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A CHIRBES la inteligencia en la expresión le amortigua la intensidad en la persona, lo que no quiere decir que carezca de ella. Fijaos en lo que hace cuando lee un artículo de Almudena Grandes que le parece “cortesano”: 
Ayer, animado por alguna copa de más (aunque no, no me arrepiento, que dice Alaska en su canción), tras leer la columna de Almudena Grandes en el suplemento de El País, descolgué el teléfono y, como no me apareció ella, sino que me salió el contestador, le dejé un mensaje diciéndole que sentía vergüenza, le dije algo así como que no encontraba una piedra suficientemente grande en mi huerto para meterme debajo para ocultar la vergüenza que sentía.
Tras poner a parir a Grandes, nos cuenta que ese tipo de acciones no son raras en él:
En cualquier caso, la llamada telefónica a Almudena se inscribe en esa manía mía de buscarme enemigos, con una especie de loca generosidad inversa. Aunque, bien mirado, tampoco hay que despreciar la capacidad para seguir indignándose, por muy inútil que resulte en las estrategias de la vida.

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EL PARTIDO nosotrista Mas Madrid se ha quejado (AQUÍ) de la decisión del Ayuntamiento de Madrid de celebrar un homenaje a Mario Vargas Llosa: alega discriminación ideológica y agravio comparativo con Almudena Grandes y Marisa Paredes. Pero un momento: ¿en serio me estáis comparando los logros de las madrileñas Grandes y Paredes con los de Vargas Llosa, figura de todos los lugares y de todas las épocas, que ha sido llorado en América (AQUÍ), en Europa (AQUÍ), en Nueva York (AQUÍ), en el mundo árabe (AQUÍ), que era tan referencial que mantenía polémicas con gobiernos (AQUÍ) y (AQUÍ), que ha sido homenajeado por los presidentes de Francia y Alemania, o que fue el primer autor de habla no francesa en entrar en la Academia de Francia? 

Vargas Llosa ha sido uno de los intelectuales más importantes del mundo desde Jean-Paul Sartre, sino el mayor, además de uno de los mejores novelistas de todos los tiempos. El homenaje que le tributa Madrid es muy merecido y debe ser un punto de inflexión en favor de una ciudad cosmopolita: a partir de ahora, las autoridades deberían ir retirando los nombres de todos los escritores anacletos que decoran sus calles, famosos solo por haber nacido en unos kilómetros cuadrados y haberse destacado por escribir sobre motivos folclóricos, y sustituirlos por otros de verdad “nuestros”, que son aquellos que aplican el bisturí en los problemas de lo humano universal; autores que a menudo no solo no ensalzan a la ciudad y la nación en que nacieron sino, como Vargas Llosa, las critican y las ponen frente a sus contradicciones.

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EN LA mafia España no existe historia ni literatura: existe solo nacional-historia y nacional-literatura, la primera controlada por la derecha y la segunda por la izquierda. A su vez, la mafia Euskadi y la mafia Catalunya operan del mismo modo, pero como sus naciones oficiosas son más pequeñas, el cutrerío de sus historias y sus escritores inmarcesibles alcanza alturas todavía más sonrojantes.

¿En qué ranking internacional figuraba Almudena Grandes? ¡A ver si resulta que era una novelista imprescindible, y yo sin enterarme! Si la ciudad de Madrid tiene que hacer un reconocimiento a una escritora, debe de hacérselo a Safo, a Virginia Woolf, a Marguerite Yourcenar, a Emily Brönte o a Murasaki Shikibu. Si Madrid quiere ser una ciudad orientada al mundo, de las que piensan que la literatura no sirve para formar bandos sino para deshacerlos, no para fortalecer una monoidentidad sino para ofrecer excelencia en todas las direcciones, debe homenajear a las escritoras más grandes, nazcan donde hayan nacido, y no a escritoras menos buenas, por mucho que hayan nacido justo al lado del oso y el madroño.