Mostrando entradas con la etiqueta Emerson Ralph Waldo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Emerson Ralph Waldo. Mostrar todas las entradas

852


MIRAD QUÉ confesión más bonita hace Emerson, en una carta a su amigo Ireland, a propósito de Carlyle, a quien acababa de conocer:
Es un consuelo conocer a un hombre que habla con sinceridad; que se siente tan rico que está por encima de la mezquindad de pretender un conocimiento que no posee. Carlyle no pretende haber resuelto los grandes problemas, sino que trata de ser un observador de sus posibles soluciones a medida que avanza el mundo.
Sin duda esta actitud es maravillosa y no me importa decir que yo no la he alcanzado nunca (ni la alcanzaré, porque tengo demasiada piraña dentro), pero albergo muchas dudas de que Carlyle fuera de esa manera, porque lo que se deduce de sus escritos es que era bastante dogmático e intransigente. Hay que tener en cuenta que Emerson escribe estas líneas después de conocer a Carlyle "por primera vez", ese momento irreal en que casi todos conseguimos interpretar a una persona estupenda solo con seguir algunas reglas de la humildad y la cortesía, antes de que, con el paso de los días y las semanas, empecemos a sacar sin querer el verdadero bicho que somos :)

723


EJEMPLO DE lo que digo es la obrita que me he leído esta tarde, Caminar. Thoreau, que es todo un graduado por la universidad de Harvard (aunque se negó a pagar los cinco dólares que costaba el diploma físico, y por tanto nunca adquirió el documento oficial), comienza reivindicando la naturaleza no al lado sino contra la civilización, pero luego, ¿qué es lo que nos encontramos en el libro? Toda una exhibición de la cultura libresca de Thoreau, cuyos saberes no solo pertenecen a la literatura, sino que abarcan también la filosofía, las ciencias naturales, la antropología o los viajes. Nos habla de Michaux, de Guyot, de Wordsworth, de Humboldt, de Linneo, de Ben Jonson o de Confucio y se demora en detallarnos las etimologías de las palabras, bien para señalarnos algún matiz o bien para discutir sobre ellas cuando son dudosas. Creo que Thoreau, en alguna parte de su vida, abogó por una naturaleza que no excluía las ventajas de la civilización, pero desde luego no en este libro. Con ello no quiero decir que su lectura sea desaconsejable: al contrario, Thoreau es uno de los autores más amenos que conozco y de hecho, en el trío de afinidad en el que le suelo situar, junto a Emerson y Nietzsche, con los que coincide en su individualismo, agresividad contra el espíritu de rebaño y predilección por lo natural frente a lo normativo, es el único al que leo siempre con una sonrisa en la cara, sin que me haga enfadar nunca, al contrario que los otros dos.