CÓMO FUE de esmerada la educación de Montaigne, que su idioma materno fue el latín, y de niño nunca tuvo a la vista los best-sellers de la época. Escribe en sus Ensayos:
Mi primer gusto por los libros me vino del placer de las fábulas de la Metamorfosis de Ovidio. En efecto, cuando tenía unos siete u ocho años rehuía cualquier otro placer para leerlas, porque ésa era mi lengua materna, y era el libro más fácil que conocía y el más conforme a la flaqueza de mi edad a causa de la materia. Porque de los Lancelotes del Lago, de los Amadises, de los Huones de Burdeos y todo ese fárrago de libros con el que se entretienen los niños, ni siquiera conocía el nombre, ni conozco todavía el cuerpo, tan estricta era mi disciplina.