y dice: "Lo importante no es mantenerse vivo sino mantenerse humano". O llega Camus y dice: "Cuando la derecha tiene razón, soy de derechas". Camus/Orwell: dos maestros incomparables y míos.


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ESCRIBE GEORGE Orwell en “England your England”, el subrayado es mío:
La intelectualidad inglesa está europeizada. Toma su cocina de París y sus opiniones de Moscú. Dentro del patriotismo generalizado del país forman una especie de isla de pensamiento disidente. Inglaterra es quizás el único gran país cuyos intelectuales se avergüenzan de su propia nacionalidad. En los círculos de izquierda siempre se ha sentido que hay algo un poco vergonzoso en ser inglés y que es un deber reírse de todas las instituciones inglesas, desde las carreras de caballos hasta los pudines de sebo.
Hasta Orwell cae en este topicazo de creer que el suyo es “el único gran país” donde los intelectuales de izquierda no son patriotas. ¡Hasta Orwell! Se le puede perdonar un poco el patinazo porque escribió este ensayo en 1941, mientras caían las bombas nazis en las ciudades inglesas, pero  no lleva razón: avergonzarse de su propio país es algo que hace todo el mundo, no solo los intelectuales zurdos de Inglaterra. Los intelectuales de izquierda, por otra parte, si de verdad lo son, siempre han puesto reparos a los privilegios por razón de suelo, vivan en el país que vivan. Pocos años antes de que Orwell escribiera este ensayo, al final de las reuniones entre surrealistas, el francés André Breton acababa gritando copa en mano "¡Muera Francia!", mientras el alemán Max Ernst le secundaba el brindis con un "¡Muera Alemania!". Entre los intelectuales franceses, además, durante la misma guerra, hubo algunos de gran importancia que no solo se mostraron poco patriotas, sino que adoptaron posturas filonazis como Céline, Maurras, Brasillach, Rebatet o Drieu La Rochelle.


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EL IDEAL igualitario de Neruda, para quien no había contradicción entre ser rico y comunista, consistía en dar un ferrari a cada habitante en lugar de una bicicleta. Orwell, en cambio, tenía muchas dudas de que se pudiera repartir lo que no se había producido. Discutiendo una vez sobre la naturaleza verdadera de la Rusia de Stalin con un simpatizante comunista, forzado este a conceder que quizá hubiera alguna represión política, en la calentura del debate el comunista recurrió a un tópico muy socorrido: 

COMUNISTA: ¡No se puede hacer una tortilla sin romper huevos!
ORWELL: ¿Dónde está la tortilla?


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LE PREGUNTARON a Orwell si existía un libro que hubiera cambiado su vida y respondió que sí, que uno donde aprendió que el té se debe tomar siempre sin azúcar.

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EN HOMENAJE a Cataluña, hay que ver cómo se pone George Orwell cuando descubre que sus compañeros beben solo del porrón:
Bebíamos de una cosa espantosa llamada porrón. El porrón es una especie de botella de vidrio con un pico fino del cual sale un delgado chorro de vino al inclinarla. De este modo resulta posible beber desde lejos, sin tocarlo con los labios, y pasarlo de mano en mano. Me declaré en huelga y exigí un vaso en cuanto vi cómo se usaba el porrón.
Mi historia con el porrón es bien distinta y mucho más agradable. En Tobes y Rahedo, pueblo burgalés del que procedía mi madre, también se bebía del porrón (no así en Vizcaya, al menos en Lauros), pero ese objeto estaba vedado para los niños: a los niños siempre se nos servía en vaso en las contadas ocasiones que nos permitían beber un poco de vino. Acceder al porrón era acceder a ese recipiente que permite unas elegancias y hasta chulerías en las posturas que no admite un simple vaso, y por eso a mí me urgía utilizarlo cuanto antes, porque beber del porrón era marcar territorio y demostrar que ya era mayor.


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DESCUBRO QUE la frase célebre de Paul Auster, "el fútbol es un invento de los europeos para seguir odiándose sin necesidad de matarse”, ya tenía un precedente ilustre en George Orwell, que había definido el deporte internacional como "guerra sin disparos".


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EN LITERATURA solo tengo amigos y señores: amigos son aquellos a quienes leo a favor, el amigo Camus, el amigo Canetti, el amigo Orwell, la amiga Sontag…; y señores son aquellos a quienes leo en contra, el señor Nietzsche, el señor Nabokov, el señor Flaubert, la señora Beauvoir… No tiene nada que ver esta clasificación con la calidad: el señor Nietzsche es mucho mejor escritor que el amigo Orwell, pero leo a Nietzsche buscándole los fallos y a Orwell perdonándoselos…