ESCRIBE ORTEGA y Gasset en El intelectual y el otro, artículo publicado en 1940:
De aquí la situación tragicómica del pobre Paul Valéry, último mandarín de las letras francesas, ni que decir tiene, auténtico Intelectual, pero corto de resuello, nada popular, manierista, con un exiguo caudal de cosas que decir y, como toda mente pobre, obligado para ser a retorcerse. De este hombre, que hubiera sido un excelente colaborador de una revista más o menos regional, se hizo, por fulminación, el Poeta de Francia. Y desde entonces ha tenido que vivir el egregio bonhomme galopando jadeante tras de su propia justificación.
Llamar a Valéry "mente pobre", decir que "hubiera sido un excelente colaborador de una revista regional", qué osadías. Pero disculpo en parte a Ortega porque no conoció los Cahiers de Valéry, que se publicaron de forma póstuma, y que demuestran que el poeta francés era un todólogo y filósofo de primera ("el filósofo francés más grande del siglo", llegó a decir Octavio Paz) y su mente no pobre sino una de las más ricas de la modernidad.