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ME ENTRA la risa con el rechazo al cubo que experimentaban Borges y Bioy por el surrealismo, rechazo que no les salió barato, al menos a Borges, pues es una de las razones de que se quedara en un poeta menor, de que sus poemas se ahoguen de simetría y lucidez. Escribe Bioy en su Borges:
Jueves, 16 de octubre [de 1952]. Pensando en Éluard, en Breton, en Queneau, en Michaux, en Supervielle y tantos otros jefes de la literatura. ¿Cómo sería el futuro de conversaciones con personas que hablan en serio de Fargue, que encaran el bicornuto dilema de elegir entre Aragon y Prévert, que imaginan que solo hay tres posibilidades: catolicismo, comunismo, surrealismo? Como decía Borges la otra noche, las dos primeras doctrinas permiten, por lo menos, la redacción de libros; los franceses parecen no haber advertido que el surrealismo, valga lo que valga la teoría, impide en la práctica la producción de páginas legibles. Borges me dijo también: ¿Qué pensará la señora David-Neel, que conoce el oficio de componer libros aceptables, de personajes como Breton o como Éluard?


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LO ANTIFRANCIA que eran los surrealistas franceses me pone cachonda. AntiFrancia y además antiOccidente, o sea como yo. Veamos unos fragmentos de esta carta que escriben contra Paul Claudel, que había dicho que el dadaísmo y el surrealismo eran "pederásticos". La carta se envió en 1925 y está firmada por gentes como Breton, Artaud, Eluard, Aragon, Desnos, Ernst o Péret, los subrayados son míos. 

CARTA ABIERTA AL SR. PAUL CLAUDEL, EMBAJADOR DE FRANCIA EN JAPÓN

Señor:
Lo único pederástico que tiene nuestra actividad es la confusión que siembra en la mente de los que no participan en ella. La creación nos importa muy poco. Lo que deseamos con todas nuestras fuerzas es que las revoluciones, guerras y las insurrecciones coloniales logren aniquilar a esta civilización occidental cuyas miserias ustedes defienden hasta en el Oriente, e invocamos esa destrucción como el estado de cosas menos inaceptable para el espíritu. Ni el gran arte ni el equilibrio existen para nosotros. Hace ya mucho tiempo que la idea de belleza desapareció.
Sólo queda en pie una idea moral, a saber, por ejemplo, que no se puede ser a la vez embajador de Francia y poeta.
Aprovechamos esta ocasión para desolidarizarnos públicamente de todo lo francés en palabras y en actos. 
Declaramos que la traición y todo lo que de una manera u otra puede dañar la seguridad del Estado nos parece mucho más conciliable con la Poesía que la venta de grandes cantidades de tocino por cuenta de una nación de puercos y perros.