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CUANDO NERVAL proclama que es hijo de Napoleón; o Huidobro presume de haberle robado el teléfono a Hitler; o Baudelaire afirma que solo tiene sexo con jorobadas, o Rimbaud encuentra placer en ir por las tertulias de poetas diciendo que Verlaine le está rompiendo el culo, o Plath se inventa que tiene cáncer, se hallan en el mismo lugar de completa desrrealidad en el que he entrado yo. Sócrates tardó 70 años en cansarse de la vida, pero un poeta se cansa mucho antes.

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O SEA, que Pizarnik se pasa sus diarios (el mayor monumento que nos dejó, superiores incluso a su poesía) poniendo a parir a su madre, consecuencia de ese cerebro suyo que solo veía la parte mala de las cosas, pero resulta que su madre era la que trabajaba de vendedora ambulante para poder mantenerla, pues Alejandra se proclamaba "incapaz" para el trabajo e incluso para cocinar. Su madre le fregaba, le planchaba, le compraba la comida y le limpiaba su departamento para que ella pudiera continuar su vida de poeta maldita. Cuando Alejandra se suicida, su madre es la que da las mayores muestras de desesperación, pues había consagrado su vida a ella y tras su muerte "ya no sabía qué hacer". 

Pienso en las biografías de Rimbaud, Verlaine, Artaud, Bukowski, Kerouac, Corso o cualquiera al que hayan relacionado alguna vez con la etiqueta de "maldito", y me pregunto si el malditismo no será un sinónimo de caradurismo.

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A VECES es mejor no saber nada de los poetas que más te gustan. Paul Verlaine era mi poeta francés favorito, pero mi predilección se amustió bastante hace ya muchos años, cuando leí una entrevista donde el escritor bonaerense Blas Matamoro decía esto:
Adentrarse en la vida de un escritor puede deparar sorpresas y, a veces, el estudio de sus peculiaridades biográficas lo vuelven un personaje repugnante o admirable. Cuando uno lee la poesía de Paul Verlaine, suele sentir admiración, pero si después se entera de que este escritor cogió a su hijo cuando era bebé, lo golpeó contra la pared, le hizo una lesión cerebral y lo dejó tonto para toda la vida, puede que ya no le parezca tan excelente su poesía.