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EL TRUCO que utilizo para sentirme joven es convencerme de que voy a ser un moralista francés. Con 50 años ya soy viejo para poeta, pero soy joven para moralista francés. Este tipo de escritor nace donde le da la gana: Canetti, Diógenes, Teofrasto, Plutarco, Ligne, Cioran, Nietzsche, Gracián, Drukpa Kunley, Feynman, Jesús, Emerson, Gibrán, Galeano, Pessoa, Papini, Machado, Confucio, Ortega, Unamuno, Lichtenberg, Buda, Gómez Dávila, Taleb, Einstein o Thoreau son moralistas franceses sin haber nacido en Francia. Para este tipo de lechuza hay que tener buena pluma y sentido del humor, ser más agudo que inteligente y más concreto que abstracto. El moralista francés hace poesía, pero en prosa; política, pero de autor; filosofía, pero de tierra; religión, pero herejía. Somos el escritor anfibio, fauna y flora en la misma pluma: somos el tigre libresco saliendo del interior de un tulipán.


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LA OTRA división es el pegamento: hay aforistas o fragmentistas que pegan bien sus frases, que escriben hasta el más mínimo meteoro mirando a lo lejos, a la obra general, de forma que sus aforismos son muy coherentes con todo el libro, como Nietzsche, Confucio, La Rochefoucauld o Gómez Dávila. En cambio existen aforistas que lo fían todo a la brillantez del minuto, a la ocurrencia genial y matadora, pero cuyos aforismos se anulan los unos a los otros y no están al servicio de un plan general. Grandes semeocurristas me parecen Oscar Wilde, Woody Allen, Groucho Marx, Pitigrilli, Ranévskaya o Gómez de la Serna, y no me parece casual que pertenezcan al humorismo más que al pensamiento.

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LO QUE me entusiasma de Gómez Dávila es que escribe en el aire, sin tocar tierra colombiana, con la misma predilección que siento yo por los autores grecolatinos y los franceses clásicos, y solo posa la pluma para denunciar estructuras, problemas que atraviesan los siglos, a los que mira con ojos de águila. Gómez Dávila se proclama reaccionario y se opone a todo lo que ha pasado en el mundo desde la Revolución Francesa, o sea que es justo todo lo contrario de lo que soy yo, pero me maravilla su vocación de cazar los osos más grandes sin mezclarse en la porquería del aquí y ahora. Terminas de leer sus escolios y te preguntas: ¿Dónde nació este tío? ¿En qué continente? ¿Cómo logró librarse del olor a tierra?