EL MÁS biblioloco de los escritores, Jorge Luis Borges, vivía sin embargo en una casa donde los libros solo ocupaban unos pocos rincones discretos. Cuando un jovencísimo Vargas Llosa visitó en los años cincuenta al maestro bonaerense, al ver el lugar tan sencillo en el que residía, le preguntó por qué no vivía en un sitio más grande y más lujoso. A Borges le ofendió la pregunta. "A lo mejor en Lima hacen las cosas así —le contestó—, pero aquí, en Buenos Aires, somos menos devotos de la ostentación”.