FUERON A preguntarle a Virginia Woolf por el escritor muerto cuyo carácter más le disgustaba y respondió: «Me gustan todos los escritores muertos».
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LO QUE impresiona del primer encuentro entre Virginia Woolf y Katherine Mansfield, según relata la biografía de Irene Chikiar Bauer, es que ambas se cogen el olor: Mansfield dice que Virginia apesta y Woolf compara el olor de Katherine con el de una civeta (animal de la familia de la mangosta).
Teniendo en cuenta que Virginia Woolf pertenecía a la aristocracia y Katherine Mansfield a una familia burguesa adinerada, no me puedo creer que estas dos mujeres despidieran mal olor realmente; lo que adivino es que ambas tenían el olfato muy desarrollado.
Primer encuentro y se toman antipatía mutua (llegarían a ser amigas, o medio amigas) por el olor: esto solo puede pasar en a) planeta mujer b) planeta gay o c) cualquier planeta donde las personas no se encuentran a sí mismas y desarrollan su sensibilidad de forma asombrosa.
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LA ACTITUD con respecto a la existencia que más me gusta en el diarista es la de rechazo o inadecuación a ella, porque creo además que el diario se escribe para eso, como una secreción o respuesta a las dificultades que nos ponen los otros, dificultades entre las que se va modelando nuestro individualismo. También son Gide y Woolf los dos autores que destaco en este punto, mientras que Plath o Pizarnik, aunque también son cimas, de tan desgarradoras me causan claustrofobia lectora y me parece que incurren un poco en patología.
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EL LIRISMO que surge de las emociones que generan los momentos críticos de la existencia es sin duda la nota que más valoro en un diario, pero no la única. Si así fuera, Francisco Umbral sería el mejor diarista del mundo. ¿Por qué Umbral, que leía tanto el diario de Gide, que se parecía a veces a Gide, que entra oblicuamente al folio como Gide, no consiguió ser Gide? La diferencia es la veracidad y la humanidad: mientras Gide entra al folio valiente, dispuesto a desangrarse de mil maneras ante el lector, dejando un reguero de verdad que zarandea e impresiona, Umbral es un cínico que solo cree en la prosa de arte y que parece que escribe para hacer dedos o para coleccionar boutades. Mientras las breverías que le suceden a Gide trascienden, Umbral las convierte en chismes; mientras Gide es de una generosidad tremenda y hasta le cuenta al lector sus impulsos pedófilos, Umbral conserva zonas ciegas en su confesionalismo, por ejemplo su mujer y su no-padre (él mismo decía que Cela le había enseñado que “de la familia no se debe hablar nunca”). De vez en cuando le visitan el rencor y la envidia, que en su caso eran muy grandes, e incurre en algunas páginas de humanidad verdadera, pero son momentos aislados y logrados a pesar de sí mismo, cuando se olvida de su proyecto meramente estético. También consigue alguna cota de verdad cuando se le murió el hijo o, en los últimos años (Un ser de lejanías), cuando empezó a asustarle la llegada de la muerte.
En definitiva: la sola inteligencia (Piglia) no me basta para ser diarista; el solo lirismo (Umbral) no me es suficiente; y tampoco la mera veracidad (Kerouac) o el solo carácter singular (Léautaud): mi diarista perfecto es valiente, veraz, culto, lírico y singular (Gide y Virginia Woolf).
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ME COMPRÉ en epub la obra completa de Jules Renard por 1'99 euros, aprovechando que en Francia te puedes comprar la obra completa de sus mayores genios por precios ridículos, una vez que han transcurrido los setenta años que duran los derechos desde la muerte de un escritor. El problema es que la obra está en francés, pero como Google Play pone un traductor incorporado, espero leerme poco a poco su diario, que en francés tiene 1600 páginas, frente a las trescientas que como mucho tienen las versiones al español. Renard que pertenece al cogollo premium del diarismo de todos los tiempos, junto con Gide, Woolf, Jünger, Plath, Nin, Pessoa, Pla o Pizarnik.
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UNO DE mis trucos de supervivencia en los debates de Threads es utilizar el "de acuerdo al %", con el fin de manifestar mi discordancia sin que mis interlocutores se sientan del todo refutados. He aquí algunas de mis intervenciones con ese algodón:
• • • De acuerdo al 50%, porque yo nací en un pueblo donde aún había muchos analfabetos y te los podías encontrar de pronto en el pajar, llorando a solas, hablándole a una persona invisible (Dios, o su madre muerta, o vete a saber). Existen muchas formas de poesía además de la escrita.• • • De acuerdo al 50%. El diálogo a-toda-costa es un mito, a mí el que me abrió los ojos fue Žižek. Se puede dialogar con alguien próximo a ti o al menos no lejano, pero uno de Hamas no puede dialogar con un sionista radical porque el antagonismo es demasiado grande. Al final todos acabamos en el grupito opinativo que se parece a nosotros porque estar todo el día discutiendo acaba con la salud :)• • • De acuerdo al 90%. Un 35% de españoles reconoce que no leen ni un libro al año: me parece osado decir que todos son unos borregos. Existe una escuela que aboga por leer todo lo que se pueda, pero existe otra opuesta, la representada por ejemplo por Séneca o Flaubert, que sostiene que leer demasiado causa confusión en la mente y que solo deberíamos leer una y otra vez unos cuantos libros durante nuestra vida (Flaubert decía que bastaba con cinco o seis; Séneca ponía el límite en cien).
• • • De acuerdo al 90%, pero yo me leería por si acaso las diez primeras páginas, porque han existido grandes escritores (me salen enseguida los casos de Jane Austen, Ernest Hemingway, Roberto Arlt o Gabriel García Márquez) que cometían faltas de ortografía.• • • De acuerdo al 50%. La mayoría de los escritores y artistas de la historia han sido niños de papá con tutor de latín y piano en la sala. Celan o Pizarnik o Kafka o Virginia Woolf sufrieron mucho, pero el sufrimiento máximo para un artista es nacer en un lugar donde pasas hambre o ni siquiera te enseñan a leer ni escribir, esto es, donde ni siquiera tienes la posibilidad de ser escritor.• • • Contigo al 80%. En el otro 20% no estoy de acuerdo porque muchos cambios de opinión proceden de la cobardía o para acomodarse a los intereses más turbios.
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NO ME interesa la amistad entre escritores, que es un mero sub-amor; pero me interesa mucho cuando la relación llega a ser una relación sexual sin sexo, la que se origina del rozamiento que un cerebro recibe de otro y de los celos que se generan de ese roce. En la historia de la literatura universal existen muchas relaciones sexuales sin sexo: me vienen a la cabeza la de Shelley con Keats, la de Scott Fitzgerald con Hemingway, la de Neruda con Vallejo o la de Gide con Proust, pero mi favorita es la de Virginia Woolf con Katherine Mansfield. Fijaos en cómo escribe Woolf sobre ella, años después de que Mansfield haya muerto:
Me viene a la cabeza el recuerdo de Katherine Mansfield –rodeado, como de costumbre, de unos pensamientos que deberían avergonzarme– si hubiera vivido, me digo, habría seguido escribiendo, y la gente habría visto que soy yo quien tiene más talento. Así es como pienso en ella, de forma intermitente, –ese extraño fantasma, con los ojos separados, y la boca tensa, arrastrándose por la habitación. Katherine y yo teníamos nuestra relación; y nunca volveré a tener una relación como esa.
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EN SU diario, Virginia Woolf pone en boca de George Moore esta frase: "No se pueden escribir historias sobre gente rica, porque los ricos no tienen instintos".
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ANOTA VIRGINIA Woolf en su diario, a la muerte en 1923 por tuberculosis de su amiga/enemiga Katherine Mansfield:
Ya no tiene sentido escribir. Katherine no lo leerá. Katherine ya no es mi rival.
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¿CUÁLES SON los atributos del genio para quienes creen que existen? Isaiah Berlin habla así de dos de ellos:
ISAIAH BERLIN: Pasternak hablaba maravillosamente, a veces era un poco desequilibrado, pero siempre un genio puro. No había experiencia más fascinante que escucharlo hablar; para mí, solo Virginia Woolf hablaba un poco de esa manera. Ella, también, claro, estaba un poquito loca.RAMIN JAHANBEGLOO: ¿De qué modo?ISAIAH BERLIN: Imágenes, símiles, descripciones, un lenguaje inolvidable, prodigioso y creativo, de inverosímil vitalidad. Tanto con Pasternak como con la señora Woolf uno sentía que los pensamientos empezaban a disparárseles en la cabeza.
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LO QUE cada vez me molesta más de Hugo, Nietzsche, Neruda, Bukowski, Houellebecq: que no hayan dado muestras de disolución del yo, que hayan conservado la ficción de una identidad dura, al contrario que Pizarnik, Plath, Woolf o Tsvetaeva, que muestran una identidad borrosa o a-punto-de-romperse. Ya es curioso que todas sean mujeres y suicidas. ¿Será que los hombres se ven obligados al militarismo de la identidad compacta? ¿Será que las mujeres sufren en el casi-yo, consecuencia del papel subalterno que se les ha otorgado desde la cuna, como se refleja tan bien en los diarios de Plath?
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CUANDO UN autor critica a una autora, pasan cosas rarísimas: parece que se sustituye la crítica literaria por ataques personales con un cantazo machista que apesta. Veamos algunos ejemplos, los subrayados son míos:
Léautaud sobre Colette"Colette me dio siempre la impresión de ser extremadamente sensual, un poco perra, incluso, una mujer que lleva exageradamente en la piel..., lleva el amor físico en el rostro. Extremadamente grosera, incluso vulgar..."Baroja sobre Pardo Bazán"La Pardo Bazán no me interesó nunca ni como mujer ni como escritora. Como mujer, era de una obesidad desagradable, y como escritora, todo eso del casticismo y del lenguaje no he tenido muchas condiciones para sentirlo".Zdhánov sobre Ajmátova"Los temas de la obra de Anna Ajmátova son penosamente limitados. Su obra se basa en los consabidos y quejumbrosos motivos eróticos, la melancolía, la muerte, el misticismo y el aislamiento, siendo ella mitad monja, mitad puta, o más bien ambas cosas a la vez, con su mezquina y estrecha vida privada, sus experiencias triviales y su erotismo místico-religioso. En fin que la poesía de Ajmátova es completamente ajena a la realidad de nuestro pueblo".Steiner sobre Weil"¿Simone Weil? El general De Gaulle dijo: «¡Está loca!». Es un juicio difícil de refutar. Hay cosas magníficas…, cosas espléndidas en su obra, pero muy pocas".Nietzsche sobre Sand"Lo peor de Sand, ciertamente, continúa siendo la coquetería femenina expresada con unos modales masculinos, con unos modales de jóvenes ineducados. - ¡Qué fría tiene que haber sido, con todo, esta artista insoportable! Se daba cuerda como un reloj - y escribía... ¡Fría como Hugo, como Balzac, como todos los románticos, en cuanto se ponían a hacer poesía! ¡Y qué complacida de sí misma habrá estado tumbada al hacerlo, esa fecunda vaca de escribir, que tenía en sí algo alemán en el mal sentido de la palabra, lo mismo que también Rousseau, su maestro, y que, en todo caso, solo fue posible al decaer el gusto francés!".Tom Wolfe sobre Sontag"¿La raza blanca es el cáncer de la historia de la humanidad? ¿Quién era la mujer que había dicho eso? En realidad, solo se trataba de otra escritorzuela que se pasaba la vida acudiendo a actos de protesta y subiendo con torpeza al estrado, pertrechada con su estilo prosístico, una mujer que tenía un adhesivo de aparcamiento preferente en Partisan Review".Hemingway sobre Stein"¿Sabes lo más divertido de todo? Gertrude Stein no supo nunca escribir diálogos. Era terrible. Aprendió de mí a hacerlo y lo utilizó en ese libro. Nunca hasta entonces había escrito de esa manera. Nunca pudo perdonarme que se lo enseñara y tenía miedo de que la gente se diera cuenta y comprendiera dónde lo había aprendido, por eso tuvo que atacarme. De verdad que es una graciosa situación. Estoy dispuesto a jurar ante todo el mundo que era condenadamente bonita antes de convertirse en una mujer ambiciosa. Te hubiera gustado mucho entonces, de verdad".Burgess sobre Woolf"Dejémonos de tonterías feministas sobre la grandeza de Virginia Woolf. Tenía un conocimiento limitado de la vida y ningún deseo de ampliar ese conocimiento. Menospreciaba los bares, los urinarios, los cuarteles y el contacto y el sudor del sexo. Rechazaba la verdadera materia del novelista, que se encuentra en las calles del Londres de Dickens y del París de Balzac".
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EL PROBLEMA a menudo es el propio cerebro, que es un impaciente que pierde el seso por el dinamismo, la solución o las generalizaciones. Decimos, por ejemplo: la edad es la actitud, uno es joven aunque tenga 80 años o viejo aunque tenga 15. Estas paradojas gustan al aforista, le hacen creer que es inteligente, pero la realidad suele ser más matizada y aburrida. Sucede que una persona, cuando va perdiendo o cree que su vida se ha detenido, siente que se ha hecho vieja; pero tres días después planea un viaje a Kenia y se siente de nuevo joven, casi quinceañera: la misma persona se siente a veces viejísima y a veces adolescente. La literatura funciona igual: los que venden libros escriben historias de buenos y malos, de pensamientos claros y no contradictorios, de historias con planteamiento, nudo y desenlace, pero la gran literatura (Proust, Virginia Woolf, Richard Ford) nos revela que dentro de la misma persona, según el minuto y la situación, se dan todos los matices, uno no tiene que ir a buscar a Stalin o Gandhi en una biografía porque todos llevamos a Stalin y a Gandhi dentro, cada uno con pesos diferentes. La gran literatura no concluye ni soluciona nada, deja todos los problemas abiertos, pero si llenamos nuestras obras de “sin embargos”, “aunques”, “quizás”, “por otra parte”, “en otro sentido”, “casi”, “a veces” “a menudo”, “ahora bien”, para reflejar la complejidad de la existencia, las obras pierden intensidad y el lector nos manda a hacer gárgaras. Pienso en Proust, por ejemplo: siendo este autor francés, en mi opinión, el mejor prosista de todos los tiempos, ¿cómo es que nunca me he leído más de treinta páginas seguidas de él? Pues con Proust llevo quince años que lo picoteo por aquí y por allá, abro sus mamotretos por cualquier parte y me limito a leer unas páginas. Esto me sucede, creo, porque mi cerebro, aunque es el cerebro de un lector consumado, le pide más dinamismo a Proust, como se lo pido a Virginia Woolf o a Richard Ford: la gran literatura está escrita contra la manía clasificadora/generalizadora de nuestras mentes, contra la animalidad de nuestro cerebro, contra el deseo de-que-pasen-cosas, es una invitación a que nos abramos a todas las confusiones y despaciosidades de nuestra existencia.
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EN LA mafia España no existe historia ni literatura: existe solo nacional-historia y nacional-literatura, la primera controlada por la derecha y la segunda por la izquierda. A su vez, la mafia Euskadi y la mafia Catalunya operan del mismo modo, pero como sus naciones oficiosas son más pequeñas, el cutrerío de sus historias y sus escritores inmarcesibles alcanza alturas todavía más sonrojantes.
¿En qué ranking internacional figuraba Almudena Grandes? ¡A ver si resulta que era una novelista imprescindible, y yo sin enterarme! Si la ciudad de Madrid tiene que hacer un reconocimiento a una escritora, debe de hacérselo a Safo, a Virginia Woolf, a Marguerite Yourcenar, a Emily Brönte o a Murasaki Shikibu. Si Madrid quiere ser una ciudad orientada al mundo, de las que piensan que la literatura no sirve para formar bandos sino para deshacerlos, no para fortalecer una monoidentidad sino para ofrecer excelencia en todas las direcciones, debe homenajear a las escritoras más grandes, nazcan donde hayan nacido, y no a escritoras menos buenas, por mucho que hayan nacido justo al lado del oso y el madroño.
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CONTINÚO RECOPILANDO las posturas o situaciones favoritas en las que les llegaban las ideas a los escritores o filósofos célebres: Nietzsche sostenía que las ideas le venían caminando; Sankara decía que caminando se le disipaban; Flaubert aconsejaba pensar sentado; Cioran en cambio proponía pensar tumbado en la cama; Gide era de la opinión de que las ideas llegan en cualquier momento o postura, por lo que se debe llevar un cuaderno de notas todo el día para que no se escape nada; Virginia Woolf pensaba de pie; Truman Capote en posición horizontal; los antiguos griegos por su parte recomendaban pensar con el cuerpo recostado; mientras que Descartes y Heidegger coincidían en la misma manera: sostenían que después de dormir toda la noche, ya despiertos, lo ideal era demorar la salida de la cama, momento en el que les venían las mejores ideas.
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ACABO DE concluir Introducción a la literatura inglesa, de Borges, sorprendida de que solo aparezcan dos mujeres: Virginia Woolf y Vita Sackville-West. No aparecen ni siquiera citadas figuras del tamaño de Jane Austen, las hermanas Brönte, George Eliot, Mary Shelley o Christina Rossetti, que figuran en cualquier antología no ya de literatura inglesa sino de literatura universal. Las ausencias aún son más estupefacientes si tenemos en cuenta que el libro está escrito en colaboración con la escritora María Esther Vázquez, a la que tampoco le debía parecer escandalosa la omisión de estos nombres.
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COMPRENDO A Flaubert cuando dice que la inspiración es enemiga jurada del escritor, al punto de que dejaba de escribir cuando se notaba inspirado. Lo comprendo en su caso. Lo que llamamos inspiración no es más que una corriente de calor que da a nuestros textos fuerza, intensidad y lirismo, una corriente muy beneficiosa para escritores de la cuerda de Esquilo, Shakespeare o Emily Brontë, pero que puede ser perjudicial para escritores como Flaubert, Proust o Virginia Woolf, más atentos al detalle y a la exactitud. Lo propio de la inspiración es que el texto tire de nosotros y rompa o supere nuestros planes primeros para llevarnos a una parte mejor e insospechada; el escritor gongomallarmeano, en cambio, aborrece la idea de entregar el timón a nadie o navegar bajo vientos que no pueda controlar.
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SE DICE en una noticia de Eldiario.es que toda la balconada política, a izquierda y derecha, compite por recitar versos o frases de Antonio Machado, un excelente poeta convertido desde su muerte en referencia cívica de España. El problema es que Machado como figura cívica flojea mucho. Que lo reivindique VOX no es tan raro, como en los años 40 lo reivindicaban los falangistas de la revista Escorial, porque la misoginia y el patriotismo esencialista de este partido de ultraderecha son un calco de los del poeta sevillano.
Para empezar, Machado era castellanista, consideraba que “sentir a Castilla es la manera más directa y mejor de sentir a España”. En su estupendo Campos de Castilla, notamos que Machado nunca mira a los castellanos de forma directa (como sí lo hace, por ejemplo, Delibes), sino con las gafas previas de la historia, la idiosincrasia y "el problema de España". Estamos hablando de un escritor que se opuso al estatuto catalán y a los sentimientos regionales intensos. Escribe en Juan de Mairena:
De aquellos que se dicen gallegos, catalanes, vascos, extremeños, castellanos etc., antes que españoles, desconfiad siempre. Suelen ser españoles incompletos, insuficientes, de quienes nada grande puede esperarse.
Llega la Primera Guerra Mundial, allí donde Romain Rolland, Herman Hesse, André Gide, Bernard Shaw o Bertrand Russell se oponen a la guerra y se ponen en riesgo por su pacifismo, y nuestro Antonio Machado, en cambio, firma un manifiesto en favor de los aliados. Si bien durante esa guerra algo cruje dentro del sevillano y hasta escribe una carta a Unamuno calificando al patriotismo como "sentimiento vil", pronto vuelve a las andadas y, ya en la Guerra Civil, para espolear al bando republicano, se pone a reivindicar al Cid y a los héroes de 1808 y descalifica a los franquistas, ojo, por haber vendido España a los extranjeros italianos y alemanes:
España ha sido vendida al extranjero por hombres que no pueden llamarse españoles: quien vende a su patria se desnaturaliza y ha de sobreentenderse que renuncia a su patria para buscar cobijo en la patria del comprador.
Machado es ese poeta al que los izquierdistas patrios deben cientos de masturbaciones por su poema “El mañana efímero”, el que comienza con La España de charanga y pandereta. Ese poema, sin embargo, como ya denunció en su día Rafael Sánchez Ferlosio, es un poema que termina así, el subrayado es mío:
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.
Este es el poeta que decía en su Autobiografía que sus versos “brotan de manantial sereno”, jajaja. ¡Pues menos mal! Más tarde escribe un poema demencial dedicado al general Líster, el de “Si mi pluma valiera tu pistola /de capitán, contento moriría”, que constituye una deshonra para la literatura, un caso más de autor que falla en favor de las armas y contra las letras. A los judíos tampoco les tenía mucha estima y se refiere a ellos con sus connotaciones negativas más típicas:
Carlos Marx, señores —ya lo decía mi maestro—, fue un judío alemán que interpretó a Hegel de una manera judaica, con su dialéctica materialista y su visión usuraria del futuro.
Vamos con las mujeres. ¿Qué pensaba Antonio Machado de las mujeres? En carta enviada a Juan Ramón Jiménez en 1913, dice:
Creo que la mentalidad española es femenina y no es posible cambiar el sexo espiritual de la raza. Cuando las señoras de la doctrina dicen que aquí todos somos católicos, lo que, en el fondo, quieren decir es que aquí todos somos señoras. Y tienen razón. Virilidad espiritual, amor de lo verdadero, deseo de penetrar en lo esencial, desdeño de lo aparatoso, huero y amerengado, valor para esgrimir el arma que corta por el mango, –la verdad– todo esto no es lo nuestro. Se guerrea contra las ideas, no por ellas ni a causa de ellas. Nuestra religión es el tabou de nuestros indígenas. Se pelearán izquierdas y derechas, las cabezas que no se atreven a pensar, acabarán por embestirse. La cuestión central y de conciencia no se planteará nunca. Todo es femenino. España es hembra. El argumento de los pantalones carece de valor en un país donde todo negocio de alguna trascendencia lo rematan las mujeres a escobazos. Ésta es la realidad española.
Y en su Juan de Mairena remata:
Conviene que la mujer permanezca abacia, carente de voz y voto en la vida pública, no sólo porque la política sea, como algunos pensamos, actividad esencialmente varonil, sino porque la influencia política de la mujer convertiría muy en breve el gobierno de los viejos en gobierno de las viejas, y el gobierno de las viejas es gobierno de las brujas.
Este era don Antonio Machado. Un patriota racial, un antisemita y un misógino. Fue un hombre de su tiempo, sin duda, con las ventajas y lastres de su tiempo, pero aflige comprobar lo poco que consiguió situarse por encima de su época en comparación con otros contemporáneos suyos como Bertrand Russell, Romain Rolland, Emma Goldman, André Gide o Virginia Woolf. Fue y sigue siendo un gran poeta, eso no lo pongo en duda, pero a mí, en las fechas en que vivimos, como figura cívica no me sirve.
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VIENDO LO rápido que se perdió la obra de Heráclito (para la época de Alejandro Magno ya estaba perdida), lo que le costó a la obra de Eurípides imponerse en Atenas, los tres siglos que necesitó la parte “oscura” de Góngora para ser celebrada o el desprecio de Samuel Johnson por Tristram Shandy, al que pronostica un rápido olvido porque “nada extravagante permanecerá”, uno piensa que lo mejor que trajo la llegada primero del romanticismo y después de las vanguardias es que, por primera vez en la historia de la literatura, lo oscuro, lo raro, lo deforme, lo enfermo o lo chocante pasan a la centralidad literaria y ya no tienen que pedir perdón.
La mayoría de obras maestras que no han llegado a nosotros eran raras, estoy seguro. Cuántos Artauds, cuántas VirginiaWoolfs, cuántas Tsvetayevas, cuántos Rimbauds, cuántos Blakes se habrán perdido.
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HAY ALGO de locura en los que publicamos nuestros engendros, en aquellos que incurrimos en “la osadía de lo público”, que decía Hannah Arendt. Si una piensa en su nulidad o en los 38 millones de libros que tiene la Biblioteca del Congreso en Washington, acaba dándole la razón a Lao-Tse y deja de escribir. Pero el propio Lao-Tse se contradijo al publicar una obra de ochocientas páginas (no nos ha llegado todo). Hay algo de cómico en cualquier escritor, quizá sea la persona cómica por excelencia, sobre todo los escritores confesionales, aquellos que deben (debemos) pensar que nuestro día a día interesa a alguien. Pienso también que los críticos han tratado con demasiada solemnidad a la literatura y no han hablado nunca de las dos escuelas fundamentales:
—El semeocurrismo.
—El ridiculismo.
¿Por qué Montaigne necesita decirme que tiene el pene pequeño? ¿Por qué Virginia Woolf necesita decirme que tiene envidia de Katherine Mansfield? ¿Por qué Ligne me cuenta que Voltaire se echó un pedo? ¿Por qué Bukowski me cuenta que tiene 52 años y nunca se ha comido un coño? ¿Por qué Hemingway nos cuenta su visita al Louvre para comparar el pene de Scott Fitzgerald con el de las estatuas?
Pienso a menudo que algunos egoescritores son como esas personas desconocidas que te cuentan su vida en una sola noche, delante de una cerveza, solo con la intención de que te acerques y seas su amigo. Qué es un escritor confesional sino una persona que no consigue ocultar su gran carencia de amor.
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