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EN ANOTACIÓN del 5 de agosto de 1937, Gide, de viaje en la Italia de Mussolini, encuentra en sus calles el mismo fanatismo y la misma intolerancia que se había encontrado en la URSS de Stalin, a la que había viajado el año anterior: 
Las paredes de los edificios y los muros de las carreteras están cubiertos de inscripciones en caracteres gigantescos; vivas al Duce y citas de frases suyas, lemas perfectos, admirablemente elegidos e ideales para galvanizar a la juventud, para reclutarla. Sobre todo estas tres palabras —«Creer, Obedecer, Combatir»— se repiten con la mayor frecuencia, como conscientes de que resumen el mismo espíritu de la doctrina del fascismo. Lo que permite cierta claridad de ideas y al mismo tiempo me señala las «posiciones» del antifascismo. Y no hay nada que produzca tanta confusión como la adopción de esos lemas por el comunismo, aunque pretenda ser antifascista, pero solo lo es políticamente, y también pide a los afiliados al partido «creer, obedecer y combatir», sin reflexionar, sin crítica, con una sumisión ciega. Las tres cuartas partes de las inscripciones italianas podrían convenirle a las paredes de Moscú. Me dicen que solo se puede vencer a un adversario en su mismo terreno, con sus propias armas, y que es conveniente oponer la espada a la espada (algo de lo que no estoy convencido en absoluto). Lo que hay que hacer, antes que nada, es oponer el espíritu al espíritu, que es precisamente lo que no se hace. Los historiadores del futuro determinarán cómo y por qué, al borrarse el fin ante los medios, el espíritu comunista cesó de enfrentarse al espíritu fascista y hasta de diferenciarse de él.
La historia ha dictado sentencia en favor de Gide, pero en aquellos tiempos este escritor francés batallaba en solitario frente a los que veían a la URSS de Stalin como espejo de virtudes, algunos tan famosos como Aragon, Éluard, Neruda, Vallejo, Alberti, Hernández...

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...SIN EMBARGO puedo comprender a Gide o a todos los que se levantaron contra Victor Hugo en Francia, porque este autor llegó a ocupar tal anchura en la francofonía que acabó cerrando todos los caminos, al punto de que es famoso que el abuelo de Sartre, según relata su nieto en Las palabras, dejó de leer cuando murió el autor de Los Miserables. Es un caso muy parecido al de Neruda en el mundo hispánico: Neruda también es verbalmente poderoso, también es egocéntrico (de hecho, se le acusaba de "creerse Victor Hugo"), también es intenso y exagerado, también luce una panoplia variadísima que va de lo amoroso a lo épico, capaz de hacer vanguardia y realismo socialista con el mismo talento, de modo que ocupa todos los caminos de la poesía hispánica y se convierte en "el poeta" por antonomasia hasta que, siguiendo la lógica del boomerang, acaba estragando y generando a la barra brava de los anti, porque la Hugofilia y la Nerudofilia extremas engendran Hugofobia y Nerudofobia igualmente extremas. Mientras en el caso de Hugo la fobia ha remitido mucho en las últimas décadas, en el caso del poeta chileno no solo ha remitido sino que ha aumentado, primero tras la caída del muro de Berlín, donde a todos los poetas que elogiaron a Stalin (Éluard, Alberti, Aragon, Hernández...) se les hizo pagar un precio, y segundo con la llegada del feminismo, que al mundo hispánico no llegó en serio hasta hace quince años, y que no le perdona la violación a una mujer tamil y el abandono de su hija con hidrocefalia, al extremo de que hoy es el día en que me atrevo a afirmar, por mis continuas navegaciones en la red, que Neruda es el poeta más rechazado del mundo hispánico. Con el feminismo hay que estar hasta cuando exagera, pero borrar a Neruda y entronizar a Gloria Fuertes quizá sea algo más que una exageración.

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¿CUÁL FUE la ruptura literaria más "sonada" del siglo XX? Si es por "sonido", la mayor es la que aconteció el 6 de marzo de 1932 en el Café Cyrano, sito en la Place Blanche de París, cuando André Breton, en plena discusión con Louis Aragon sobre la inconveniencia de que la literatura se sujetara a un programa político, en este caso el del Partido Comunista Francés, atizó una bofetada en la cara a Aragon, que, en palabras de René Char, que estaba presente, "resonó en toda la vanguardia parisina". Ahora bien, si lo que valoramos es el daño físico causado, que en el caso de Aragon fue muy leve, porque recibió la bofetada impertérrito, sin hacer siquiera amago de contestar, la ruptura literaria más sonada aconteció cuarenta y tres años después, el 12 de febrero de 1976, en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México, durante el estreno de la película La odisea de los Andes, cuando Mario Vargas Llosa propinó un puñetazo a Gabriel García Márquez mientras le decía "¡Esto es por lo que le hiciste a Patricia!", en referencia a su esposa Patricia Llosa, con la consecuencia inmediata de que el escritor colombiano cayó al suelo, sangrando por la nariz, con el puente de sus lentes roto y un moratón en el ojo izquierdo que le duró varios días.

Breton solo quería "representar" la ruptura con Aragon por divergencias de opinión político-artística, por lo que una bofetada pública y sonora le bastaba; Vargas Llosa en cambio actuaba movido por el odio personal, en un asunto nunca aclarado que vinculaba a su propia mujer, por lo que un puñetazo dado con toda el alma, buscando el máximo daño, le pareció mejor opción :)

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IBA POR la calle Princesa y me encuentro con la siguiente placa: “Aquí vivió Emilio Carrere, que dedicó a Madrid gran parte de su obra”. Al punto me he echado a reír, porque mi ego me ha imaginado enseguida la placa contraria, “Aquí vivió la poeta maricrónica, que escribió contra Madrid todos los días”, placa del todo imposible no solo por mi tamaño de pezqueñina, sino porque el terruño solo festeja a quien lo festeja.

Quieren a los escritores arrodillados ante el nosotrismo. En Madrid existe una ruta de las letras para turistas que consta únicamente de autores folclóricos; falta por hacer un itinerario con todos los autores extranjeros que vivieron o pasaron alguna vez por esta ciudad, que son muchos (además de infinidad de panhispánicos, me vienen enseguida Hugo, Gautier, Pound, Rilke, Valéry, Aragon, Hemingway, Malraux, Cocteau).

Hasta diez ciudades griegas compitieron entre ellas por demostrar que Homero había nacido en su seno, por lo que llueve sobre mojado. A veces nace un escritor tan grande (Cervantes, Borges, Pessoa, Dostoyevski...), que consigue librarse de la prisión onfaloscópica, pero tampoco te creas: cuando eso sucede el nosotrismo contraataca, nombra al autor “biblia nacional” y condena a los pobres escolares a hacer el “análisis morfosintáctico” de sus obras :)


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LO MÁS curioso de los dos robustos volúmenes de entrevistas de la revista The Paris Review, publicados por Acantilado, es que ninguno de los entrevistados, en su mayoría anglosajones, salen con la murga de la humildad. Es ponerte a leer entrevistas de escritores latinoamericanos, portugueses, españoles, italianos..., procedentes de lugares católicos donde los curas han causado estragos, y sale la habitual condena contra el narcisismo, la vanidad de los escritores, el ego.

Quede claro que aquí estoy a favor de los ombliguistas y que tengo predilección por el género confesional. A mí sí me interesa que los escritores me cuenten su "vidita". Siempre he amado a los escritores ególatras como Nietzsche, Plath, Capote, Pizarnik, Umbral, Garro, Sontag, Neruda, Aragon, Houellebecq o Tsvetáyeva y, si nunca he criticado los concursos de humildad en que suelen convertirse algunos debates literarios de mi zona cultural, es porque me conozco el percal y no quiero morir a manos de la marabunta :)

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ME ENTRA la risa con el rechazo al cubo que experimentaban Borges y Bioy por el surrealismo, rechazo que no les salió barato, al menos a Borges, pues es una de las razones de que se quedara en un poeta menor, de que sus poemas se ahoguen de simetría y lucidez. Escribe Bioy en su Borges:
Jueves, 16 de octubre [de 1952]. Pensando en Éluard, en Breton, en Queneau, en Michaux, en Supervielle y tantos otros jefes de la literatura. ¿Cómo sería el futuro de conversaciones con personas que hablan en serio de Fargue, que encaran el bicornuto dilema de elegir entre Aragon y Prévert, que imaginan que solo hay tres posibilidades: catolicismo, comunismo, surrealismo? Como decía Borges la otra noche, las dos primeras doctrinas permiten, por lo menos, la redacción de libros; los franceses parecen no haber advertido que el surrealismo, valga lo que valga la teoría, impide en la práctica la producción de páginas legibles. Borges me dijo también: ¿Qué pensará la señora David-Neel, que conoce el oficio de componer libros aceptables, de personajes como Breton o como Éluard?


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ALGUNOS ESCRITORES son expertos en descubrir y condenar el ego del otro. Dice Breton sobre Aragon, una vez que se enemistó con él:
¿Aragon? La opinión general entre nosotros era que continuaba siendo muy "literato": incluso cuando paseaba con nosotros por la calle, era muy raro que no nos leyera un texto suyo. Asimismo le gustaba, cuando hablaba en los cafés, no perderse ninguna de sus actitudes reflejadas en los espejos.
Le dijo la sartén al cazo. Habla aquel cuyo personalismo provocó que casi todos los miembros iniciales del movimiento surrealista francés acabaran abandonándolo. Fueron a preguntarle en 1971 a Julio Cortázar cómo él, sintiendo tal simpatía por el surrealismo y viviendo en París, no se había integrado nunca en el movimiento francés, a lo que respondió: "El surrealismo se había convertido casi en una Iglesia, con Breton como Papa, y yo, por muchas razones, no calzo con las iglesias".


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PROMETÍ ESCRIBIR un poema detrás de otro cuando llegara mayo y ya veis que no estoy cumpliendo, jajaja, ¡ya os dije que la poesía es un gato que solo se deja acariciar cuando a él le apetece! Sigo insistiendo, sin embargo, porque se deben mirar al menos 10.000 tréboles para encontrar uno de cuatro hojas.

¿Se puede forzar a la poesía? Claro que se puede: la poesía llega con los estímulos, pero hay que desconfiar mucho de esos estímulos si ponen en riesgo tu propia vida. Decía Ferrater que Louis Aragon escribía poemas políticos muy malos, pero que empezó a escribirlos buenos cuando los nazis invadieron Francia. Ferrater remataba:
—Claro que es mal negocio que los alemanes tengan que invadir Francia para que Aragon empiece a escribir buenos poemas.
El poeta confesional John Berryman era más bruto. En una entrevista a The Paris Review declaraba:
Mi idea es esta: es extremadamente afortunado el artista al que se le presenta la peor prueba posible sin matarlo. Creo que lo que le suceda a mi trabajo poético en el futuro dependerá de ser golpeado en la cara, aplastado, tener cáncer, o cosas por el estilo. Espero ser casi crucificado.

 

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LO ANTIFRANCIA que eran los surrealistas franceses me pone cachonda. AntiFrancia y además antiOccidente, o sea como yo. Veamos unos fragmentos de esta carta que escriben contra Paul Claudel, que había dicho que el dadaísmo y el surrealismo eran "pederásticos". La carta se envió en 1925 y está firmada por gentes como Breton, Artaud, Eluard, Aragon, Desnos, Ernst o Péret, los subrayados son míos. 

CARTA ABIERTA AL SR. PAUL CLAUDEL, EMBAJADOR DE FRANCIA EN JAPÓN

Señor:
Lo único pederástico que tiene nuestra actividad es la confusión que siembra en la mente de los que no participan en ella. La creación nos importa muy poco. Lo que deseamos con todas nuestras fuerzas es que las revoluciones, guerras y las insurrecciones coloniales logren aniquilar a esta civilización occidental cuyas miserias ustedes defienden hasta en el Oriente, e invocamos esa destrucción como el estado de cosas menos inaceptable para el espíritu. Ni el gran arte ni el equilibrio existen para nosotros. Hace ya mucho tiempo que la idea de belleza desapareció.
Sólo queda en pie una idea moral, a saber, por ejemplo, que no se puede ser a la vez embajador de Francia y poeta.
Aprovechamos esta ocasión para desolidarizarnos públicamente de todo lo francés en palabras y en actos. 
Declaramos que la traición y todo lo que de una manera u otra puede dañar la seguridad del Estado nos parece mucho más conciliable con la Poesía que la venta de grandes cantidades de tocino por cuenta de una nación de puercos y perros.

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ESCRIBE MARGARET MacMillan en Usos y abusos de la historia:
La hija del poeta británico John Betjeman se disculpó con una ciudad que está cerca de Londres por un verso de uno de sus poemas, que dice: «venid, amables bombas, y caed sobre Slough / que ahora ya no es apta para los humanos».
Como los familiares tengan que pedir perdón por las barbaridades que escribieron los poetas, que son los seres menos responsables del mundo (y me incluyo), me da que tendrían que pasarse toda la vida de rodillas. Me vienen a la cabeza, como ejemplos de lo rápido que los poetas se ponen violentos, sobre todo ellos, el “a galopar hasta enterrarlos en el mar” de Alberti, el “huevo de águila, a Franco nombro”, de Gerardo Diego, el “Frente Rojo”, de Aragon, el “si mi pluma valiera tu pistola”, de Antonio Machado o el libro “Incitación al Nixonicidio”, de Neruda. Por no hablar de Quevedo, que se pasaría toda la vida de cárcel en cárcel si se le aplicara la "Ley Mordaza" de hoy, por continuos delitos de incitación al odio.