Mostrando entradas con la etiqueta Auden W H. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Auden W H. Mostrar todas las entradas

219

AL COMIENZO de su Diario de otoño, en anotación del 13 de enero de 1996, Salvador Pániker hace un catálogo de las distintas maneras de escribir de algunos escritores célebres:

Juan Carlos Onetti escribía con bolígrafo sobre agendas; Pablo Neruda a mano y con tinta verde; Jack Kerouac sobre un rollo de papel sin fin. Paul Auster sólo usa lápiz. Günter Grass utiliza la Olivetti-Lettera sobre soportes altos porque trabaja siempre de pie. Graham Greene se ponía a la faena de mañana, no sé si a pluma o a máquina, antes de la hora de la sensualidad y el whisky: sobre unas treinta líneas en los días fértiles. Hemingway escribía los diálogos de sus novelas a mano (con lápices recién afilados), las descripciones a máquina, de pie frente a un atril. Azorín se ponía a trabajar al alba, dicen que a máquina. Nabokov tomaba notas en tarjetas de 3 por 5 pulgadas, que luego su mujer pasaba a máquina. W. H. Auden solía meterse en faena tapando previamente las ventanas de su apartamento con lienzos negros. Husserl escribía en taquigrafía, y sus textos eran difíciles de descifrar. John Keats se ataviaba con sus mejores ropas antes de sentarse a componer un poema. Truman Capote trabajaba en posición horizontal, Virginia Woolf lo hacía de pie, Voltaire sobre la espalda desnuda de su amante.


137


LA FAMOSA frase de Valéry repetida por Auden, la de “es poeta aquel cuya imaginación es estimulada por las dificultades inherentes a su arte y no aquel cuya imaginación es entorpecida por ellas”, es una frase profundamente reaccionaria, porque desde el romanticismo y sobre todo desde las vanguardias, las dificultades inherentes a tu arte las pones tú, te las inventas tú, y por tanto ya no son inherentes sino puntuales, movedizas, sujetas a muchas variaciones. La modernidad acabó con los sistemas métricos para todos y las cajas de herramientas universales: el poeta actual es un raro leñador que se fabrica sus propias hachas y se busca sus propios árboles, no siempre con intención de talarlos.