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DICE BIOY Casares en su "Borges", anotación de 1984:
Domingo, 17 de febrero. Murió Beppo, el gato de Borges. Según Fanny, la cocinera, al morir no maulló sino que exclamó: «¡Ay!».
La sobredosis letrista en que vivía Borges era de tal calado que hasta su cocinera contaba cosas borgeanas o su gato moría de forma literaria :)

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LO QUE nos asusta de Borges es su perfección, tan inhumana. De ahí que todas las críticas que recibe su literatura vayan en el mismo sentido: es frío, es cerebral, es pura geometría, no hay espacio en su obra para lo erótico y casi ni para el amor. Obsérvese que son el mismo tipo de críticas que recibe la Inteligencia Artificial, a la que también se le reprocha gelidez y falta de espontaneidad, al punto de que se puede aventurar que la IA, cuando alcance su versión más perfecta, escribirá como Borges, igual que él dijo una vez que Dios, si escribiera, lo haría como Victor Hugo.

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CON RAZÓN la principal crítica que se le hace al Borges de Bioy es que está lleno de chismes, maledicencias y morbosidades. Pero es parte de su encanto: es un libro con muchas capas que también ofrece capas cultas en forma de consideraciones profundas sobre cualquier arista de la literatura. Tengo escrito por ahí que la imagen tutelar de ese libro, que me sorprende que algún viñetista no la haya dibujado, es la de esa ocasión en que Borges se va al baño a mear y, con la polla en la mano, sigue hablando con Bioy de literatura.

Entre las morbosidades, algunas llegan a unos extremos de morirse de la risa. Por ejemplo la del 10 de noviembre de 1956 en que Estela Canto persigue a Borges en el metro mientras le llama "hijo de puta". Aclaro que se habían separado diez años antes y Estela se acababa de afiliar al Partido Comunista: 
Borges cuenta que se encontró con Estela: «No le dije nada a Madre, porque ya le tiene bastante rabia; no hay para qué darle más motivos para que la aborrezca. Me vio en la estación del subterráneo y me gritó: “Hijo de puta, no te me vas a escapar”. Corrí y me metí en el subterráneo; Estela corrió detrás y se metió también. Solo después pensé que, como Estela ve muy poco, si me hubiera hecho a un lado y me hubiese quedado inmóvil, tal vez la hubiera perdido. Delante de toda la gente, me habló a gritos». Tuvieron este diálogo: Estela: «No te me vas a escapar, hijo de puta. Vas a hablar conmigo». BORGES: «Con esa conversación hecha de lugares comunes va a ser difícil e inútil hablar». Estela: «Tenemos que hablar. Porque sos un hijo de puta y un gran escritor. He leído las inmundicias que decís en ese reportaje de El Hogar. En tu servilismo al gobierno has llegado hasta lo más bajo. Vos no estarías del lado de Martín Fierro, sino de la partida. Sin embargo, cuando triunfemos, no te van a degollar, porque yo voy a salvarte». BORGES: «En cambio, si triunfamos nosotros, nadie va a tener que salvar a nadie. A nadie vamos a matar». Estela: «Nosotros sí. Lo que te pasa es que no querés hablar conmigo porque sabés que tengo razón. Vos escribís lo que escribís pensando en mí. Lo escribís para vengarte de mí. Siempre pensás en mí». BORGES: «No. Escribo pensando en Frontini». (Frontini ha escrito con María Rosa Oliver un libro en defensa de la China comunista). Estela (furiosa): «No vas a tener la última palabra. Sos un hijo de puta. Ya te has salvado de mí, porque bajo en Independencia».
Curiosamente, la historia de Borges y Estela Canto se parece mucho a la de Iratxe conmigo. Borges no tuvo sexo nunca con Estela (AQUÍ y AQUÍ) y ella lo acabó dejando "porque yo no me caso con un hombre si antes no tengo sexo con él" (AQUÍ). Yo tampoco follé nunca con Iratxe y ella, cuando me dejó, me envió a mi correo precisamente esa palabra, "HIJODEPUTA", pero sin ninguna guarnición y escrito a cuerpo cuarenta, porque ella era todavía más intensa que Estela :)

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BIOY CASARES recupera un parlamento que hizo Borges sobre Coleridge en 1958:
Borges recuerda una recomendación de Coleridge a un joven escritor, en el sentido de que nunca debe uno empezar a escribir autobiográficamente: las verdades sobre uno quedan para después. Un muchacho joven que está atento a sus reacciones, para luego escribirlas, se volverá muy tonto. Vivirá mal y escribirá mal. Todo lo que escriba será pobre y crudo. Coleridge aconseja (pensando en su propia experiencia) que se evite ante todo caer en ser autor, porque esto seca el corazón.
Menos mal que ni Gide ni Plath ni Pizarnik ni Cioran ni Sexton ni Papini ni Bukowski ni Lessing ni Umbral ni Knausgård le hicieron caso, por decir algunos nombres célebres que empezaron a escribirse desde el minuto uno. ¿Y de dónde vienen estos prejuicios contra la egoescritura, teniendo en cuenta que también Pascal le daba con la vara a Montaigne por usar tantas veces la palabra “yo”? Creo que el rechazo procede de la noche de los tiempos, de la tribu que señala con el dedo al miembro ensimismado que no arrima el hombro, rechazo que ha llegado a la modernidad en tres frentes: por una parte nos acusan los creyentes religiosos, por otra la derecha conservadora y por otra la izquierda colectivista, que cultivan una gama de sospechas hacia el yo que van desde la simple reticencia a la oposición radical.

Sucede que la persona que está tan interesada en sí misma, con solo radicalizarse un poco, deja de atender sus obligaciones con el rebaño o hasta niega obligación alguna, y entonces, ¿quién cuida al abuelo, quién da limosna en la iglesia, quién continúa la lucha de clases, quién defiende a Argentina?

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PERO QUÉ personaje más grande fue Juan Ramón Jiménez, mezcla de fascinante y mal bicho. En el Borges de Bioy Casares, Francisco Ayala hace un parlamento sobre él que no tiene desperdicio:
Jueves, 16 de agosto de 1956. Por la noche, comen en casa Borges, Francisco Ayala y Lisi justo. Ayala refiere que Juan Ramón Jiménez ha desarrollado últimamente a tal punto su olfato que de pronto dice: «Ahí viene Gómez con sus botas», y efectivamente, a los diez minutos llega Gómez, con sus botas de cuero de Rusia. Ayala: «Al único colega que soporta es a su enemigo, don Federico de Onís. Lo soporta —o lo soportaba— porque no huele a jabón. Cuando supo esto Onís, tomó una determinación heroica y se bañó. El olfato de Juan Ramón se extiende hasta lo inconcebible. Uno lo llama por teléfono. El poeta se queja: “¿No sabe usted lo malo que me pone el cigarro?”. “¿Pero por teléfono, Juan Ramón?”. “A ver, no me va a decir que usted no está fumando”. Y efectivamente, uno está fumando. Ya no dicta clases, lo que es un alivio para la Universidad. Empezó con mucho empuje, queriendo dar dos cursos, uno de poética y otro de Historia literaria. En ambos dio siempre la misma clase, en que atacaba a la misma gente: “¿Azorín? Buen sinvergüenza es Azorín. Un vendido. ¿Y Unamuno? Un genuflexo. ¿Y el delicado poeta Antonio Machado? Un hombre que vivía en medio de la mugre. Como nunca en la vida se había descalzado, la suela y las plantas de los pies se le habían unido. Estaba herrado y caminaba como un ánade”».
Y unos meses después, tras recibir Juan Ramón Jiménez el premio Nobel, Borges recuerda sus maledicencias, mira quién habló:
Sábado, 27 de octubre de 1956. Hablamos del Premio Nobel, [...] Borges recuerda que hablaba mal de casi todos sus compatriotas: «Decía: “No se podía visitar a Pérez de Ayala. Tenía la casa adornada con jamones y chorizos”, o: “No se podía visitar a Azorín. Tenía en la mesa de luz un cenicero con un Quijote de metal, de cincuenta centímetros de alto”, o: “En casa de Antonio Machado no pude sentarme en la silla que éste me ofrecía porque en ella había quedado olvidado, de varios días probablemente, un huevo frito”».

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EL ENEMIGO primordial de un sectario no es el sectario del otro bando, sino el no-alineado. Sartre a Camus, después de que este dejara claro que también condenaba el régimen soviético: «Solo encuentro una solución para usted: las Islas Galápagos». Benedetti sobre Borges, en los tiempos pre-Videla y pre-Pinochet en que a Borges todavía se le consideraba un "escapista": «Mientras América Latina busca una voz propia y se desangra en luchas, nuestro escritor más internacional decide consagrar el resto de sus días a aprender el noruego antiguo».

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ESTA ANOTACIÓN de Bioy en su Borges, año 1947, me hace mucha gracia:
Lunes, 29 de diciembre. Conversación con Silvina sobre Borges. Me dijo que yo escribo mejor, con mayor naturalidad. Esto demuestra cómo está cegada en mi favor.
Desde el punto de vista matrimonial es bueno que Silvina Ocampo le dijera a Bioy que era mejor; tampoco me imagino a Bioy diciéndole a Silvina que Blanca Varela o Elena Garro eran mejores que ella, en el caso de que lo pensara.

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EL LEGENDARIO periodista Antonio Carrizo, célebre sobre todo por sus entrevistas a Borges, le dijo una vez al maestro bonaerense: "Borges, usted no es argentino porque no le gusta el fútbol".

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A VECES pienso que Bioy no era tan amigo de Borges, o que tras la llegada de María Kodama, que terminó separándolos (no hubo ruptura, pero sí alejamiento), incubó un pequeño rencor contra él. De lo contrario, cómo se entiende que en su Borges figure esta anotación del 5 de enero de 1969, en una comida donde también participa Di Giovanni. Las racistadas vergonzosas que pone en boca de Borges ya las conocíamos por otros medios, pero me parece raro que las difunda un dizque "amigo":
Tenemos una conversación nada memorable, pero que sirve para conocer algunas de sus simpatías y diferencias. BORGES: «En los Estados Unidos no hacen bromas contra los negros». DI GIOVANNI: «Es que estamos en guerra con ellos y no queremos que nos corten el pescuezo». BORGES: «Yo soy racista. Les tomaría la palabra y veríamos quién gana. Limpiaría los Estados Unidos de negros y si se descuidan me correría hasta el Brasil. Si no acaban con los negros, les van a convertir el país en África». BIOY: «¿Por qué en los Estados Unidos quieren tanto a México?». DI GIOVANNI: «Porque es exótico y porque está cerca. Porque es tan distinto a los Estados Unidos». BORGES: «El Brasil es exótico, está cerca y no queremos ir allí». DI GIOVANNI: «¿Aquí no quieren al Brasil?». BORGES: «No, nos parece un país de macacos».

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...PERO CUANDO se me quedan los ojos como platos es al constatar que el racismo de Borges era tan físico que llegaba a sentir repugnancia ante la proximidad de los negros. Dice la que fue mucama durante décadas de la familia Borges, Epifanía Uveda de Robledo (Fanny): 
Siempre recibía gente en la casa. Un día llegaron unas chicas brasileñas; hablaron y se rieron toda la tarde. Cuando ellas se fueron, Borges vino a la cocina y me preguntó cómo eran físicamente aquellas mujeres. Le dije que eran negras. ‘¡¿Cómo negras?! ¿Por qué no me lo dijo antes? ¡Qué horror, las hubiera echado! Salga usted también de acá. ¡Salga!’. Después se le pasaba.

 

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RELEYENDO ESTA troya de Borges contra Baroja, pienso que se ha estudiado poco la relación entre ellos: yo sugiero que el vasco enseñó al bonaerense algunas malas artes, sobre todo la de hacerse odioso a los ojos de todos. Sabido es que Baroja puso a parir a todos los escritores contemporáneos, sobre todo cuando ya estaban muertos, camino que enseguida tomó Borges; también es conocido que Baroja se convirtió en las últimas décadas de su vida en azote del comunismo, igual que llegaría a convertirse Borges; y que también coincidieron en sostener públicamente opiniones terroristas sobre algunas colectividades territoriales. En lo que respecta a Baroja, los hispanoamericanos eran para él "monos que imitan", los franceses vanos y fachadistas; San Sebastián "lamentable" y los donostiarras "infragente"; Valencia "repugnante" y los valencianos "el pueblo más antipático de España"; mientras que los escritores catalanes le parecían tan malos que "leerlos es como ir al dentista". A Borges, por su parte, los madrileños le parecían "provincianos", los catalanes "farsantes"; los estadounidenses "groseros y analfabetos"; Brasil no le gustaba "porque está lleno de negros"; Uruguay le parecía "un suburbio siniestro de Buenos Aires"; México le era "demasiado mexicano", mientras que los vascos le parecían inútiles, "más inservibles que los negros".

Se comprende que lograran hacerse odiosos y que hasta se hicieran chistes sobre ellos. De Baroja se decía que, si fuera en avioneta, "le costaría encontrar una tierra de la que no hubiera hablado mal para poder aterrizar". De Borges, por su parte, se decía que era la demostración de que Dios no existía "porque si Dios existiera, habría hecho a Borges mudo y no ciego".

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EN SUS diálogos con Ferrari, Borges da nuevas muestras de que se desconoce, de que mantiene un Borges ideal en su cabeza que no coincide con el Borges real:
FERRARI: Ha habido otra cosa inagotable en usted, Borges, que se menciona en Buenos Aires como única, me refiero al ingenio. La gente está habituada a escuchar por los medios de comunicación a un Borges ingenioso…
BORGES: No, yo no soy ingenioso, en todo caso, no trato de serlo…
FERRARI: Hablo del ingenio literario…
BORGES: No, cuando estoy conversando, estoy pensando en voz alta; pero no trato de ser ingenioso. Y los juegos de palabras me desagradan…
¿Que le desagradaban los juegos de palabras? No opinó lo mismo cuando dijo, después de otorgado el premio Nobel a Miguel Ángel Asturias, que le habían dado el premio a un tal "Santander", o cuando se le presentó Gerardo Diego diciéndole "maestro, soy Gerardo Diego", y le respondió "¿En qué quedamos, Gerardo o Diego?", o cuando le hablaron de Antonio Machado y respondió "Ah, ¿pero Manuel tenía un hermano?", o cuando se planteó escribir con Bioy un artículo paródico sobre Juan Ramón Jiménez donde se llamara al poeta andaluz Juan Ratón, Juan Jamón o Juan Jarrón, bufonadas que ni siquiera eran ingeniosas sino sub-ingeniosas, y además era evidente y hay múltiples pruebas de que Borges sabía quiénes eran Antonio Machado, Gerardo Diego o Miguel Ángel Asturias.

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LO DIFÍCIL que es luchar contra tu metabolismo, pues no con otra cosa se escribe. Victor Hugo se dio cuenta leyendo a Shakespeare de que abusar de "lo grande" te aboca a la retórica y la falsedad; sin embargo él no pudo evitar ese defecto del que era tan consciente. Borges a su vez también se dio cuenta de que Whitman utiliza muchas enumeraciones aburridas en sus libros, tomadas de enciclopedias y manuales de oficios, pero él no pudo evitar el mismo error, pues muchos de sus poemas son catálogos tediosos de sus erudiciones: que si la espada del sajón, que si el Alcorán, que si los obstinados hexámetros, que si el hijo de Laertes...

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TAMPOCO NIETZSCHE se leía los libros hasta el final, al igual que Valéry, Borges o Samuel Johnson. Se limitaba a picotear los libros buscando frases redondas, en las que se detenía hasta memorizarlas, o al menos eso es lo que le dijo a Ida, la esposa de su amigo Overbeck.

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HABLANDO DEL Borges de Bioy, el 22 de diciembre de 1964 el propio Bioy Casares arremete contra el principal problema de la literatura española, que es más problema por cuanto los autores españoles no lo consideran como tal:
Le digo a Borges que en las Memorias de un cortesano de 1815 encontré párrafos en que Galdós, borracho por el idioma, se aparta del tema, de la psicología del narrador. Padece de la misma incapacidad nacional para contar las cosas llanamente, con un idioma que sirva de medio de comunicación; invisible y adecuado. Por momentos desaparece el cortesano de 1815 y aparece el literato, aparece Larreta, aparece el padre Mir. Yo no esperaba eso de Galdós. Mis recuerdos eran de una pobreza llana.
Sobre este tema del que ya he hablado mucho, pienso en Baroja y Unamuno. Sabido es que Baroja y Unamuno nacieron en dos ciudades vascas, San Sebastián y Bilbao, que, aunque de clara filiación española (lo eusquérico está en los pueblos), les impidieron aprender y aprehender un buen castellano. Los dos tienen además, o como consecuencia, el oído muy duro para el idioma. Esta aparente desventaja, sin embargo, en ellos se convirtió en una ventaja, porque casi son los únicos clásicos de la literatura española (con Julio Camba) que, como desconfían de sus facultades como artífices del lenguaje, no se ponen a llenar de vegetación sus textos. A menudo se dice que Baroja y Unamuno son grandes “a pesar del estilo”: yo digo que gracias a sus estilos, que son dos estilos de la eficacia, llegaron a ser escritores notables, frente a la incontinencia palabrera de la marabunta.

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IBA A decir que el punto superior que tiene el Borges de Bioy, con respecto al Goethe de Eckermann y el Johnson de Boswell (quede claro que los tres libros me parecen un monumento), es que Bioy mantiene con el protagonista una actitud digna e incluso inter pares, frente a la clara relación arriba/abajo de los otros dos, pero pensándolo bien al final me he dicho: ¿en qué parte del libro, vamos a ver, Bioy se atreve a llevarle la contraria a Borges? Solo me he acordado de un momento (habrá más, claro), cuando Bioy le dice a Borges que detesta a Unamuno (a Borges le gustaba el bilbaíno más veces de las que lo criticaba) y que en cambio estaría dispuesto a ser miembro de una Sociedad de Amigos de Baroja, escritor al que el autor de El Aleph consideraba un zoquete: ahí se acaban todas las discordancias que recuerdo en 1663 páginas, si bien en la próxima lectura hago propósito de buscar más puntos de opinión disímil. También en las últimas páginas, a raíz de que Borges le abandonara, Bioy parece un poco resentido... ¡pero todo su resentimiento lo gasta contra María Kodama, a la que viene a hacer responsable de su ruptura! Comprendo sin embargo a Bioy porque a mí me pasa lo mismo: es muy difícil conducirte contra alguien al que sigues admirando. 

Aclaro que el “Borges” yo no lo veo como una traición/venganza de Bioy a su amigo, como denunció Kodama, sino como un pedazo de homenaje de 1663 páginas, donde se puede seguir la trayectoria de las opiniones borgeanas durante cuatro décadas, libro que supera con mucho al Borges entrevistado por Carrizo, Alifano, Buckley, Queralt, Burgin, Ferrari, etc, que es un Borges que no me gusta porque las entrevistas son muy cortas y en ellas abusa de la ocurrencia gratuita, en la que a pesar de ser muy celebrado nunca pasó de ser un subWilde. El Borges oral de calidad, que vuelve una y otra vez a los mismos autores pero con detalles diferentes, está en las treinta horas de lectura de este libro magno de Bioy.

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QUÉ DIFERENCIA entre el libro de conversaciones de Borges con Bioy y el de Goethe con Eckermann. Qué diferencia de persona, me refiero: mientras Goethe es un hombre agradable y agradecido, igual uno de los más amplios que ha pisado la Tierra, muy preocupado por ayudar a los demás escritores, con un rango de actuación que no solo se limita a la literatura sino que abarca la ciencia o el gobierno; un gran escritor que además es un gran ciudadano, que sabe que la vida se ha portado muy bien con él y trata de devolver los favores, siempre buscando la serenidad y el punto medio, que en su caso no es truco o conveniencia... y al otro lado Borges, un hombre negativo y mezquino, una metralleta de maledicencias, sin ninguna grandeza de miras con lo que no comprende, que se porta igual o incluso peor cuando se hace famoso que cuando no lo era, época en la que arrecia en sus mezquindades, como si quisiera vengarse de los demás. Y encima Goethe sabe mucho más, ¿eh? El conocimiento que exhibe Borges de la literatura y de la vida, con ser grande, se reduce a menudo a detalles, a boutades, se fija en lo que no tiene hueso, se carga a los escritores solo por una metáfora desafortunada, está limitado a encontrarse con colas de perro que le impiden ver el perro, mientras que Goethe muestra una mirada tranquila, panorámica, es un hombre que sabe distinguir lo fuerte de lo débil, lo sustancial de lo accesorio, que siempre está en busca de las relaciones y los elementos que unen, por eso es tan comprensivo y tan afirmado a la vida. Comienzo a entender eso de Nietzsche, que decía que la mejor obra de Goethe son sus conversaciones con Eckermann: en Goethe fue la persona la que se alzó a inmarcesible obra de arte.

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EN ANOTACIÓN del 16 de agosto de 1824, Eckermann nos cuenta que durante esos días no tuvo tiempo de escribir las conversaciones que mantuvo con Goethe, pero que a cambio nos da algunas frases sueltas que recuerda de memoria, ninguna de las cuales supera las tres líneas. Muy honrado por su parte. La mayoría de conversaciones con Goethe que transcribe Eckermann, de todas formas, son muy cortas, lo que me reafirma en su veracidad. En cambio con Bioy Casares, que al escribir su "Borges" hizo un libro hermano al de Boswell con Samuel Johnson o al de Eckermann con Goethe, tengo más dudas sobre su honestidad, porque hay que tener una memoria de elefante para recordar las conversaciones cuando son muy largas y están llenas de matices, como por ejemplo esta donde Bioy pone a Borges a hablar así de Arlt (AQUÍ). ¿Dijo realmente Borges/Sócrates todo lo que aparece en ese libro o Bioy/Platón se tomó sus licencias?

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LA CANTIDAD de escritores que han atacado a Shakespeare por efectista o chapucero, pienso en Voltaire, en Samuel Johnson, en Pope, en Byron, en Gide, en Nietzsche, en Tolstói, en Shaw, en Orwell, en Borges, en Bernhard... La mayoría de ellos reconocía sus méritos e incluso uno (Borges) lo situó como el mejor autor de todos los tiempos, a pesar de sus fallas, pero no deja de asombrar el número y calidad de esta nómina.

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DICE LUIS Sepúlveda en este documental crítico, Hartos the Borges (AQUÍ), que la clave del mito borgeano es que se inventó una erudición y consiguió colárnosla a todos. Hombre, no. La erudición de Borges era de verdad y es una de las más grandes que haya reunido una sola persona.

En Borges se convocaron los más diversos ingredientes para llegar a cráneo previlegiado histórico. En primer lugar, era un superdotado de tal eslora que, por ejemplo, se puso a aprender alemán con un mero diccionario, solo para poder leer a Schopenhauer y a Kant.

En segundo lugar, manifiesta una rara predilección por el conocimiento desde muy pequeño: solo así se explica que, igual que el Sartre adolescente devoraba la enciclopedia Larousse, la lectura favorita del primer Borges fuera la Enciclopedia Británica. Esa devoción no vino en su caso acompañada por una mengua de la fantasía, que también poseyó con ingencia.

En tercer lugar, antes de cumplir cuarenta comenzó a ganarse la vida dando conferencias de literatura y escribiendo críticas, como las que hizo para Sur o para El Hogar. A la manera del proverbio chino “Si quieres saber algo, ponte a escribir un libro”, Borges se cultivó con la relectura, que es la única válida para dar conferencias y hacer críticas.

En cuarto, padece de impotencia sexual y fracasa en sus relaciones con las mujeres. Este fracaso le hace acantonarse aún más en los libros, que son su muralla contra los desencantos de la existencia.

En quinto, tuvo la suerte de nacer en la Buenos Aires de comienzos de siglo XX, que era uno de los lugares más cosmopolitas del mundo, y disfrutó de un padre con sueños universales que le empujó desde el principio contra el cáncer nacionalista. Lo asombroso de Borges no es el interés que demuestra por la literatura anglosajona, que al fin y al cabo era junto con la francesa la literatura central de su época, sino el interés que manifiesta por ejemplo por las sagas islandesas, la cultura de Japón, los cuentos del Turquestán o la literatura medieval alemana.

Nada de invento, por tanto. Borges fue un cerebro insólito, nacido en el momento adecuado, en un sitio perfecto, con los elementos exactos para convertirse en un hito de todos los lugares y todos los tiempos.