Mostrando entradas con la etiqueta Coleridge Samuel Taylor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Coleridge Samuel Taylor. Mostrar todas las entradas

893


EN EL aforismo Nº 4027 de su Ideolojía Juan Ramón Jiménez toca el tópico del artista como andrógino:
EN jeneral las mujeres jeniales son algo viriles, los hombres jeniales algo femeniles; porque el jenio necesita integración. Lo humano jenial ha de fundir niño, mujer y hombre simultánea o sucesivamente. 

Un caso supremo sería bastante como jenio; Goethe: llorón y enérjico, exhibicionista y solitario, enamorado y esquivado, etc.
Ya Platón se refirió al andrógino como al ser original que, al ser dividido en dos, hace que nuestras vidas sean un deseo constante por recuperarlo. Pero Platón no vinculó lo andrógino específicamente con los artistas; los primeros que lo hicieron fueron los románticos alemanes, con los hermanos Schlegel y Novalis a la cabeza, y quien fijó la idea para siempre fue Coleridge en su Biographia Literaria, donde precisó que no es que el artista tenga partes de mujer ni de hombre, sino que las trasciende en una nueva totalidad plena, lo andrógino. Coleridge puso a Shakespeare como el paradigma principal ("Shakespeare no pertenece a ninguna época ni a ningún país. Posee el equilibrio de la mente andrógina"), con lo que estoy en desacuerdo, porque Shakespeare, salvo en sus sonetos, es mucho más andro que gino, con personajes sectarios y tumultuosos que muestran exagerados instintos de agresión. El paradigma que propone Juan Ramón Jiménez, el de Goethe, me parece mucho más adecuado (aunque tiene más gino que andro), porque este autor alemán tiene partes de su obra donde se muestra romántico, nacionalista y subyugado por Napoleón, pero también tiene otras, a mi parecer de más peso, donde se muestra clásico, sereno, spinozista y universal.

888


BIOY CASARES recupera un parlamento que hizo Borges sobre Coleridge en 1958:
Borges recuerda una recomendación de Coleridge a un joven escritor, en el sentido de que nunca debe uno empezar a escribir autobiográficamente: las verdades sobre uno quedan para después. Un muchacho joven que está atento a sus reacciones, para luego escribirlas, se volverá muy tonto. Vivirá mal y escribirá mal. Todo lo que escriba será pobre y crudo. Coleridge aconseja (pensando en su propia experiencia) que se evite ante todo caer en ser autor, porque esto seca el corazón.
Menos mal que ni Gide ni Plath ni Pizarnik ni Cioran ni Sexton ni Papini ni Bukowski ni Lessing ni Umbral ni Knausgård le hicieron caso, por decir algunos nombres célebres que empezaron a escribirse desde el minuto uno. ¿Y de dónde vienen estos prejuicios contra la egoescritura, teniendo en cuenta que también Pascal le daba con la vara a Montaigne por usar tantas veces la palabra “yo”? Creo que el rechazo procede de la noche de los tiempos, de la tribu que señala con el dedo al miembro ensimismado que no arrima el hombro, rechazo que ha llegado a la modernidad en tres frentes: por una parte nos acusan los creyentes religiosos, por otra la derecha conservadora y por otra la izquierda colectivista, que cultivan una gama de sospechas hacia el yo que van desde la simple reticencia a la oposición radical.

Sucede que la persona que está tan interesada en sí misma, con solo radicalizarse un poco, deja de atender sus obligaciones con el rebaño o hasta niega obligación alguna, y entonces, ¿quién cuida al abuelo, quién da limosna en la iglesia, quién continúa la lucha de clases, quién defiende a Argentina?

479


QUIZÁ PODRÍA meter también a Gide o a Proust o a Pessoa como ejemplos de identidades gaseosas, si bien obsérvese que los tres son la antítesis de lo masculino. En el momento en que te liberas de lo macho, el yo se vuelve mucho más flexible, ya no necesita repetirse, ¿pues qué es una identidad sólida, sino una repetición incesante? ¿Pensaría en esto Coleridge en su teoría del artista andrógino? Mientras el artista-hombre quiere liberarse de la carga del yo, la artista-mujer quiere acceder a él, pues la mujer ha sido a lo largo de la historia una persona-sin-yo, una persona que está supeditada al yo del hombre. Pero el acceso al yo solo es creativo si lo desmasculinizas y lo conviertes en multiyo ⇒si adelgazas o destruyes la ficción de la identidad.


356


LO MÁS divertido de los hacedores de notas-a-pie-de-página es que muchas veces se convierten en correctores del autor y pueden llegar a corregirte... ¡hasta la fecha de tu cumpleaños! Escribe Samuel Taylor Coleridge en su cuaderno de notas Anima Poetae:
20 de octubre de 1801. Mi cumpleaños. La nieve cayó sobre Skiddaw y Grysdale Pike por primera vez.
A lo que su editor, que es además su nieto, corrige:
Un error de toda la vida. Nació el 21 de octubre de 1772.