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VEO UN documental sobre Borges donde Alejandro Vaccaro dice: “Borges es el lector más importante de la historia de la humanidad”. No estoy de acuerdo. Que leyera mucho no significa que leyera bien. En la lectura sucede como en la alimentación: desde el principio existen niños que “comen de todo” y existen otros que enseguida empiezan a rechazar algunas comidas. Entiendo que el mejor lector es aquel que “come de todo”, esto es, el que cuenta con antenas para comprender y disfrutar obras de todos los pesos y texturas. Borges no era ese tipo de lector. Un escritor como él, que rechazaba la literatura rusa al completo, la literatura surrealista al completo, que denigraba obras como Madame Bovary, Guerra y paz, Ulises Cien años de soledad, que dejaba de leer en el momento en que leía la palabra “mierda” o cualquier tipo de escatología, no digamos ya las obras eróticas o pornográficas; un lector que no encontraba un solo personaje femenino memorable en toda la literatura universal, que se jactaba de fanático y reconocía que leía a algunos escritores “contra” otros (leía a Hugo contra Baudelaire, por ejemplo, como reconoció en su discurso homenaje a Victoria Ocampo), que se dirigía al periodista Carrizo con un “te reto a que me encuentres un solo verso bueno de Neruda”, que rechazaba a todos los escritores cuya lectura supusiera un esfuerzo y que llevó su anglofilia al extremo de decir que “la literatura anglosajona es toda la literatura universal”, no puede ser considerado el lector-más-importante-de-la-historia-de-la-humanidad, porque era un lector que carecía de órganos para gran parte de las obras literarias.


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SOBRE LOS escritores y la masturbación. Grandes masturbadores fueron Diógenes, Balzac (aunque este se paraba antes de correrse), Maupassant, Gide, Mishima, Sartre, Capote o... James Joyce, que, importunado en un café de Zurich por un desconocido que le preguntó: "¿Puedo besar la mano que escribió Ulises?", le respondió: "No, también ha hecho muchas otras cosas".


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ESO QUE dice Cioran, que solo se da vitalidad a una prosa si buscas la incorrección y te pones a cada paso al borde del solecismo, me parece un pensamiento muy agudo y una gran verdad. Pienso en la prosa de Nietzsche, en la de Proust, en la de Céline, en el monólogo interior de Joyce; pienso en Canetti y en Merini y sobre todo en la pentalogía autobiográfica de Bernhard, donde la frase se alarga y se repite de continuo, dentro de una anarquía aparente, solicitando del lector una respiración de búfalo y logrando unos efectos de intensidad excelentes, y me doy cuenta al fin de qué quería decir el Cortázar maduro cuando declaraba que su propósito era escribir cada día “más mal”.


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FREUD APRENDIÓ español para leer el Quijote; Shelley para leer a Calderón. Borges aprendió alemán para leer a Schopenhauer; Cortázar para traducir a Rilke. Cansinos Assens aprendió árabe para traducir Las mil y una noches, Unamuno aprendió danés para leer a Kierkegaard y Joyce aprendió noruego para leer a Ibsen.


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EXISTE UN tipo de artista moderno (pienso en Tzara, en L=A=N=G=U=A=G=E, en el último Joyce, en Pollock), que quiere restituir sus derechos al caos, al azar, a la masa confusa previa a todas las cosmogonías. Es el artista que se planta ante Dios tras el sexto día y le espeta:

–¡Desgraciado! ¿Qué has hecho? ¡Devuélveme el mundo de antes!