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NO ES solo que Jesucristo no se comportara como un ser humano, desdeñando el propio interés y hasta absteniéndose de conservar su propia vida, sino que sobre todo no hablaba como un ser humano: las parábolas a las que recurría están en la línea de Heráclito, de Porchia, de Quasimodo, de Pound, de Saint-John Perse, por decir algunos poetas o pensadores que fueron calificados de oscuros: Jesucristo hablaba en jerigóngora, que diría Quevedo, y gracias a eso mantenía la distancia además de la admiración del pueblo.

Si hubiera hablado como Sócrates o como Epicteto todo el mundo le habría entendido, pero un lenguaje así de claro delata humanidad, y así no se llega a ser Dios.

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EN SUS momentos más radicales, el estoicismo es un vasquismo: consiste en un ataque por tierra, mar y aire contra tu sistema límbico. Dice Epicteto en su Manual:
No es necesario en general asistir al teatro. Si alguna vez vas, no aparentes tomarte en serio nada más que a ti mismo; esto es, desea que suceda solo lo que está sucediendo y que gane solo el que gana. Pues así no sentirás contrariedad. Abstente por completo de gritar y de reírte de alguien o de compartir las emociones con los demás. Y al despedirte no hables mucho de lo sucedido, salvo si ello te aporta alguna mejora, pues de ello se deduce que quedaste admirado del espectáculo.
Si voy al teatro y no puedo reírme ni llorar ni compartir mis emociones con los otros espectadores, como pide Epicteto, ¿para qué voy a ir al teatro? Precisamente el teatro y el fútbol y los conciertos nos permiten soltar a nuestro animal en un lugar "ficticio", donde podemos expulsar nuestras emociones sin mayor daño. Es increíble la obsesión que tienen muchos sabios antiguos por eliminar todo el chocolate por el que merece la pena vivir.

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SOBRE LOS sabios que nacieron en la cima de una montaña de oro y me hablan de sufrimiento y renunciación – Epicteto es el único de los grandes estoicos al que puedo leer con paciencia, porque nació esclavo y quedó impedido físicamente desde la infancia, pero ¿quién es Séneca, patricio que según Nassim Taleb era el hombre más rico del Imperio Romano, para aconsejarme resiliencia, él que nunca supo de las calamidades de la pobreza crónica? ¿Quién es Marco Aurelio, el hombre que ocupaba la cúspide de la pirámide como emperador, posición a la que llegó con malas artes, para aconsejarme humildad y moderación?

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JESUCRISTO ES un budista con tigre. Está probado que el budismo llegó a Siria en el siglo III antes de Cristo y construyó allí varios templos; sin duda Jesús tuvo que beber de aquellas fuentes y mezclarlas con toda la tradición violenta de los textos judíos anteriores. En Jesús habita el fanatismo y la voluntad de poder del Antiguo Testamento con la pasividad y amor al prójimo del budismo; su lenguaje es de tornado pero su mensaje es de calma, es como una extraña mezcla de Isaías y Epicteto.


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ESCRIBE EL Príncipe de Ligne:
Cicerón no desdeñaba los lugares comunes; los griegos, sus maestros, no menos. Leed los manuales de Epicteto y los demás, tan bien impresos por Didot, y decidme si un hombre de letras de ahora se atrevería a publicar cosas tan manidas y con tan poca chispa.
Lo que subyace bajo estas líneas es que Ligne conoció los salones literarios franceses del siglo XVIII y principios del XIX, una de las épocas de la historia donde más se ha admirado el ingenio, donde una persona de ingenio podía hacer carrera (a causa de su agudeza, el rey le concedió a Talleyrand la abadía de Saint-Denis). Epicteto, en cambio, escribió un manual en el que abogaba por la resignación, el camino recto, el punto medio y el no apartarse de las acciones ordinarias para tener una vida sin sobresaltos: es normal que escribiera sin buscar el esguince ni la sorpresa. Si Epicteto hubiera leído a Ligne, quizá le habría parecido un frívolo, un tipo que sacrifica la verdad por el ingenio, más preocupado por hacer acrobacias conceptuales que por observar la realidad. En mi época de lector joven yo también me hacía preguntas similares: ¿por qué Polibio no sabe escribir goloso como Suetonio? ¿Por qué Tocqueville no danza como Voltaire? ¿Por qué la prosa de Camus no tiene la peonza de Nabokov? Más tarde me di cuenta de que soy yo, que vivo en continua ansiedad, el que busca escritores que ardan y muerdan y bailen en la página, pero los escritores calmados que trabajan la exactitud, los tonos bajos o el sentido común no son para nada inferiores, sino solo distintas caras que ilustran la riqueza de la escritura.