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EL ROMANTICISMO es para mí la principal corriente de todos los tiempos, pero distingo el romanticismo rosa del negro, que tiende a verse como antirromanticismo pero que en mi opinión es otra forma del mismo. Cuando Jesucristo dice que hay que poner la otra mejilla, está haciendo romanticismo rosa; pero cuando Breton dice que el mayor acto surrealista es salir a la calle y disparar a alguien, hace romanticismo negro. Cuando en las películas de Hollywood todo acaba bien al unísono, se está haciendo romanticismo rosa; pero cuando La Rochefoucauld no encuentra más motivo en los actos de los hombres que la vanidad, está haciendo romanticismo negro. Cuando San Francisco se pone a hablar con el lobo de Gubbio, está haciendo romanticismo rosa; pero cuando Baudelaire escribe Las flores del mal, está haciendo romanticismo negro.

¿Para escribir hay que sufrir padecimientos y tener el cuarto lleno de cucarachas, como dice Bukowski? Romanticismo negro. ¿Para ser feliz basta con trabajar y creer en la providencia de Dios, como dice Helen Keller? Romanticismo rosa. ¿La filosofía consiste en encontrar verdades brutales e inmorales, como dice Nietzsche? Romanticismo negro. ¿Con la sola educación y racionalidad se llegará a un mundo sin clases ni poderes, como dicen los anarquistas? Romanticismo rosa. ¿La única manera de aprender algo es mediante el sufrimiento, como dice Cioran? Romanticismo negro. ¿Los pobres, solo por el hecho de ser pobres, son buenas personas? Romanticismo rosa.

Hay que tener mucho cuidado con los que practican tanto el romanticismo rosa como el negro, porque son personas que buscan el efecto fácil que causa el exageracionismo. Por suerte, a partir del libro número mil te empiezas a cansar de todos estos histerias, lo mismo santos que satanes, optimistas que pesimistas, bondadosos que feroces, porque se les empieza a ver de lejos que están componiendo posturas, que son incapaces de ser naturales, y te empiezas a refugiar en escritores que no tratan de forzar las cosas, tipo Polibio, Goethe, Tocqueville, Camus...

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SIMPLEMENTE LEYENDO lo que algunos grandes autores alemanes, antes de las guerras mundiales, dijeron sobre sus compatriotas, podríamos habernos ahorrado cualquier ilusión sobre sus posibilidades futuras, aunque se debe matizar que lo de presentar a los alemanes anteriores a Hitler como "el pueblo más culto de Europa" solo se comenzó a hacer después de la catástrofe nazi, con el fin de que los libros y reportajes sobre el tema quedaran más tremendos. ¿Los más cultos? Lichtenberg decía que los alemanes eran tan borregos que "no se atreven a afirmar que "hace frío" antes de escuchar que otros lo dicen"; Schopenhauer afirmaba en público que eran el pueblo más necio del mundo, "más aburridos que gorros de dormir"; Nietzsche sostenía que Alemania era la nación más plana de Europa y que la sola proximidad de un alemán le "retardaba la digestión"; Heine avisó de que la intolerancia y fanatismo de sus compatriotas auguraba una hecatombe en el futuro; Einstein renunció a la ciudadanía alemana en 1895 a causa del antisemitismo y "mentalidad de rebaño" de sus coterráneos; y Kant, queriendo elogiarlos, dijo que los alemanes habían nacido para la obediencia y que necesitaban "un amo", por muy despótico que fuera, que les garantizara el orden.

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AYER PUBLIQUÉ en Threads una nueva entrega de un autor contra Nietzsche, en este caso Bertrand Russell, que la podéis leer mejor en esta entrada de mi blog de Troyas, y aparecieron de nuevo los Nietzsche´s fellators para llevarle agua al santo. A los lovers irredentos de este helenista alemán se les ve de lejos y se aferran siempre a un argumento, el que dice que las cosas excelentes que escribió Nietzsche, que realmente las tiene y en gran abundancia, las escribió en efecto él; pero que en cambio el 100% de sus disparates, que los dijo en tanta o mayor proporción, no los dijo él sino su hermana, que cortó y pegó para poner su obra en favor de los nazis.

Ya verás el día en que se pongan a leerlo en serio y descubran que el 90% de la obra de Nietzsche fue publicada por él mismo, y que su hermana no pudo meter sus dedazos más que en Ecce Homo, el Anticristo y La voluntad de poder. O que la apoteosis de Nietzsche entre los militares alemanes no llegó con los nazis, sino en la Primera Guerra Mundial, en la que hasta se repartió un ejemplar de "Así habló Zaratustra" a cada soldado. O que Nietzsche ni siquiera fue top-3 entre las preferencias filosóficas de los nazis (me salen ahora Rosenberg, Carl Smith o Heidegger por delante). O que a Hitler, que tenía un busto de Schopenhauer en su despacho, no le gustaba Nietzsche y hasta se le captó un día despreciándolo: "Es un gran escritor artista —dijo—, pero un mal filósofo".

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TAMBIÉN ME salió el que sostuvo que Bertrand Russell era un escritor más "académico", al modo de Ortega y Gasset, frente a la indignación salvaje de Nietzsche. También me pareció que erraba de medio a medio. Bertrand Russell no se puede comparar con Ortega ni como escritor ni como intelectual. Ortega como escritor es un pelma retórico que además se cree estilista y necesita tres páginas para decir lo que bastaría con una, mientras que Russell escribe sin afectación, con una prosa precisa y eficaz. En cuanto a su calidad de intelectuales, mientras Ortega se afinca en un prejuicio por cada uno que consigue superar y es un intelectual que se limita a los libros y al periódico, Russell se muestra como un hombre adelantadísimo a su época, disruptivo en terrenos tan sagrados como el sexo, la religión o la patria, que no solo escribe libros o artículos sino que sale a la calle y se manifiesta con todas las consecuencias.

Y aquí vuelvo a Nietzsche, ese hombre feroz, salvaje, maldito, iconoclasta y blablabla. ¿Cuándo fue condenado a seis meses de cárcel, como lo fue Russell? ¿Cuándo fue expulsado de la Universidad de Cambridge?  ¿Cuándo fue expulsado de la City College de Nueva York? ¿Cuándo fue interrumpido violentamente por patriotas cuando pronunciaba un discurso pacifista? ¿Cuándo se puso Nietzsche en riesgo por defender sus ideas, como tantas veces hizo Russell?

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ESTE DETALLE de El Anticristo es genial. Fijaos qué pedazo de bicho era Nietzsche, cómo lanza esta pulla en favor de Al-Ándalus:
El escondite, el lugar oscuro, es cristiano. El cuerpo es despreciado, la higiene repudiada como sensualidad; la Iglesia se previene hasta contra la limpieza (la primera medida tomada por los cristianos en España después de la expulsión de los moriscos fue la clausura de los baños públicos, de los cuales solo en Córdoba había unos doscientos setenta).
Como el libro está dedicado a atacar a la religión cristiana por tierra, mar y aire, a Nietzsche le parece bien invertir unas páginas en elogiar el budismo, el hinduismo y las religiones judía y musulmana, con el fin de que el lector concluya que el cristianismo es la sentina de todas las miserias. Claro que elogiar a la religión musulmana en 1888 era complicado, porque esa religión ya se había encerrado en sí misma y no se había beneficiado, como la cristiana, de un Voltaire o de una Ilustración que le bajaran los humos y le trajeran torrentes de distensión. Pero como Nietzsche es una serpiente de mucho cuidado (el mayor libelista de siempre), se acuerda enseguida de los tiempos en que la religión musulmana fue mucho más libre, higiénica y sensual que la cristiana. De eso tenemos muchas pruebas: no hay más que leer los denuestos que a veces dirigen Lope de Vega o Quevedo a los musulmanes, a los que acusan de lubricidad; no hay más que leer los Poemas Arabigoandaluces, traducidos por Emilio García Gómez, para darse cuenta de que aquellos adoradores de Alá eran mucho más sensuales y abiertos que los de ahora. Fue de lo más normal que los españoles de entonces abrazaran el Islam, porque los musulmanes eran mejores médicos, mejores poetas, mejores guerreros, mejores arquitectos... y además se lavaban y follaban más y mejor (los cristianos de aquella época en España eran casi todos como vascos).

Pero eso ya no pasaba en 1888, cuando Nietzsche está escribiendo el libro. La cristiana ya era una religión más abierta y sensual que la musulmana (si bien habría que introducir matices, porque el Islam es muy amplio y no tiene nada que ver el musulmán promedio de Túnez o Turquía con el de Afganistán o Arabia Saudí, o hay lugares muy liberales que en muy pocas décadas se vuelven hiperrígidos). Por eso digo que Nietzsche es un bicho. Le venía bien volar a la España de Al-Ándalus para meterle un palo al cristianismo y lo hizo, porque la voluntad de poder nietzscheana, aplicada a la filosofía, consiste en que lo importante no es conducirse con honestidad y añadir un poco de luz a un problema, sino por encima de todo ganar el debate.

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HABLANDO DE Nietzsche y Al-Ándalus, creo que me estoy convirtiendo en el nuevo Averroes, si bien en versión pezqueniña. Si es famoso que Averroes se pasó la vida comentando los textos de Aristóteles, yo estoy haciendo lo propio con los de Nietzsche con una diferencia esencial: mientras Averroes comenta a Aristóteles desde la admiración, yo comento a Nietzsche desde lo admirativo y también desde la repulsión que me merecen algunos de sus fragmentos. Me he leído tantas veces sus libros y he debatido tantas veces sobre su pensamiento, que me entra una ternura tremenda cuando, en mis continuas escaramuzas dialécticas sobre su obra, pues soy más hater que lover de ella, aparece alguien en Quora o Threads y trata de "explicarme" a este autor alemán. ¡Hola! ¿Me vas a explicar a Nietzsche a mí? ¿En serio vas a tratar de explicarle el color blanco a un esquimal?

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CADA VEZ que publico en Threads la troya de algún autor contra Nietzsche, Bukowski o Pizarnik, siempre aparece el que se siente herido y entra para defender a su "novio".

Que Messi o Jennifer Lopez generen fanmanía me parece normal, porque su propuesta no va dirigida solo al intelecto, pero que algunas luminarias de la literatura o la filosofía tengan más hinchas que lectores me parece una objeción contra ellas.

¿Qué hicisteis mal, amigo Hank, amigo Friedrich, amiga Alejandra, para crear semejantes rebaños de hooligans, vosotros que odiabais los rebaños?

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NO ME he empezado a dar cuenta hasta este año de que el centro de gravedad de Europa es Centroeuropa, como su propio nombre indica, y no tanto los antiguos griegos, que en verdad eran pueblos costeros y euroasiáticos, ni los antiguos romanos, que en realidad formaron un imperio mediterráneo que agrupaba también el norte de África. Como en mis lecturas suelo dar especial valor a que un escritor no se convierta en lacayo de su terruño o de su nación, he comenzado a unir hilos: ¿Por qué Kafka no parece sentir Chequia? ¿Por qué Rilke no da muestras de estar afiliado a ningún sentimiento nacional? ¿Por qué Zweig en toda su obra no se muestra orgulloso de Austria? ¿Por qué Goethe, Schiller, Schopenhauer, Nietzsche, Heine o Hesse no están orgullosos de su alemanidad, sino a menudo al contrario? ¿Por qué Gombrowicz insiste a los críticos para que valoren su obra desde criterios no nacionales? ¿Por qué Freud o Einstein solo se adhieren al internacionalismo? ¿Por qué Chopin dice desde el principio que quiere que su música sea reconocida en Viena o en París y no en Polonia? ¿Por qué en Suiza hasta bien entrado el siglo XX la literatura o historia nacionales eran solo asignaturas optativas?

Durante casi dos siglos existieron europeos de verdad, al menos en la burguesía y en la aristocracia: no europeos que además se consideraban franceses o ingleses o españoles, sino europeos que se sentían solo Europa. Se movían entre Varsovia, Ginebra, Praga, Viena, Berlín o Budapest. A raíz de las guerras mundiales y la posterior absorción de gran parte de ese mundo por la URSS, el nacionalismo se activó y puso fin a ese universo único y maravilloso, en tanto era cultural-artístico y no territorial-militar, quizá la única Europa 100% que ha existido en la historia.

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LEYENDO LA recepción crítica que recibió la obra de Stefan Zweig, me sorprende la cantidad de autores, con Arendt a la cabeza, que le reprochan su pasivismo: Zweig, te dicen, se limitó a salvarse de su tiempo en lugar de tomar partido político (¿o lo que le reprochan entre líneas es que fuera europeísta y cosmopolita en lugar de enorgullecerse de su judaísmo?). Si le reprochamos esto a Zweig, igual nos cargamos a gran parte de los escritores de Occidente. Tomemos como ejemplo a Nietzsche, Rimbaud, Baudelaire, Breton, Cocteau, Bataille, Bukowski, Cioran, Pizarnik, la clase de autores que viene acompañada siempre de los adjetivos de "feroces", "malditos", "transgresores", "iconoclastas"...

Ferocius de blablabla. Unos toreros de salón es lo que eran.

Comparemos a Pablo Neruda con Friedrich Nietzsche, por ejemplo. Neruda ha quedado a los ojos de la marabunta como un poeta blando y sensiblero, aunque por supuesto era mucho más que eso (el poeta en español más grande desde Quevedo, o junto a él), o como ejemplo de canalla al 100% por violar a una mujer tamil o desentenderse de su hija Malva Marina, aquejada de hidrocefalia. Nietzsche, en cambio, ha quedado como la rebeldía permanente, como un hombre que cada día se enfrentaba a tres osos, seis leones y diez cocodrilos. La realidad fue muy distinta.

Mientras Neruda puso en riesgo su vida varias veces, en la Guerra Civil española o durante el gobierno autoritario de González Videla, y llegó a recibir una paliza de un grupo de falangistas españoles en México, además de morir con Clostridium botulinum, un veneno que le inyectó la dictadura de Pinochet, como se ha demostrado de forma reciente, Nietzsche se dedicaba a leer libros, montar a caballo, escuchar música, acudir a recitales y recorrer Europa para curarse de su mala salud. Neruda fletó un carguero, el famoso Winnipeg, que zarpó desde el puerto francés de Trompeloup y llegó a Valparaíso en septiembre de 1939, con el que consiguió salvar a 2200 refugiados que huían de la represión franquista, elegidos y supervisados personalmente por él, además de conseguir salvoconductos para escritores o destinar las ganancias de algunos de sus libros para los refugiados de la guerra de España o para las víctimas de la guerra de Vietnam. ¿Qué hizo Nietzsche desde el punto de vista social? Pues no hizo nada más que opinar o escribir cosas, si bien de otro signo: cuando era profesor en Basilea, por ejemplo, y los grupos socialistas pedían la derogación del trabajo infantil, Nietzsche dijo que de eso nada, que era bueno que los niños de las clases bajas se acostumbraran desde pequeños a trabajar para las clases altas. De Nietzsche no tenemos ni una sola prueba de que se enfrentara a nadie en toda su vida, ni siquiera a una mosca: sabemos por una carta a Overbeck que una vez se planteó retar a duelo a Wagner, a causa de que el músico estaba insinuando a sus amistades que Nietzsche era homosexual, pero aquello no fue más allá de un conato de su mente. En uno de sus libros finales, "Ecce homo", tiene la desfachatez de quejarse del mal trato que recibe por parte de su madre y su hermana, a las que llama canaille (gentuza), madre y hermana que literalmente "se encargaron de él" en los últimos años, pues sus problemas físicos aumentaban y ya estaba casi ciego. Esa era la "dinamita" de Nietzsche.

El uno, Neruda, ha quedado como símbolo de poesía azucarera y comportamiento miserable; el otro, Nietzsche, como trueno de la pluma y hombre en desobediencia permanente: así te cuentan la historia de los maestros del pasado.

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HE PUBLICADO esta noche varios poemas del último año en el blog Otros poemas, y me he dado cuenta para mi gran alegría de que no estoy tan acabada como poeta: me parecen de lo mejorcito que he escrito nunca. También me he dado cuenta al leerlos de lo injusta que soy con Nietzsche: esos poemas los escribí tras releer El origen de la tragedia, donde fui sacudida por su teoría de lo dionisíaco y lo apolíneo. Me di cuenta de que el artista no tiene derecho a explicar lo irracional monstruoso, sino que solo tiene derecho a darle un cauce apolíneo para que se muestre: de ahí que sean los primeros poemas neorrabiosos que carecen de una comprensión lineal. Gracias, amigo Friedrich: eres un pedazo de hijodeputa y además un genio.

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TAMPOCO NIETZSCHE se leía los libros hasta el final, al igual que Valéry, Borges o Samuel Johnson. Se limitaba a picotear los libros buscando frases redondas, en las que se detenía hasta memorizarlas, o al menos eso es lo que le dijo a Ida, la esposa de su amigo Overbeck.

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RESULTA QUE también Nietzsche estaba lleno de Vanessa. Dice Safranski que su "afeminamiento y onanismo" eran comidilla pública y que Wagner lo hirió "mortalmente" cuando le dirigió una carta donde le sugería que dejara sus amistades masculinas íntimas y se echara una mujer. Pero Safranski se niega a que la obra del helenista alemán se lea de acuerdo a estas sospechas y soy de la misma opinión, porque cada persona vive su sexualidad de forma diferente, y no sabemos hasta qué punto Nietzsche vivía su condición sexual (la que fuera) con repudio u orgullo, o qué peso le concedía a ese punto en su existencia. Por lo pronto, las dos personas que más admiraba del mundo antiguo, Alejandro Magno y Julio César, fueron conocidos plurisexuales, y la persona que más idolatraba de la modernidad, Napoleón Bonaparte, una travesti en su tiempo libre. También Dioniso, el dios nietzcheano por excelencia, era un dios que los antiguos caracterizaban como andrógino.

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DICE SAFRANSKI que Nietzsche se opuso en Basilea a la derogación del trabajo infantil, que entonces se extendía a jornadas de diez a once horas, aunque era partidario de no dar un trato demasiado cruel al obrero "a fin de que él y su descendencia trabajen bien en favor de nuestra descendencia".

El intento de convertir a este bicho en leyenda de la izquierda es la mayor estafa intelectual que conozco.

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47 FOTOGRAFÍAS se conservan de Nietzsche. No penséis que son pocas, para ser un tipo del siglo XIX que trató de convencernos de que deseaba no ser visto por su época y cuyos hagiógrafos aún siguen diciendo que vivió al margen de sus contemporáneos.

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QUÉ DIFERENCIA entre el libro de conversaciones de Borges con Bioy y el de Goethe con Eckermann. Qué diferencia de persona, me refiero: mientras Goethe es un hombre agradable y agradecido, igual uno de los más amplios que ha pisado la Tierra, muy preocupado por ayudar a los demás escritores, con un rango de actuación que no solo se limita a la literatura sino que abarca la ciencia o el gobierno; un gran escritor que además es un gran ciudadano, que sabe que la vida se ha portado muy bien con él y trata de devolver los favores, siempre buscando la serenidad y el punto medio, que en su caso no es truco o conveniencia... y al otro lado Borges, un hombre negativo y mezquino, una metralleta de maledicencias, sin ninguna grandeza de miras con lo que no comprende, que se porta igual o incluso peor cuando se hace famoso que cuando no lo era, época en la que arrecia en sus mezquindades, como si quisiera vengarse de los demás. Y encima Goethe sabe mucho más, ¿eh? El conocimiento que exhibe Borges de la literatura y de la vida, con ser grande, se reduce a menudo a detalles, a boutades, se fija en lo que no tiene hueso, se carga a los escritores solo por una metáfora desafortunada, está limitado a encontrarse con colas de perro que le impiden ver el perro, mientras que Goethe muestra una mirada tranquila, panorámica, es un hombre que sabe distinguir lo fuerte de lo débil, lo sustancial de lo accesorio, que siempre está en busca de las relaciones y los elementos que unen, por eso es tan comprensivo y tan afirmado a la vida. Comienzo a entender eso de Nietzsche, que decía que la mejor obra de Goethe son sus conversaciones con Eckermann: en Goethe fue la persona la que se alzó a inmarcesible obra de arte.

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DEJÓ DICHO Freud que Nietzsche alcanzó un grado de introspección que nunca ha sido ni será alcanzado en el mundo. Me propongo demostrar en las próximas líneas que Freud dijo una tontería muy grande.

Lo esencial para alcanzar un grado de introspección considerable es no mentirse a sí mismo, lo que no sucedía en Nietzsche, que se mentía a todas horas porque nunca supo despegarse del Nietzsche ideal que pergeñó en su cabeza.

Tomemos Ecce Homo, que son las memorias del filósofo. En ese libro y en los del final Nietzsche se nos presenta como un eremita infatigable que nunca abandona su soledad irrestricta contra todos, pero cuando acudimos a los testimonios de sus amigos, ¿qué nos encontramos? Overbeck, su amigo íntimo, nos dice muy claramente que Nietzsche nunca estuvo solo, sino que le gustaba imaginarse así. Hasta se ha descubierto que incluso en sus estancias en Sils Maria participaba cada día en reuniones sociales con mujeres de la nobleza. ¿Cómo iba a estar solo un tipo que al morir nos deja seis volúmenes de correspondencia en los que sorprende la cantidad y variedad de sus amigos y conocidos?

Nietzsche nos insiste mucho en que no le importan el éxito ni la fama del presente, sino que solo busca la gloria de la posteridad: esa es otra película que trata de filmar en sus libros. Sin embargo, una vez más, su correspondencia viene a desmentirlo. En los últimos años de la vida cuerda de Nietzsche, Georg Brandes comenzó a dar un curso en Copenhague sobre el filósofo alemán. Enterado de esto Nietzsche, utilizó toda su correspondencia final para comunicar el mismo monotema: el famoso curso que Brandes estaba dando sobre "su" filosofía. No queda ni el tato entre sus amigos y conocidos que no se entere por carta de la buena nueva. ¡Menos mal que no le importaba el éxito!

Hablemos ahora de su relación con Wagner. Sabido es que Nietzsche terminó rompiendo con Wagner y que la mayoría de los estudiosos explican la ruptura por causas filosóficas, artísticas o religiosas (que también las hubo), soslayando la causa mayor, que radicó en que Wagner, sospechando que Nietzsche era homosexual, comenzó a comentarlo de forma muy miserable entre sus amistades más cercanas (llegando a decir incluso que estaba liado con Paul Ree), y hasta llegó al punto de escribirle al médico de Nietzsche, el doctor O. Eiser, insinuándole que la causa de los poblemas de salud de su paciente procedían de ahí. Cuando el autor del Zaratustra descubrió en qué tejemanejes andaba el músico con su sexualidad, montó en una cólera tan grande que hasta estuvo a punto de retarlo a duelo, como sabemos por una carta que le escribió a Overbeck. Sin embargo, a Nietzsche no le interesaba que se supieran los verdaderos motivos de su ruptura con Wagner, porque daba tanta importancia a su masculinidad que hasta se dejó crecer bigote para reforzarla, por lo que en Ecce Homo calla como una tumba en lo que se refiere a cualquier problema personal con el músico:
No sé las vivencias que otros habrán tenido con Wagner: sobre nuestro cielo no pasó jamás nube alguna. 
¿Ninguna nube? ¡Le querías retar a duelo, amigo Friedrich, una vez que puso en riesgo tu edificio macho! En Nietzsche se ve muy claro que una cosa es la persona real, a menudo frágil y dubitativa, y otra muy distinta la persona inventada, la que se imagina sólida y feroz, que es residuo de su romanticismo impenitente. Introspectivos nivel himalaya son Montaigne, Rousseau, Tsvetáyeva, Gide, Virginia Woolf, Pessoa, Sontag, Cioran o Plath, y lo son porque nos muestran una gradación emocional amplísima y no les importa bajar la guardia y mostrarnos sus fracasos, debilidades y contradicciones. El introspectivo de pata negra, cuando se pone a cavar en sí mismo, no retrocede si encuentra chatarra en lugar de oro. Nietzsche, en cambio, vivió siempre con la guardia alta, muy temeroso de descubrir la mugre de su persona, con una introspección muy limitada, al contrario de lo que pensó el señor Freud.

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DEJÓ DICHO el posadero del Alpenrose, uno de los dos pequeños hoteles en que vivió Nietzsche durante sus estancias en Sils María, que el filósofo comía hasta dos kilos de fruta al día, lo que le provocaba continuos problemas intestinales.

Empieza a quedar claro que la fruta es el alimento por antonomasia del aforista, y la diarrea su amigo más frecuente...

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VICIOSA DE la polémica, llevo toda la noche rastreando la ruptura entre Trump y Musk, que se veía venir tan de lejos como la de Aquiles y Agamenón. Muchos expertos dicen que acabarán perdonándose, pero ¿cómo se van a perdonar, si Musk acaba de publicar un tuit acusando a Trump de participar en las fiestas pedófilas del célebre Epstein? De una acusación lanzada con armamento nuclear ya no se regresa. Hasta Nietzsche tuvo que romper con su amado Wagner y hasta se planteó retarlo a duelo cuando descubrió que el músico lo acusaba de invertido. Musk es ese hombre tan macho y de tanta caspa que hace unas semanas se creyó obligado a publicar un tuit para que no se pensara mal de su relación con Trump: "Mi amor por Trump es todo lo grande que puede ser el amor de un hombre heterosexual por otro hombre heterosexual".

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MORALISTA, ERGO sin sentido del humor. Creo que Chesterton es caso único de autor que conjugó la prédica continua con la risotada. Existen otros a los que se adjudica el mismo talante (Quevedo, Voltaire, Nietzsche...) y a veces con razón, pero enseguida te encuentras con otras páginas suyas donde se les escapa el sargento o el amargado. A Thoreau no lo clasificaba entre los especialmente rigoristas, pero su editor Bradford Torrey, después de adelantarnos que Thoreau solo fue a una fiesta en toda su vida y aborreció para siempre de ella, dice esto en la introducción a sus diarios:
La vida de Thoreau podría haber sido más tranquila si hubiera sido menos exigente en su idealismo, más tolerante con la imperfección de los demás y de sí mismo; si se hubiera tomado sus estudios, e incluso sus aspiraciones espirituales, un poco menos en serio. Un poco de juego juvenil de vez en cuando, o una dosis de lectura de novelas amorosas y humanizadoras (de estilo trollopeano) podría... Uno imagina que moderar su mal humor no le habría hecho daño.

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PENSANDO EN el Alavés, club de fútbol cuyo apodo es "El Glorioso", me han venido a la cabeza los peligros de la exageración. El Alavés jamás ha ganado un título desde que se fundó, pero al lograr el ascenso a Primera División, en la temporada 1929-1930, a sus seguidores se les calentó tanto la cabeza que le pusieron ese apodo y ahí llevan, noventa y cinco años arrastrándolo sin ganar nunca nada, acumulando gloriosas derrotas y descensos igual de gloriosos.

Lo bueno de la exageración es que dota de intensidad al tedio cotidiano y lo malo es que puede volverse un boomerang. Exageramos para concitar la atención y colocarnos en el centro, pero la gente deja de escucharnos y pierde la confianza en nosotros en cuanto nos descubre en delito de hipérbole. Otro problema es que el exceso agota: de todos los grandes exagerados (Miguel Ángel, Quevedo, Rubens, Beethoven, Hugo, Nietzsche, Pizarnik, Freddie Mercury) tengo que descansar de vez en cuando, porque me abruman sus dramas y músculos y decibelios.