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CUÁNTAS VECES he dicho, en las tardes en que los miro con buenos ojos y no los pongo a parir, que Alejandra Pizarnik y Francisco Umbral son dos milagros de la literatura hispánica, en tanto que vulgarizadores providenciales que acercaron a la gente todas las innovaciones de las vanguardias. Que la primera lectura que hacen las niñas de quince años sea Pizarnik, por dios, qué maravilla, ya me gustaría saber en qué otros idiomas disfrutan de un caso así, el de una poeta que entra al poema de perfil, que no dice las cosas sino las sugiere, que no coloca ideas sino sensaciones, que conserva todo el temblor e intensidad animal pero sin reducir un ápice el misterio y no-me-entiendo de la existencia... Pizarnik es una poeta a veces naïf, a veces amateur, sin la factura formal de otros poetas, pero una poeta que no descansa en su intención de hacer alta poesía y de hecho esa es para mí la razón (una de las razones) de que las últimas generaciones de chicas escriban mejor poesía que los chicos: existe una diferencia sideral en que las chicas comiencen con Pizarnik, que es alta poesía; y que en cambio los chicos comiencen con Bukowski, cuyo lenguaje es similar al de un periodista del Marca.

En cuanto a Umbral, he dicho que es un milagro hispánico y no he dicho la verdad, porque por desgracia apenas es conocido en América, pero este escritor madrileño-vallisoletano escribió desde 1976 hasta 2007 la columna más célebre de España, primero en El País y luego en El Mundo, leída según las mediciones por más de un millón de lectores cada día. Nótese la milagrosidad de lo que estoy refiriendo: un millón de personas, en unos tiempos donde los índices de lectura de los españoles eran paupérrimos, leían cada mañana a un nuevo Quevedo mestizado con Apollinaire, Breton, Éluard, Aleixandre, Valle-Inclán, Gómez de la Serna o el Neruda surrealista, pues el fenómeno Umbral consiste en tomar todos los descubrimientos de las vanguardias y ponerlas al servicio de columnas eclécticas sobre Pitita Ridruejo o Felipe González (por eso digo que es un vulgarizador).

Ya es triste que, teniendo a un escritor así a la vista, que no es tanto un escritor como una herramienta, las nuevas generaciones escriban en telegrama, con frases cortas y analfabetas, abjurando de la metáfora y el adjetivo, al estilo de Hemingway, Bukowski o Palahniuk y sin el encanto de ellos. Por eso voy a aprovechar, una vez más, para recomendar la lectura de una o dos páginas cada noche de Un ser de lejanías, la que para mí es su obra cenital, superior a Mortal y Rosa, o para que os leáis mi blog de Francisco Umbral, donde estoy subiendo fragmentos de las 128 obras que publicó, con el fin de que el escritor joven sea consciente de hasta qué niveles de expresividad se puede llegar con el lenguaje.

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EN LA novela Temas de conversación, de Miranda Popkey, la protagonista es lectora empedernida de los diarios de Sylvia Plath. En un momento de la narración, otro personaje, Artemisia, descubre lo que está leyendo y dice:
Sylvia Plath, dijo, leyendo el lomo del libro que yo había dejado boca abajo sobre mis rodillas. No es muy buena poeta, comentó, pero sí una persona interesante.
Claro. A mí también me gusta como poeta, ojo, pero la clave de algunos escritores, pienso en Gide, Renard o Pizarnik como ejemplos más estruendosos, es que dejaron una obra confesional, completamente de no ficción, que ha potenciado su figura por encima del resto de su obra literaria, porque los diarios parecen más verdad, más cercanía, y te llega el dibujo psicológico y vital de la persona de una manera como es imposible que te llegue un poeta o un novelista estricto.

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ALGUNO ME dirá, quizá (qué alguno ni qué nada, si como siempre estoy discutiendo conmigo misma), que la poesía es el genero confesional por excelencia y que esa es la razón de que nos topemos con la persona en Plath o Pizarnik, pero yo me he leído la obra poética de las dos y os garantizo que el grado de testimonio y de desnudez es muy diferente en su obra poética y en sus diarios. Tanto Plath como Pizarnik acuden a la poesía con criterios 100% artísticos, donde hasta la sinceridad es una sinceridad artística, y en cambio en el diario se sueltan y el propósito artístico, sin reducirse a cero, es mucho menor, de forma que nos llegan mucho más desnudas. Ya he hablado muchas veces de que los diarios y las memorias también son una representación, una sinceridad representada que no excluye el ladrillaje literariopero en mi opinión siempre serán géneros superiores a la poesía si de confesarse es de lo único que se trata.

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A UNA pregunta en Threads sobre qué títulos de libros nos parecen más memorables, he respondido con estos siete:

Retornos de lo vivo lejano, de RAFAEL ALBERTI
Las mil y una noches
Mi familia y otros animales, de GERALD DURRELL
El corazón es un cazador solitario, de CARSON MCCULLERS 
Para nacer he nacido, de PABLO NERUDA 
Extracción de la piedra de locura, de ALEJANDRA PIZARNIK 
Gracias y desgracias del ojo del culo, de FRANCISCO DE QUEVEDO

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CADA VEZ que publico en Threads la troya de algún autor contra Nietzsche, Bukowski o Pizarnik, siempre aparece el que se siente herido y entra para defender a su "novio".

Que Messi o Jennifer Lopez generen fanmanía me parece normal, porque su propuesta no va dirigida solo al intelecto, pero que algunas luminarias de la literatura o la filosofía tengan más hinchas que lectores me parece una objeción contra ellas.

¿Qué hicisteis mal, amigo Hank, amigo Friedrich, amiga Alejandra, para crear semejantes rebaños de hooligans, vosotros que odiabais los rebaños?

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LA ACTITUD con respecto a la existencia que más me gusta en el diarista es la de rechazo o inadecuación a ella, porque creo además que el diario se escribe para eso, como una secreción o respuesta a las dificultades que nos ponen los otros, dificultades entre las que se va modelando nuestro individualismo. También son Gide y Woolf los dos autores que destaco en este punto, mientras que Plath o Pizarnik, aunque también son cimas, de tan desgarradoras me causan claustrofobia lectora y me parece que incurren un poco en patología.

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PENSANDO EN el Alavés, club de fútbol cuyo apodo es "El Glorioso", me han venido a la cabeza los peligros de la exageración. El Alavés jamás ha ganado un título desde que se fundó, pero al lograr el ascenso a Primera División, en la temporada 1929-1930, a sus seguidores se les calentó tanto la cabeza que le pusieron ese apodo y ahí llevan, noventa y cinco años arrastrándolo sin ganar nunca nada, acumulando gloriosas derrotas y descensos igual de gloriosos.

Lo bueno de la exageración es que dota de intensidad al tedio cotidiano y lo malo es que puede volverse un boomerang. Exageramos para concitar la atención y colocarnos en el centro, pero la gente deja de escucharnos y pierde la confianza en nosotros en cuanto nos descubre en delito de hipérbole. Otro problema es que el exceso agota: de todos los grandes exagerados (Miguel Ángel, Quevedo, Rubens, Beethoven, Hugo, Nietzsche, Pizarnik, Freddie Mercury) tengo que descansar de vez en cuando, porque me abruman sus dramas y músculos y decibelios.

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ME COMPRÉ en epub la obra completa de Jules Renard por 1'99 euros, aprovechando que en Francia te puedes comprar la obra completa de sus mayores genios por precios ridículos, una vez que han transcurrido los setenta años que duran los derechos desde la muerte de un escritor. El problema es que la obra está en francés, pero como Google Play pone un traductor incorporado, espero leerme poco a poco su diario, que en francés tiene 1600 páginas, frente a las trescientas que como mucho tienen las versiones al español. Renard que pertenece al cogollo premium del diarismo de todos los tiempos, junto con Gide, Woolf, Jünger, Plath, Nin, Pessoa, Pla o Pizarnik.

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UNO DE los misterios igual no tan misteriosos del mundo pirata es que a la muerte de Francisco Umbral, en 2007, las páginas de descarga pirata de libros se inundaron de obras de este autor, hasta el punto de que yo, que en mis tiempos de acumuladora irreflexiva de libros llegué a sumar en papel 76 de Umbral, logrados a menudo pagando sobreprecios por ellos en librerías de viejo, porque en mi juventud este estilista fue uno de mis autores favoritos, de pronto me encontré con ¡ochenta y nueve umbrales! en las páginas pirata, además de otras siete biografías o estudios sobre él. Ahora bien, ¿cómo puede ser que páginas de pirateo creadas en el siglo XXI ofrezcan en epub libros de Umbral inencontrables, algunos de la década de los sesenta y setenta, como “Días sin escuela”, “Retrato de un joven malvado”, “Los políticos”, “España como invento” o “Diario de un español cansado”, que jamás encontré a lo largo de los años ni en las librerías de viejo más grandes de Madrid? La única explicación que le doy es que la propia María España, mujer de Umbral y albacea de su obra (u otra persona cercana a él), filtrara esos libros a las páginas pirata, como es costumbre para reflotar a autores venidos a menos. Lo que se agradece, desde luego.

Umbral dominó la escena literaria española gracias a una columna diaria de opinión, que llevó desde 1976 hasta 2007, primero en El País y después en El Mundo, con una estancia mínima en ABC: en esa columna ecléctica y egomaníaca hablaba con un lenguaje deslumbrante lo mismo de Pitita Ridruejo que de Felipe González o de su gata Loewe. Después de su muerte es lógico que su obra se haya desvanecido un poco, salvo Mortal y Rosa (que no es, ni de lejos, su mejor obra), pero Umbral cuenta con lo mismo que tienen Pizarnik o Cortázar: es un autor que genera vicio. Hace unos diez años creí que había renunciado a él, pero me sorprendo de vez en cuando volviendo a sus libros, lo que prueba que su veneno continúa. Si necesito dejarlo pero no lo consigo, ¿no será que igual no lo necesito tanto? Y además, ¿qué otro autor español o panhispánico no oculta su ego sino que presume, y presume a unos extremos a los que solo llega él?

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ASÍ DE memoria me salen pocos poetas que estuvieron o se volvieron locos, Tasso, Fijman, Hölderlin, Nietzsche, Merini, Panero, Artaud, a pesar de toda la polvareda que levanta la locura en la poesía y los torrentes de palabras que se han escrito sobre la relación que mantienen. Claro que si incluyéramos a todos los poetas desequilibrados (yo misma estoy desequilibrada, según dice mi médica de cabecera) o que sufrieron problemas mentales, la lista sería casi interminable (para empezar habría que meter a Pound, a Plath, a Sexton, a Pizarnik o a Juan Ramón Jiménez, por citar casos severos).

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UNO DE mis trucos de supervivencia en los debates de Threads es utilizar el "de acuerdo al %", con el fin de manifestar mi discordancia sin que mis interlocutores se sientan del todo refutados. He aquí algunas de mis intervenciones con ese algodón:

• • • De acuerdo al 50%, porque yo nací en un pueblo donde aún había muchos analfabetos y te los podías encontrar de pronto en el pajar, llorando a solas, hablándole a una persona invisible (Dios, o su madre muerta, o vete a saber). Existen muchas formas de poesía además de la escrita.

• • • De acuerdo al 50%. El diálogo a-toda-costa es un mito, a mí el que me abrió los ojos fue Žižek. Se puede dialogar con alguien próximo a ti o al menos no lejano, pero uno de Hamas no puede dialogar con un sionista radical porque el antagonismo es demasiado grande. Al final todos acabamos en el grupito opinativo que se parece a nosotros porque estar todo el día discutiendo acaba con la salud :)

• • • De acuerdo al 90%. Un 35% de españoles reconoce que no leen ni un libro al año: me parece osado decir que todos son unos borregos. Existe una escuela que aboga por leer todo lo que se pueda, pero existe otra opuesta, la representada por ejemplo por Séneca o Flaubert, que sostiene que leer demasiado causa confusión en la mente y que solo deberíamos leer una y otra vez unos cuantos libros durante nuestra vida (Flaubert decía que bastaba con cinco o seis; Séneca ponía el límite en cien).
• • • De acuerdo al 90%, pero yo me leería por si acaso las diez primeras páginas, porque han existido grandes escritores (me salen enseguida los casos de Jane Austen, Ernest Hemingway, Roberto Arlt o Gabriel García Márquez) que cometían faltas de ortografía.

• • • De acuerdo al 50%. La mayoría de los escritores y artistas de la historia han sido niños de papá con tutor de latín y piano en la sala. Celan o Pizarnik o Kafka o Virginia Woolf sufrieron mucho, pero el sufrimiento máximo para un artista es nacer en un lugar donde pasas hambre o ni siquiera te enseñan a leer ni escribir, esto es, donde ni siquiera tienes la posibilidad de ser escritor. 

• • • Contigo al 80%. En el otro 20% no estoy de acuerdo porque muchos cambios de opinión proceden de la cobardía o para acomodarse a los intereses más turbios.

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O SEA, que Pizarnik se pasa sus diarios (el mayor monumento que nos dejó, superiores incluso a su poesía) poniendo a parir a su madre, consecuencia de ese cerebro suyo que solo veía la parte mala de las cosas, pero resulta que su madre era la que trabajaba de vendedora ambulante para poder mantenerla, pues Alejandra se proclamaba "incapaz" para el trabajo e incluso para cocinar. Su madre le fregaba, le planchaba, le compraba la comida y le limpiaba su departamento para que ella pudiera continuar su vida de poeta maldita. Cuando Alejandra se suicida, su madre es la que da las mayores muestras de desesperación, pues había consagrado su vida a ella y tras su muerte "ya no sabía qué hacer". 

Pienso en las biografías de Rimbaud, Verlaine, Artaud, Bukowski, Kerouac, Corso o cualquiera al que hayan relacionado alguna vez con la etiqueta de "maldito", y me pregunto si el malditismo no será un sinónimo de caradurismo.

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LO MÁS curioso de los dos robustos volúmenes de entrevistas de la revista The Paris Review, publicados por Acantilado, es que ninguno de los entrevistados, en su mayoría anglosajones, salen con la murga de la humildad. Es ponerte a leer entrevistas de escritores latinoamericanos, portugueses, españoles, italianos..., procedentes de lugares católicos donde los curas han causado estragos, y sale la habitual condena contra el narcisismo, la vanidad de los escritores, el ego.

Quede claro que aquí estoy a favor de los ombliguistas y que tengo predilección por el género confesional. A mí sí me interesa que los escritores me cuenten su "vidita". Siempre he amado a los escritores ególatras como Nietzsche, Plath, Capote, Pizarnik, Umbral, Garro, Sontag, Neruda, Aragon, Houellebecq o Tsvetáyeva y, si nunca he criticado los concursos de humildad en que suelen convertirse algunos debates literarios de mi zona cultural, es porque me conozco el percal y no quiero morir a manos de la marabunta :)

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LO QUE cada vez me molesta más de Hugo, Nietzsche, Neruda, Bukowski, Houellebecq: que no hayan dado muestras de disolución del yo, que hayan conservado la ficción de una identidad dura, al contrario que Pizarnik, Plath, Woolf o Tsvetaeva, que muestran una identidad borrosa o a-punto-de-romperse. Ya es curioso que todas sean mujeres y suicidas. ¿Será que los hombres se ven obligados al militarismo de la identidad compacta? ¿Será que las mujeres sufren en el casi-yo, consecuencia del papel subalterno que se les ha otorgado desde la cuna, como se refleja tan bien en los diarios de Plath?

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TODO PAÍS se dota de un equipo de patrioliteratos, críticos profesionales o no (pienso en Menéndez Pelayo, en Menéndez Pidal, en Gregorio Marañón, en Salvador de Madariaga, en Dámaso Alonso), que, después de unir con loctite a los escritores según los kilómetros cuadrados donde han nacido, y formados ya los equipos, se dedican a destacar las cualidades del equipo previamente definido como propio contra las del equipo restante, que es todo el mundo. El problema de estos críticos de bufanda, cuyas opiniones conocemos de antemano (la literatura de mi país es la reoca y tal), es que sus opiniones no siempre coinciden con las de los grandes escritores de la época, que leen atendiendo no al prejuicio patriótico sino a los valores literarios. Dejo de muestra algunos botones sobre lo que dijeron ciertos escritores hispánicos, casi todos del siglo XX, acerca de la literatura española:
 
ANTONIO MACHADO: "Yo creo que la lírica española (con excepción de las coplas de don Jorge Manrique) vale muy poco, poquísimo; vive no más que por el calor que le prestan literatos, eruditos y profesores de retórica (calor bien menguado). No es ésta una impresión sino una opinión madura. He dedicado muchos años de mi vida a leer literatura nuestra. Hay poesía en el poema del Cid, en Berceo, en Juan Ruiz y, sobre todo, en romances, proverbios, cuentos, coplas y refranes. Entre Garcilaso, Góngora, fray Luis y san Juan de la Cruz pueden reunir hasta cincuenta versos que merezcan el trabajo de leerse. La mística española no vale nada por su lírica. Es en vano que Menéndez Pelayo nos diga que los versos de fray Luis traen un sabor anticipado de la gloria. Los versos de fray Luis no anticipan absolutamente nada, recuerdan con cierta gracia algunas cosas y torpemente otras. La lírica española no tiene una vena propia ni nunca se abrevó en el agua corriente. El árbol de nuestra lírica sólo tiene una fruta madura: las coplas de don Jorge. Es en vano que se reproduzcan en las antologías las odas de Herrera, donde hay trozos de Biblia con versos dignos de Cazuela o que nos diga que Garcilaso es un gran poeta a pesar de no tener nada propio. La crítica está llena de supersticiones que se perpetúan por falta de esa curiosidad por lo espiritual, yo diría por falta de amor a las cosas del espíritu. Porque es el amor y, sobre todo, la pasión lo que crea la curiosidad. Dejamos que Menéndez Pelayo o don Juan Valera, o don Perilo López nos evalúen nuestra literatura y descansamos en la autoridad de ellos por falta de amor a esas cosas; no acudimos a formar ideas propias porque no nos interesan ni apasionan. En cambio, los aficionados a toros no se contentan con la opinión que les dan los revisteros, acuden a la plaza y luego discuten por milímetros la estocada del diestro H o X".

ALEJANDRA PIZARNIK: “Abandono la lectura de la Antología de G. Diego. Mi deseo de ser Octavio Paz es un absurdo, a mí me cuesta adquirir una cultura enciclopédica. A él no le cuesta nada porque es un intelectual nato. Por otra parte, la lectura de los españoles sólo puede darme esa falsa soltura que los vuelve formales y vacuos. De algún modo es una suerte mi incultura españolizante”.

LEOPOLDO LUGONES: "¿Qué lee? ¿Azorín? ¿Por qué no lee libros montenegrinos? Usted tiene que leer una gran literatura. La española es una pequeña literatura regional, como la búlgara".

VICENTE HUIDOBRO: “Cuando llegué a Chile me propuse volver a estudiar el castellano que en mis años en Francia había descuidado. Leí a todos los que pasan por los mejores españoles, tanto en prosa como en verso. Te juro que me daba vergüenza y que me sonrojaba como si yo hubiera escrito lo que leía. ¡Qué cosa lamentable, fofa, hueca, tontamente artificial! Jamás nada profundo, ni fino, ni propio de una alta imaginación o de un cerebro serio. Y esto porque todo se va en la preocupación retórica, en las sonoridades, en la palabrería”.

SALVADOR PÁNIKER: "A veces pienso que de esa gente, los españoles, hay que leer solo lo imprescindible. Justo para no perder el ringorrango del idioma".

JORGE LUIS BORGES: “Afirmar una ya conseguida plenitud del habla española, es ilógico y es inmoral. Es ilógico, puesto que la perfección de un idioma postularía un gran pensamiento o un gran sentir, vale decir una gran literatura poética o filosófica, favores que no se domiciliaron nunca en España”.

JUAN BENET: "En este país no ha habido, yo creo que desde el siglo XIX, novela de aventura, novela de misterio, novela del mar –excepto Baroja–, ni novela de imaginación; y, si me apuras, ni novela de pasión. No ha habido más que estampas de la vida familiar, de la vida provinciana, de la vida en el campo y de la vida en la oficina. Y poco más que estampas. A mí no me interesa. Cambio todo Galdós por una novela de Stevenson. Lo que hacía Fortunata por la calle Mayor no me ha interesado nunca, absolutamente nada".

VICENTE HUIDOBRO: “Recuerdo que hace años hablábamos en un Café en Madrid sobre novela. Yo hablaba de Gide, de Proust, de Lawrence, de Joyce y otros que ahora no recuerdo. Uno de los allí presentes (que fue amigo tuyo y mío en París) exclamó, casi como herido: “Hace una hora que Huidobro habla de la novela y no ha nombrado a un solo español. ¿Y nuestro Baroja?” Esto con la intención como de desenmascararme; como diciendo: está bien, manifiesto que Huidobro es un antiespañol. ¿Qué puedes contestar tú a eso? ¿Es culpa mía que sea ridículo nombrar a Baroja cuando se está hablando de los más grandes novelistas del mundo? ¿Tengo yo la culpa de que España no pueda presentar ninguna figura de la talla de esos nombrados más arriba? Sería más lógico pensar que yo preferiría mil veces que Gide, Malraux, Lawrence, Joyce fueran de nuestra lengua y no de cualquier otra. Yo les regalaría volando a Baroja, a Pérez de Ayala y sus fraternos, a Francia o a Inglaterra a cambio de los otros. ¡Qué maravilla si los más grandes alemanes o suecos o de cualquier país escribieran en español! No se podría pedir más. ¿Con qué derecho suponen que el constatar que los escritores de otros países son superiores supone mala voluntad y no amor a la verdad? ¿Por qué no ver más bien que esa constatación supone dolor y que querríamos que no fuera así? ¿O es necesario mentir por patrioterismo o espíritu de adulo y gritar que todo lo nuestro es mejor aunque no lo sea? ¿Pero vamos a engañarnos a nosotros mismos? ¿Vamos a encontrar satisfacción en nuestras propias mentiras? Y aún suponiendo que a uno le irritara el que otros países produzcan más altos escritores que España, ello encerraría amor a España y no odio. No nos irritamos si la Conchinchina no produce escritores".

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO: “Las diferencias ortográficas entre España y las colonias no son un gran inconveniente; como allí no leemos libros españoles; como ustedes no tienen autores, ni escritores, ni sabios, ni economistas, ni políticos, ni historiadores, ni cosa que lo valga; como ustedes aquí y nosotros allá traducimos, nos es absolutamente indiferente que ustedes escriban de un modo lo traducido y nosotros de otro”.

JORGE LUIS BORGES: "España ha producido quizás un solo hombre de genio, Cervantes. Y supongo que a los demás se les puede olvidar, seguramente. Yo al menos los olvido".

PÍO BAROJA: “Yo no sé qué tiene nuestra literatura para ser tan desagradable. No hay blandura de corazón en nuestros escritores, ni en los antiguos, ni en los modernos, ni en los del Norte, ni en los del Mediodía, ni en los de Levante, ni en los de Poniente. Todos son unos”.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: "La literatura y el arte contemporáneos españoles de calidad —rejionales de Europa; provincianos del mundo— no son universales, sino nacionales. Hay que interesarse en España para interesarse en ellos".

VICENTE HUIDOBRO: "Escribir bien, para un español, es escribir como se escribía antes. Por eso la literatura española tiene tan poca vida. No han producido nada en una cantidad de ramas y subramas de las letras. No tienen un solo gran dramaturgo, ni un novelista de primer plano, ni un sicólogo, ni un gran pensador. No hay en España un Dostoievski, ni un Gogol, ni un Tolstoi, ni un Stendhal, ni un Balzac, ni siquiera un Proust, ni un Meredith, ni un Goethe, ni un Hölderlin, ni un Nietszche, para no nombrar sino autores de todos conocidos. Lo mejor que ha tenido la literatura española en los últimos tiempos es acaso Valle-Inclán, a pesar de su voz engolada. No hubo en España un Victor Hugo, un Musset, un Baudelaire, un Rimbaud, un Lautréamont, un Mallarmé, ni nada comparable. Mientras Inglaterra poseía un Byron, un Shelley, un Blake, España no tenía sino un Zorrilla, un Espronceda, un Núñez de Arce o novelistas como el señor Pereda, que todavía se atreven a editar los editores hispanos. Frente a esas montañas, unos tres o cuatro melones huecos. Desde el Siglo de Oro, las letras españolas son un desierto intelectual hasta Rubén Darío. Ésta es la verdad, la muy triste verdad".

JUAN BENET: "La gran novela se convierte en una cosa tan indispensable como las fuerzas armadas, la marina mercante o la red telefónica, un índice del país. Esa clase de patriótica convicción –incluso compartida por aquellos que han renunciado a vivir en un país influyente pero todavía alimentan la esperanza de que pueda producir genios–, que no podía sufrir que España no contribuyese a la gran corriente naturalista con un nombre señero, es la responsable no solo de haber elevado a Galdós a un altar ridículo, sino también de ese desmedido afán por encontrar al gran hombre de letras que nos redima de la insoslayable decadencia".

JOSÉ DONOSO: “Los caballeros que escribieron las novelas básicas de Hispanoamérica y gran parte de su prole, con su legado de vasallaje a la Academia Española de la Lengua y de actitudes literarias y vitales caducas, nos parecían estatuas en un parque, unos con más bigote que otros, unos con leontina en el reloj del chaleco y otros no, pero en esencia confundibles y sin ningún poder sobre nosotros. Ni d’Halmar ni Barrios, ni Mallea ni Alegría, ofrecían seducciones ni remotamente parecidas a las de Lawrence, Faulkner, Pavese, Camus, Joyce, Kafka. En la novela española que el magisterio solía ofrecernos como ejemplo, y hasta cierto punto como algo que nosotros podíamos llamar “propio” —Azorín, Miró, Baroja, Pérez de Ayala—, también encontrábamos estatismo y pobreza al compararlos con sus contemporáneos de otras lenguas”.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: "ESPAÑA, país realista. Casi toda su producción literaria, artística, es realista. Ni ciencia ni abstracción por falta de respeto, silencio y bienestar. Los místicos, escepción única, tenían celda, comida necesaria y respeto, porque su espiritualidad era relijiosa, única salida espiritual tolerada en España. Lo moderno es realista también. Cuando un poeta -yo- pretende subir a otro plano más alto, no lo ven, no lo miran".

ROBERTO BOLAÑO: “La literatura argentina es, probablemente, la mejor literatura en español del siglo XX”.

LUIS CERNUDA: "Azorín, Valle-Inclán, Baroja, ¿qué es eso? ¿Qué me importa toda esa estúpida, inhumana, podrida literatura española?".

JORGE LUIS BORGES: "La Literatura española... Trataré de decirlo cortésmente: empieza espléndidamente con los Romances, que son realmente lindísimos. Luego vienen escritores admirables, como Fray Luis de León, que para mí sigue siendo el mejor poeta castellano. Y San Juan de la Cruz. Y así llegamos al Quijote, que creo que es un libro realmente inagotable, sobre todo la segunda parte. Pero después ocurre algo que ya se nota en dos hombres de genio, como lo son Quevedo y Góngora: todo se torna rígido. Uno tiene la impresión de que ya no hay caras, sino máscaras. La culminación de este fenómeno se da en Baltasar Gracián, donde no se siente ninguna pasión ni sensibilidad. Es un mero juego de formas, como el cubismo o la literatura de Joyce... Luego tenemos el siglo XVIII, muy pobre. Y el movimiento romántico, donde España sirve para inspirar a todo el mundo, menos a los españoles. Solamente queda Bécquer: una réplica débil del primer Heine... Luego de este panorama general, ocurre un hecho que creo que no se debe ocultar: cuando todo se renueva, sobre todo por influencia de Francia (la obra de Hugo, de Verlaine, de Poe -Poe también nos llegaba de Francia, porque entonces Francia era la forma para que se pudieran comunicar dos países americanos-), esa renovación se hace desde este lado del Atlántico y no desde España. Si usted piensa en Rubén Darío, en Freire, en Lugones: son poetas no inferiores y ciertamente anteriores a los Machado y a Juan Ramón Jiménez".

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: "Desde mi primera juventud sentí un despego instintivo -que luego había de ser antipatía conciente- por la literatura clásica castellana. Lo que yo sentía ya en mí -afán espiritual e ideal- no lo encontraba en nada de ella, y anteveía vagamente, por atisbos y deducciones, que estaba en otras literaturas -en la inglesa, la alemana, la francesa-. La literatura inglesa me atrajo siempre especialmente y puede decirse que mi primera grande admiración fue después de leer "Hamlet", en edición francesa.

La literatura castellana: retórica y realismo, sin más, si se exceptúa algo del Quijote.

Góngora, sí. Algo universal de Bécquer. Y nada más. Siempre odié a los románticos nuestros, tan pobres. ¡Y no digo nada a Núñez de Arce, Campoamor, etc.! ¡Dioses de aquellos días!".

MIGUEL DE UNAMUNO: "Nuestra literatura, tomada en conjunto, es sencillamente insoportable; nuestros clásicos son unos charlatanes que diluyen en un tonel de agua insípida una píldora de filosofía casera que sabe a garbanzo revenido. Fuimos siempre, y no sé por cuánto tiempo más lo seguiremos siendo, un pueblo de inteligencia, por esencia, presencia y potencia, ramplona".


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QUIEN INCURRE en Umbral tardará muchos años en salir de él. Es puro vicio (pasa algo parecido con Pizarnik o Cortázar, pero la diferencia es que estos dos sí que son grandes escritores). No hay otro escritor en el idioma que sea capaz de hacer tantos esguinces con el lenguaje como Umbral, con tanto gusto para escoger o crear nuevas palabras, ni existe ninguno tampoco al que le siente tan bien esa egolatría que nunca se cansó de cultivar. Si me estoy cebando tanto con él es precisamente para advertiros: alejaos cuanto antes de Umbral, porque os estáis suicidando. Sabed que os estáis enganchando a un escritor que solo tiene órganos para el 10% del espectro, precisamente el 10% más secundario, donde además es un maestro de tal tamaño que vosotros no vais a llegar a ser ni la sombra de lo que fue él, y en cambio estáis descuidando el 90% del espectro, justamente el 90% esencial, allí donde seríais mucho mejores por la sencilla razón de que en los sembríos primordiales cualquiera es mejor que él.


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Y ES que la conducta del egoautor es esencial para que la obra funcione. Una poeta como Pizarnik, por ejemplo, debe parte de la belleza negra de su obra al suicidio: quitad su suicidio y veréis que muchos de sus poemas y muchos fragmentos de su diario, que leemos con un recogimiento del corazón, se convierten sin las 50 pastillas de Seconal en la obra de una llorona y una pelmaza. Es el suicidio el que nos garantiza la VERDAD de su obra, el que hace que la leamos con el silencio sagrado que se muestra ante una biblia laica.


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PARA QUE se me entienda: lo último que puede hacer un egoescritor, lo más bajo de todo, es tratar de ganarse a los lectores con el azúcar negro del suicidio. Para esta prohibición neorrabiosa solo encuentro una excepción: que el suicidio sea un tema tan obsesionante para el autor que no tenga forma de evadirlo. Lo mismo Plath que Sexton que Pizarnik se pasaron toda su obra alertando de que viene el lobo que-viene-el-lobo, ¡pero el lobo vino y salvó la sinceridad de sus obras, sinceridad que en la escritura confesional es la clave para que te respeten los lectores! Cioran, en cambio, tras escribirnos dieciocho libros anunciando al lobo, ¡se fue de la vida sin ningún lobo y ninguna credibilidad! Un tipo que se pasó la existencia jugando a maldito y marginado, haciendo suyas las tesis de Teognis de Megara (“La mejor cosa sería no haber nacido”), que nos hizo creer a los lectores que caminaba cada día por la cuerda en su caso nada floja del suicidio, murió colmado de honores, reseñas y traducciones en un hospital de París a los 84 años de edad. Ese fue Cioran: todavía seguimos esperando a su lobo.


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DICE PIZARNIK en sus diarios que, empezada a leer la famosa antología que hizo Gerardo Diego, la dejó a la mitad porque los poetas de la Generación del 27 le parecían “vacuos y formales”. Claro. La Generación del 27 (como la del 98, aunque esta es bastante mejor) es un invento patriótico nacido en un momento en que los estados-nación necesitan la literatura en las escuelas para cohesionar a la población y dotarla de identidad, esto es, para que sus ciudadanos acepten sin rechistar la obligación de ir a una guerra o la de pagar a escote los 100.000 millones de euros de una deuda privada. La literatura que se produjo desde Jorge Manrique hasta Calderón de la Barca, cuando España solo existía como geografía y no se necesitaba presumir de literatura nacional, se podía medir a lo mejor del mundo (Papini sostenía, incluso, que la española era entre las antiguas la mejor de todas); la que se ha creado en España entre finales del XIX y la primera mitad del siglo XX, aunque supone un salto con respecto a la que se venía haciendo en los doscientos años anteriores, ni en sueños se puede acercar a lo que se ha hecho en el mundo desde Baudelaire hasta Faulkner. Con razón seguía diciendo Borges, aún en los años ochenta: “La literatura española está en decadencia desde el siglo XVII”; y Bolaño sugería: “Probablemente, la literatura argentina es la mejor literatura en español del siglo XX”.


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PUBLICAS PORQUE deseas, abres blogs porque aspiras, lees libros y aprendes tu oficio porque buscas el impacto y la fama: el escritor debe asumir sus demonios para resistir los embates de quienes le van a acusar de fatuo, soberbio o ambicioso. Goethe a Eckermann: "Quien no espere tener un millón de lectores, que no escriba una línea". Victor Hugo a los diez años: "Quiero ser Chateaubriand o nada". Carson McCulllers: "Yo solo anhelaba una cosa: irme de Columbus y dejar huella en el mundo". Pizarnik: “Hoy me siento la mejor escritora del mundo”. Es mejor confesarse “Sí, tengo el corazón negro Y QUIERO SER”, que dejar que te penetren las dudas y vivir como esos pobres escritores que en las entrevistas gastan toda su energía en fingir que son humildes. ¿Humilde un escritor? ¿Con humildad pensáis que Virgilio escribió La Eneida y Balzac La comedia humana? ¡Cómo va a ser humilde alguien que quiere jubilar a Dios!