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SOBRE LOS extremos a que pueden llegar los poetas en sus peleas entre ellos, pocos ejemplos mejores que el de esta carta enviada a Jorge Guillén el 22 de febrero de 1950, donde, hablando sobre Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas escribe:
No soy persona de odios constantes, Jorge, pero hay dos seres y te dará risa que los acople, a quienes quiero peor cada día: Franco y ese otro. Porque se les ve, más y más cada día, el plumero y la bilis.
El mismo malquerer a Juan Ramón Jiménez, incapaz de matar una mosca y tan aprensivo con la muerte que no iba a la casa de Pérez de Ayala porque tenía jamones y chorizos adornándola, que al genocida Francisco Franco, responsable de decenas de miles de muertos en la Guerra Civil.


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Y CONSTE que de la Generación del 27 me he leído, de los ocho llamados grandes (Lorca, Alberti, Cernuda, Salinas, Guillén, Gerardo Diego, Aleixandre, Dámaso Alonso), la obra poética enterita. Enterita. Y hoy me arrepiento, porque siendo poetas notables existen otros mucho mejores, y lo que más les reprocho es que, salvo excepciones (Poeta en Nueva YorkHijos de la ira, algunos poemas sueltos de Cernuda...), sales de sus libros igual que has entrado, son autores que parece que escribieran adrede poemas que no arden y libros que no muerden. ¡Cuántas veces me he preguntado, si no los impusieran en las escuelas como genios insuperados, qué sería de este grupo de poetas intocables!


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EL PLATONISMO es la marca propia de algunos de los mejores poetas amororos de siempre. La Lisi de Quevedo no es una mujer real; todas las obras maestras de Quevedo en el sembrío amoroso están dedicadas a una mujer que es mero fruto idealizado de su imaginación. Tampoco Neruda escribió sus Veinte poemas a una mujer en concreto, sino a una pluralidad de mujeres de su adolescencia, a las que integró en una sola. Escribir sobre un amante real, sin embargo, tampoco acaba a veces con lo platónico: Katherine Whitmore se queja a Pedro Salinas en una carta de que no se reconoce en los poemas a ella dedicados, y lo mismo dice Juan Carlos Onetti de los poemas de amor que Idea Vilariño escribió sobre él. Y Dante… ¿qué pinta Dante, después de casarse con Gema y tener seis hijos con ella, escribiendo obsesivamente sobre Beatriz, una mujer muerta veinte años antes con la que no tuvo más que un breve y casto beso?