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EL ENEMIGO primordial de un sectario no es el sectario del otro bando, sino el no-alineado. Sartre a Camus, después de que este dejara claro que también condenaba el régimen soviético: «Solo encuentro una solución para usted: las Islas Galápagos». Benedetti sobre Borges, en los tiempos pre-Videla y pre-Pinochet en que a Borges todavía se le consideraba un "escapista": «Mientras América Latina busca una voz propia y se desangra en luchas, nuestro escritor más internacional decide consagrar el resto de sus días a aprender el noruego antiguo».

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LA AFICIÓN por el bebercio de Juan Carlos Onetti fue legendaria: dice Mario Benedetti que Onetti se bebió quince jarras de cerveza consecutivas el día en que lo conoció. No es sorprendente por tanto que en las entrevistas no se acuerde bien de lo sucedido o lo altere significativamente. En la célebre polémica entre Cortázar y Arguedas de 1968, por ejemplo, el escritor argentino respondió así a Rita Guibert, el subrayado es mío:
A manera de consuelo, don José María, usted agrega: "Todos somos provincianos, provincianos de las naciones y provincianos de lo supranacional." De acuerdo; pero menuda diferencia entre ser un provinciano como Lezama Lima, que precisamente sabe más de Ulises que la misma Penélope, y los provincianos de obediencia folklórica para quienes las músicas de este mundo empiezan y terminan en las cinco notas de una quena.
Podrá ser su referencia a la quena más o menos afortunada, pero Cortázar no dijo nada más que eso. Sin embargo, en 1993, con Cortázar ya muerto, Onetti dio una entrevista donde declara esto a Juan Cruz, el subrayado también es mío:
Mira, te voy a decir, Cortázar siempre se mostró como un hombre muy humilde, muy desinteresado, pero nada. Era de una vanidad tremenda y tuvo una polémica con mi amigo peruano, Arguedas, el de Los ríos subterráneos. Como Arguedas, en una declaración, elogiaba el talento de Cortázar pero lamentaba que no se preocupara por la gente pobre, los humildes, sobre todo los indígenas, de Latinoamérica, Cortázar le contestó de una manera muy desagradable para mí, diciéndole: Vd. está tocando una quena en el Perú y yo dirijo una orquesta sinfónica en París. Es una grosería, sobre todo conociendo a este peruano, que era uno de los hombres más dulces que he conocido
La polémica no tuvo nada que ver con que Arguedas le reprochara a Cortázar que no se preocupara por los pobres, sino que fue un debate entre un latinoamericanismo visto desde una perspectiva cosmopolita, la de Cortázar, contra otro visto desde una perspectiva local e indígena, la de Arguedas.

Hay mucha diferencia entre lo que realmente dijo Cortázar y lo que pone en su boca Onetti. Concretamente quince jarras de cerveza :)

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SOSTIENE MARIO Mario Benedetti que la poesía de Neruda está entroncada en lo literario y la de Vallejo en lo humano. No estoy muy de acuerdo: si comparas a Neruda con Vallejo o Vilariño, desde luego que Vallejo o Vilariño son más humanos; pero si comparas a Neruda con Rubén Darío, Gabriela Mistral, Huidobro, Lorca, Jorge Guillén o Aleixandre, la humanidad nerudiana destaca por encima de la de los nombrados. También habría que ir poemario a poemario, porque no es lo mismo los 20 poemas, donde Neruda se muestra muy literario, que España en el corazón, donde es un huracán,  que las Odas, donde celebra seres, materiales y cosas. Por otra parte, lo humano es solo la gradación que sigue a lo pre-humano, a lo animal: Neruda es un poeta más animal que Vallejo y, cuando se pone, el poeta más animal del idioma. Lo que sí comparto con Benedetti es que la influencia de Neruda es castradora y la de Vallejo admite más salidas. Escribe el autor de La tregua en su artículo Vallejo y Neruda: dos modos de influir, publicado en 1972:
En tanto que Neruda ha sido una influencia más bien paralizante, casi diría frustránea, como si la riqueza de su torrente verbal solo permitiera una imitación sin escapatoria, Vallejo, en cambio, se ha constituido en motor y estímulo de los nombres más auténticamente creadores de la actual poesía hispanoamericana. No en balde la obra de Nicanor Parra, Sebastián Salazar Bondy, Gonzalo Rojas, Ernesto Cardenal, Roberto Fernández Retamar y Juan Gelman, revelan, ya sea por vía directa, ya por influencia interpósita, la marca vallejiana; no en balde, cada uno de ellos tiene, pese a ese entronque común, una voz propia e inconfundible. (A esa nómina habría que agregar otros nombres como Idea Vilariño, Pablo Armando Fernández, Enrique Lihn, Claribel Alegría, Humberto Megget o Joaquín Pasos, que, aunque situados a mayor distancia de Vallejo que los antes mencionados, de todos modos están en sus respectivas actitudes frente al hecho poético más cerca del autor de Poemas humanos que del de Residencia en la tierra).

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TRAS LEER el desafortunado artículo de Mario Benedetti (es un gran ensayista, ojo, pero ese artículo Neruda/Vallejo no es de lo mejor entre lo suyo), me he dado cuenta del error que supone comparar a dos personas, sean del gremio que sean, y extraer de esa comparación rasgos generales de cada comparado, porque si nos comparamos con Hitler, todos vamos a parecer bondadosos; pero si nos comparamos con Gandhi, todos pareceremos malvados. Por lo que dice Benedetti, parece que Vallejo es un poeta de poco poder verbal, pero la realidad es que el poder verbal de Vallejo, aunque inferior al de Neruda, es también muy grande. No se puede comparar a dos poetas sin considerar a la poetambre en su totalidad, porque de lo contrario se cae en estos errores de juicio tan gruesos.


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…lo mejor del artículo de Benedetti es que sobre el final reivindica Plenos poderes, poemario de Neruda de 1962 que le parece el más humano de todos, aquel donde “su vida personal se liga a su expresión poética”. Como hacía siglos que no me leía esa obra, me he puesto a leerla hoy… y de nuevo he vuelto a sentir el poder, la imantación nerudiana, la caída de baba que me viene cada vez que leo los poemarios buenos (tiene muchos malos) de este extraterrestre. Qué poeta, por favor, si es que no existe estupidez más grande que ponerse a escribir poemas después de semejante monstruo. Hasta estoy por decir que es el mejor poemario que me he leído en los últimos cinco años. No me acordaba ya de él porque solo me lo leí una vez, en 2005, cuando me ventilé la obra completa de este maestro en la colección de RBA, y desde entonces siempre vuelvo a mis Nerudas favoritos: su Residencia, sus Odas o sus 100 sonetos

Dijo Quique Setién una vez que Messi es una de las razones que existen para vivir. Algo así me sucede a mí con Neruda. Nunca estaré del todo solo mientras conozca el idioma en que escribió este animal.

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HE IDO al súper y me he comprado una botella de vinagre marca “Borges”. En serio. Me parece un caso de justicia poética: ¡el escritor más criticón del idioma, aquel que ha destruido verbalmente a más colegas, convertido en una marca de vinagre! Esto me hace recordar aquella broma malvada que circulaba en el Río de la Plata, contada por Benedetti, según la cual Borges era la prueba de la no existencia de Dios, porque si Dios existiera lo habría hecho mudo y no ciego.