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EN SUS diálogos con Ferrari, Borges da nuevas muestras de que se desconoce, de que mantiene un Borges ideal en su cabeza que no coincide con el Borges real:
FERRARI: Ha habido otra cosa inagotable en usted, Borges, que se menciona en Buenos Aires como única, me refiero al ingenio. La gente está habituada a escuchar por los medios de comunicación a un Borges ingenioso…
BORGES: No, yo no soy ingenioso, en todo caso, no trato de serlo…
FERRARI: Hablo del ingenio literario…
BORGES: No, cuando estoy conversando, estoy pensando en voz alta; pero no trato de ser ingenioso. Y los juegos de palabras me desagradan…
¿Que le desagradaban los juegos de palabras? No opinó lo mismo cuando dijo, después de otorgado el premio Nobel a Miguel Ángel Asturias, que le habían dado el premio a un tal "Santander", o cuando se le presentó Gerardo Diego diciéndole "maestro, soy Gerardo Diego", y le respondió "¿En qué quedamos, Gerardo o Diego?", o cuando le hablaron de Antonio Machado y respondió "Ah, ¿pero Manuel tenía un hermano?", o cuando se planteó escribir con Bioy un artículo paródico sobre Juan Ramón Jiménez donde se llamara al poeta andaluz Juan Ratón, Juan Jamón o Juan Jarrón, bufonadas que ni siquiera eran ingeniosas sino sub-ingeniosas, y además era evidente y hay múltiples pruebas de que Borges sabía quiénes eran Antonio Machado, Gerardo Diego o Miguel Ángel Asturias.

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PERO ES que además... ¡Borges en las entrevistas es un troll, no hay que hacer siempre caso del Borges de las entrevistas, donde se contradice de continuo y juega a ingenioso pero no pasa de ser un sub-Wilde! En su libro magno “Borges”, Bioy Casares rescata cientos de opiniones de su amigo sobre los más diversos escritores, y una de las sorpresas del libro es que Borges, en la intimidad, criticaba a Lorca también… ¡pero lo respetaba! En una entrada dice que Lorca es mejor que Neruda; y en otra dice esto, el subrayado es mío:
Miércoles, 11 de noviembre [de 1959]. Come en casa Borges. Hablamos sobre poesía española contemporanea: Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Alberti, etcétera. BORGES: “Es una poesía alusiva. Rehúyen el argumento y el tema. Les pasa como a Betina Edelberg: a fuerza de escrúpulos quedan en un rinconcito último; sus méritos son negativos. Menos mal que escriben poemas breves. Esos poemas, que no hay por dónde agarrarlos, si fueran largos serían intolerables. El poeta desmonta en cualquier momento y concluye porque sí. Son ante todo arbitrarios. Leyendo a estos uno ve que Lorca no era tan malo. Todos los elementos de Lorca están ahí; los impedimenta de Lorca; pero no su encanto ni su fuerza poética. Ni siquiera Gerardo Diego inventó su espuma. Mira que publicar un libro titulado Manual de espumas. Pero como además de poeta es un hábil político, al año publicó Versos humanos. ¡Qué imbécil! A Gerardo Diego o a Alberti no se les ocurre nada, no tienen ángel… Estos poetastros no admirarán a Quevedo ni a Fray Luis; o tal vez los admirarán sólo porque son españoles. La completa libertad que se permiten los obliga a algo, pero no parecen sentir el peso de esa obligación”.


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DICE PIZARNIK en sus diarios que, empezada a leer la famosa antología que hizo Gerardo Diego, la dejó a la mitad porque los poetas de la Generación del 27 le parecían “vacuos y formales”. Claro. La Generación del 27 (como la del 98, aunque esta es bastante mejor) es un invento patriótico nacido en un momento en que los estados-nación necesitan la literatura en las escuelas para cohesionar a la población y dotarla de identidad, esto es, para que sus ciudadanos acepten sin rechistar la obligación de ir a una guerra o la de pagar a escote los 100.000 millones de euros de una deuda privada. La literatura que se produjo desde Jorge Manrique hasta Calderón de la Barca, cuando España solo existía como geografía y no se necesitaba presumir de literatura nacional, se podía medir a lo mejor del mundo (Papini sostenía, incluso, que la española era entre las antiguas la mejor de todas); la que se ha creado en España entre finales del XIX y la primera mitad del siglo XX, aunque supone un salto con respecto a la que se venía haciendo en los doscientos años anteriores, ni en sueños se puede acercar a lo que se ha hecho en el mundo desde Baudelaire hasta Faulkner. Con razón seguía diciendo Borges, aún en los años ochenta: “La literatura española está en decadencia desde el siglo XVII”; y Bolaño sugería: “Probablemente, la literatura argentina es la mejor literatura en español del siglo XX”.


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Y CONSTE que de la Generación del 27 me he leído, de los ocho llamados grandes (Lorca, Alberti, Cernuda, Salinas, Guillén, Gerardo Diego, Aleixandre, Dámaso Alonso), la obra poética enterita. Enterita. Y hoy me arrepiento, porque siendo poetas notables existen otros mucho mejores, y lo que más les reprocho es que, salvo excepciones (Poeta en Nueva YorkHijos de la ira, algunos poemas sueltos de Cernuda...), sales de sus libros igual que has entrado, son autores que parece que escribieran adrede poemas que no arden y libros que no muerden. ¡Cuántas veces me he preguntado, si no los impusieran en las escuelas como genios insuperados, qué sería de este grupo de poetas intocables!


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ESCRIBE MARGARET MacMillan en Usos y abusos de la historia:
La hija del poeta británico John Betjeman se disculpó con una ciudad que está cerca de Londres por un verso de uno de sus poemas, que dice: «venid, amables bombas, y caed sobre Slough / que ahora ya no es apta para los humanos».
Como los familiares tengan que pedir perdón por las barbaridades que escribieron los poetas, que son los seres menos responsables del mundo (y me incluyo), me da que tendrían que pasarse toda la vida de rodillas. Me vienen a la cabeza, como ejemplos de lo rápido que los poetas se ponen violentos, sobre todo ellos, el “a galopar hasta enterrarlos en el mar” de Alberti, el “huevo de águila, a Franco nombro”, de Gerardo Diego, el “Frente Rojo”, de Aragon, el “si mi pluma valiera tu pistola”, de Antonio Machado o el libro “Incitación al Nixonicidio”, de Neruda. Por no hablar de Quevedo, que se pasaría toda la vida de cárcel en cárcel si se le aplicara la "Ley Mordaza" de hoy, por continuos delitos de incitación al odio.