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EXISTEN MUCHOS testimonios que hablan de la “maldad” de Neruda (el de Juan Larrea, por ejemplo, el de Vicente Huidobro, el de Bergamín, el de Pablo de Rokha, el de Nicanor Parra, el de Gonzalo Rojas), pero es muy revelador que solo hablen mal quienes decidieron competir con él y perdieron, naturalmente, porque Neruda es el poeta en español más grande desde Quevedo. Después de leer a los lovers y a los haters, y sin pensar para nada que fuera un santo (véase al respecto el capítulo negrísimo sobre su violación de una mujer tamil en Colombo), una concluye o quiere concluir como nerudiana que es, pues considero al chileno como uno de los hijos naturales de Victor Hugo, que Neruda era un hombre generoso que ayudó siempre que pudo a sus compañeros. ¿Que ayudó más a los que le hacían la rueda que a los que no se la hacían? Hombre, como todos. No hay más que recordar lo orgulloso que se sentía por el triunfo de Lorca en Buenos Aires (“el mayor apogeo de un poeta de nuestra raza”, dijo entonces); su predilección por Miguel Hernández, a quien se ofreció para encontrarle un trabajo, o el tacto con el que trató a Borges, del que llegó a decir: “Nuestra América española nunca ha tenido un escritor tan importante como Borges; los periodistas quieren enfrentarme a él porque tiene ideas políticas de dinosaurio, pero yo jamás lo voy a hacer”. Y qué decir de García Márquez: el apoyo que recibió de Neruda desde el minuto uno le causó tan honda impresión que, nada más morir el poeta en 1973, el colombiano escribió:
Una vez Neruda me llamó a Barcelona. "Tienes que venir con tu mujer a cenar mañana conmigo a París." Yo protestaba: "Pablo, tú sabes que a París no viajo en avión, yo no voy sino en tren". Entonces le oí una voz tierna que ponía, las ganas de llorar, y le dije: está bien. "Vámonos", le avisé a mi mujer. "A Pablo le dio el berrinche y hay que comer con él mañana en París." Cuando bajábamos del avión supe la noticia: le habían concedido el premio Nobel, y lo primero que hizo fue decirle a los periodistas: "El que merecía ese premio es Gabriel García Márquez". ¡Entonces comprendí por qué tenía tanto interés en que cenáramos con él!
A la cena del premio, en su casa, solo asistimos David Alfaro Siqueiros y su mujer, Jorge Edwards, el pintor chileno Eduardo Mata, Régis Debray, el fotógrafo Henri Cartier-Bressons, mi mujer y yo. Estaba también el delegado de la Academia Sueca que había ido a comunicarle el premio. Pabló lo jodió toda la noche con que me dieran a mí el Nobel el año entrante. El pobre sueco decía: "Sí, monsieur Neruda, ya veremos...".

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“SHAKESPEARE Y el drama”, de Tolstoi, es otra obra para incluir en el muy selecto club de los “libros-troll”, del que también forma parte el “Curso sobre el Quijote”, de Nabokov, “Contra los poetas”, de Gombrowicz, “El crepúsculo de los filósofos”, de Papini o “Neruda y yo”, de Pablo de Rokha. Existe una animadversión que proviene de la poca información o el no-querer-enterarse de las virtudes del otro, pero también existe otra que se funda en un sobre-conocimiento del autor o materia odiados. Confieso que esta clase de rechazo me pasma y me disgusta un poco. Con lo fácil que les hubiera sido, una vez visto que les desagradaba, no seguir leyendo…